Adiós a las armas.

Es el título de la dramática película estrenada en 1957, basada en una de las novelas del famoso escritor norteamericano Ernest Hemingway. Para efectos del presente artículo los mexicanos quisiéramos que el mencionado título pudiera aplicarse a un programa nacional de desarme civil, dadas las circunstancias por las que atravesamos desde hace algunas décadas y que se acentuaron en lo que va del presente siglo, y cuya principal expresión ha sido el brutal incremento anual en el número de homicidios causados por armas de fuego. Los datos del año 2013, en el que se observa una ligera reducción en la tendencia, confirman lo señalado, pues de 22,732 homicidios registrados, 14,122 (62%) fueron producidos por algún tipo de arma de fuego; de ellos 12,958 defunciones ocurrieron en hombres y 1,121 en mujeres <en 43 casos son no especificados>. Boletín de Prensa del INEGI. Núm. 301/14 del pasado 23 de julio.

Un vistazo a la panorámica mundial ofrecida en el año 2011 por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, ONUDC, <” Estudio global sobre homicidios”>, nos indica que en el mundo se produjeron casi 470 mil homicidios en el 2010. Las mayores tasas ocurrieron en África y en América, en ese orden. Muy lejos de ellos se encuentran Asia, Europa y Oceanía. Los países latinoamericanos con las más elevadas tasas de homicidio son Honduras, El Salvador, Guatemala, Venezuela, Colombia, Brasil y México. Centroamérica se ha constituido en la segunda zona del mundo en materia de homicidios. La muerte por arma de fuego es la causa del 60% de todos ellos y el riesgo de morir por un homicidio es significativamente más alta en los varones que en las mujeres, y entre los hombres son los jóvenes de 20 a 29 años que viven en las zonas urbanas y suburbanas los que tienen más alta probabilidad de fallecer de manera violenta.

Según la ONUDC (año 2011), “el crimen organizado tiene un desproporcionado papel en el impulso de la tasa de homicidios y llega a representar una cuarta parte del total de las muertes por armas de fuego”, ello quiere decir que entre la población civil ha proliferado la tenencia, generalmente ilegal, de armas de fuego, sin dejar de reconocer el aumento del pandillaje y de la delincuencia común. Para Camilo Duplat, representante del Centro Regional para la Paz, el Desarme y el Desarrollo de América Latina y el Caribe, existen alrededor de 875 millones de armas entre los más de 7 mil millones de habitantes en el mundo; es decir, que se dispone de un arma por cada ocho personas; por lo tanto, el 12% de la población del planeta posee un arma. Tan solo en América Latina y el Caribe existen alrededor de 80 millones de armas, la mayoría entre la población civil; ello explica el nivel de violencia en el continente. Los Estados Unidos de Norteamérica no escapan a tal situación, es más, su tasa promedio de mortalidad por arma de fuego supera el promedio mundial.

Por lo que concierne a nuestro país, las estimaciones del número de armas existentes varían entre 6 y 16 millones, aunque el dato oficial de la Secretaría de la Defensa Nacional refiere que existen cerca de 1.2 millones de armas en posesión de ciudadanos con registro de posesión y/o portación de por lo menos de un arma. El problema principal es la incesante producción de estas en el mundo. El 77% se fabrica en 20 naciones, pero … “El comercio ilegal de armas ligeras es una amenaza para la paz, el desarrollo y le seguridad” (Monseñor Celestino Migliore, 2006, Conferencia de las Naciones Unidas sobre Armas Ligeras). En esto último pareciera que el gobierno de nuestro vecino está atado de manos ante el poderío de la industria de las armas, negocio que representa más de 30 mil millones de dólares al año para más de 100 mil distribuidores y vendedores al menudeo; más de 5 mil a lo largo de la frontera con México. El ingreso rampante a nuestro país sucede por la corrupción, complicidad y negligencia de infinidad de autoridades. El decomiso de armas y su supuesta destrucción no es ninguna garantía de éxito. ¿Hay que ponernos a orar para que suceda un hecho milagroso que acabe con semejante pesadilla? El impulso a los más caros valores es lo mínimo que podemos hacer.

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