El Zika, otra enfermedad de transmisión sexual.

Los médicos estuvimos acostumbrados durante años a la lista de enfermedades de transmisión sexual, según la Clasificación Internacional respectiva y cuya fuente de información en nuestro país es el Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica, SINAVE, de la Dirección General de Epidemiología, la que a su vez es una dependencia de la Secretaría de Salud Federal. De pronto, como sucede casi año con año, según la Organización Mundial de la Salud, un nuevo padecimiento hizo su aparición en escena, el Zika, tan traído y llevado en forma reciente, fundamentalmente por la posibilidad de que su transmisión en mujeres embarazadas sea la causa del nacimiento de niños con microcefalia y también de que se complique con la aparición de la sintomatología del Síndrome de Guillaín Barré. Ya mencioné en mi artículo anterior que el vector que transmite el Zika es el mosquito Aedes aegypti, nada más que ya se ha establecido la probabilidad real de que también se transmita de humano a humano mediante las relaciones sexuales, lo cual resulta ser una nueva amenaza para la humanidad.

En los últimos tiempos la infección por el Virus de la Inmunodeficiencia Humana, el VIH, ha venido ocupando un primerísimo lugar en relación al resto de las infecciones de transmisión sexual, pero debo aclarar que ese lugar lo ha sido en cuanto a su difusión en todos los medios de comunicación masiva, como un importante problema de salud pública, dadas sus características epidemiológicas. Sin embargo, de ninguna manera se han soslayado las otras enfermedades de transmisión sexual, las que todavía muy avanzado el siglo XX se llegaron a conocer como enfermedades venéreas, tales como la sífilis y la gonorrea. A estas hay que sumar las hepatitis virales “B” y “C”, el linfogranuloma venéreo por clamidias, el chancro blando, la tricomoniasis, el herpes y las candidiasis, urogenitales, estas tres últimas, así como la infección por el virus del papiloma humano. Si a las anteriores le agregamos los casos de infección asintomática por el VIH y otras vulvovaginitis, resulta que el volumen de todas ellas en nuestro país, sumó en el año 2015 la cantidad de 807 mil 400 personas infectadas, entre hombres y mujeres. En comparación, el Estado de Oaxaca sumó la cantidad de 34,116 casos de todas las enfermedades de transmisión sexual, lo que representó apenas el 4.2% del total nacional. Ambas cifras, no son, ni con mucho, cantidades reales, por el importante subregistro; diríase que apenas es la “punta del iceberg”, pero de alguna manera nos da una idea del panorama epidemiológico de estos padecimientos en México y en Oaxaca.

Por otra parte, la sintomatología de cada una de estas enfermedades las ha llevado a una determinada clasificación, de tal manera que las hay excretoras como la gonorrea, la candidiasis, la tricomoniasis y la clamidiasis, las que se caracterizan, entre otros signos, por un escurrimiento de líquido que es producto del proceso inflamatorio propio de la infección. También las hay de tipo ulcerativo como en los casos de sífilis, herpes, en la infección por el virus del papiloma humano, en el linfogranuloma venéreo y en el linfogranuloma inguinal. Y la sintomatología es muy variada en las otras enfermedades de transmisión sexual, pero la mayoría de ellas suelen resolverse médicamente mediante la ministración con antibióticos. Revisten especial importancia aquellas que pueden derivar en cáncer, como es el caso del virus del papiloma humano y en las infecciones por hepatitis viral “B” y “C”. Es de vital relevancia insistir en que todas las enfermedades de transmisión sexual se pueden prevenir con un método de barrera. Por supuesto que si en las relaciones sexuales no interviene una tercera persona o más, la pareja puede tener la confianza de realizar el coito sin la protección de un preservativo o condón. Volviendo al título de este artículo, el virus del Zika puede volverse un dolor de cabeza para medio mundo, si no se aplican estrategias de impacto epidemiológico para su eliminación y posterior erradicación. Aquí es donde se requiere la elaboración de una vacuna a la brevedad posible, como se logró en el caso de la Fiebre amarilla.

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