Templo de vida y salud

Hace casi nueve años la ruta que seguía todos los días a las 5:30 de la mañana para caminar y luego trotar, cubría algunas calles de la colonia Reforma y terminaba en San Felipe del Agua, en donde se inicia el camino hacia los viveros; a partir de ahí bajaba corriendo ininterrumpidamente hasta llegar nuevamente a mi domicilio. Nunca sentí molestia en las articulaciones de las extremidades inferiores atribuible a sobrecarga por realizar ese ejercicio en el pavimento, pero sí debo admitir que no faltaron las lesiones en los tobillos al introducir accidentalmente un pie en algún bache por la oscuridad en las calles o el haberme asustado al encontrarme de repente con algún automóvil a punto de atropellarme. Otras veces, opté por el parque del “Tequio” o utilizaba otro parque, más conocido como “El Llano”. Sin embargo, un amigo me recomendó que fuera a la Unidad Deportiva CAPCE, ubicada en la colonia Las Flores, del municipio de Santa Lucía del Camino.

Así lo hice, y desde entonces mi rutina de ejercicio aeróbico la llevo a cabo en ese lugar, con excepción de las veces en que dicha unidad deportiva ha sido objeto de reparaciones o mantenimiento. Ese sitio, que es un extraordinario bien colectivo, ha sido utilizado todos estos años por un número creciente de personas, hombres y mujeres de todos los grupos de edad, diríase desde menores de 10 años, <para los que existen resbaladillas, subibajas y columpios> llevados, naturalmente por sus padres, hasta individuos de edades avanzadas.

Generalmente, de manera puntual abre sus puertas a las seis de la mañana; a esa hora, ya hay varios deportistas que solo esperan que el guardia de seguridad quite el candado de la reja para introducirse presurosos e iniciar de inmediato sus ejercicios, pero conforme pasan los minutos se van incorporando más personas, las que hacen uso de las instalaciones durante la mañana a partir de su apertura; pero la Unidad está abierta al público 12 horas. Unas se dedican a jugar el deporte ráfaga, el basquetbol; las dos canchas disponibles se vuelven el lugar de encuentro de quienes se ponen de inmediato de acuerdo y cuando uno voltea ya se desplazan los integrantes de los equipos disputándose el balón. Existe, además, una cancha para practicar el volibol de playa, la cual dispone de un piso de arena traída de la costa para ese fin y por lo general se usa los fines de semana.

Hay otros jóvenes, casi siempre varones, que hacen uso de la cancha de futbol rápido con pasto sintético. No faltan los intrépidos que llevan su patineta para realizar atrevidas maniobras en una pista de cemento construida ex profeso, y al lado de ella se localiza la llamada área de “aparatos”, con un total de 12 de ellos, casi siempre ocupados al 100% por usuarios consuetudinarios o por algunos que asisten con menos frecuencia. En la parte posterior del área administrativa se acondicionó un espacio que funciona para realizar ejercicios de piso y los sábados se emplea durante una hora para que ahí practique “zumba “un grupo de jóvenes del sexo femenino, cuya entrenadora hace uso de un equipo de sonido como complemento indispensable del rítmico ejercicio. Es de llamar la atención la extraordinaria y callada labor que lleva a cabo el equipo de trabajadores operativos que día con día brinda mantenimiento al inmueble, instalaciones y áreas verdes, y si para ello están contratados y por ende reciben un sueldo y prestaciones sociales, no quiere decir que no puedan ser objeto de un público reconocimiento, porque realmente cumplen sus funciones de manera organizada, con entusiasmo y deseo de servir desde que llegan a su centro de trabajo. Ellos son Primitivo Velásquez, Cristhian Iván Hernández, Teresa Ramírez Santiago, Luís Asencio, Luís Antonio Cruz, César Rolando Reyes y Anselma Martínez. La encargada de la Unidad es la amable Lic. Olga Ramírez, quien bien dirige a su equipo de colaboradores. Es de aplaudir que en buena hora se haya construido esa unidad deportiva, porque sus resultados, estoy convencido, han permitido mejorar la salud física y mental de las personas que asisten con regularidad, a lo que bien resulta ser un templo de vida y salud.

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