Covid-19: 320,000 muertos. ¿La pandemia cede?

 Es martes ocho de marzo, oficialmente se nos informa que en las últimas 24 horas se añadieron en México otras 265 defunciones por Covid-19, las que sumadas a las que se vienen concentrando desde la primera de ellas en el año 2020, nos hacen un total de 320,166 (que en realidad es la punta del Iceberg). Hace un año, entre el 25 de enero y el 25 de marzo se registraron 50 mil muertes por dicha causa, prácticamente en casi 60 días. Ahora, entre el 08 de enero y este 08 de marzo, un periodo semejante al señalado del año pasado, han ocurrido 30 mil decesos menos en un mismo lapso de tiempo. La cantidad de contagios confirmados por las autoridades sanitarias entre ambos periodos que comparo es de casi 35 mil contra los 25,300 de ahora, lo cual parece confirmar de alguna manera, el subtítulo de este artículo. Menos muertes y menos contagios.

Esa evolución epidemiológica de la enfermedad en nuestro país ha permitido expresar al Dr. Hugo López-Gatell que “México suma seis semanas con reducción de la pandemia de Covid. Los casos han tenido una reducción del 41% y sólo están activos el 0.4%. Además, en la hospitalización sólo el 13% de las camas generales están ocupadas y únicamente el 10% de las unidades con ventilación. En cuanto a la mortalidad se puede observar una reducción absoluta del 89%”, pero agregó: “Mientras persista el virus, todos los países tenemos la posibilidad de que exista un repunte, una nueva ola; sin embargo, la tendencia es a la baja, niveles mínimos en el período interepidémico. Es posible que sea más sostenido el período en la medida que tengamos amplia cobertura de vacunación”. Al respecto, a la fecha se han aplicado 184 millones de dosis en 85.3 millones de personas y la mayoría tiene su esquema completo. Se tiene una cobertura en adultos del 90% con esquema primario; 53% en adolescentes de 14 a 17 años y un promedio nacional del 87%. Por ello, todo el país, salvo el estado de Querétaro, permanece en color verde según el semáforo epidemiológico nacional y por lo mismo la población casi a vuelto a la llamada normalidad dentro y fuera del hogar. Sin embargo, más que por otra cosa, por costumbre y por temor, aún podemos observar en las calles a los habitantes de las áreas urbanas portando su cubrebocas y en sitios de concentración humana la permanencia de las medidas de prevención ampliamente conocidas. En la Ciudad de Oaxaca los que deambulan sin cubrebocas son los extranjeros, la mayoría norteamericanos, sin que nadie de los transeúntes se lo reclame, mucho menos los policías de a pie. En realidad no es necesario el uso de ese adminículo sanitario en sitios al aire libre, salvo que las personas se concentren de tal manera que la separación entre ellas sea menor de lo recomendado.

Hoy observamos en casi todo el mundo los estadios deportivos colmados de asistentes, sin sana distancia y mucho menos el uso del cubrebocas, y en el continente europeo, así como en los Estados Unidos de América, los gobiernos han autorizado que la ciudadanía se libere de esas medidas de prevención en exteriores; en cierta manera han actuado por la presión cada vez más fuerte y sostenida de grupos organizados de la sociedad civil, que no piden sino que exigen la vuelta a la normalidad citadina. El tiempo nos dará la respuesta a este entendible comportamiento humano, con la esperanza de que el coronavirus pandémico detenga sus imprevisibles mutaciones ante la existencia de un elevado porcentaje de la población que ya goza de la protección inmunológica que brindan los biológicos.

De cualquier manera, la cifra de muertes en México por Covid-19 es una cifra espantosa, una verdadera catástrofe, aludiendo al propio Dr. López-Gatell, y es todavía más preocupante que más de 5.5 millones de personas de todas las edades hayan sufrido la enfermedad y ahora padezcan una gran variedad de secuelas, las que han dado lugar a la génesis de múltiples investigaciones por profesionales de muy variadas disciplinas. No debe soslayarse el impresionante volumen de daños de todo tipo al interior de los hogares afectados y las consecuencias en la microeconomía familiar y la que sufre toda la sociedad. Aun así sigamos adelante, cuidémonos que la vida es bella.

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