Los días de gloria. Los tiempos idos
En un ínterin entre los tiempos que le dedico a mis actuales pasatiempos, ocupé un buen rato para reflexionar bajo la sombra de un árbol en el jardín Antonia Labastida. ¡Qué tranquilidad! ¡Qué santa paz en medio de la vorágine citadina! ¡Qué lejos del trajín de mi vida de aquellos días cuando me desempeñé en las diversas tareas y responsabilidades propias de los cargos que me fueron asignados en el sector público y luego en el sector privado! Décadas de dedicarme a tiempo completo para poder cumplir con la misión y la visión, con las políticas, objetivos y metas de la institución en turno, con el apoyo de quienes fueron mis colaboradores. Fueron muchos años de un constante ir y venir, de traslados al interior del estado, a la capital de la República y también a múltiples entidades federativas, de intervenciones en toda clase de reuniones de trabajo, como asistente, expositor, ponente o coordinador en mesas redondas, seminarios, simposios, congresos y cursos de actualización teóricos y prácticos. El caso es que fue toda una etapa de mi vida en la que me acostumbré a llevar una agenda de manera rigurosa.
Y esos ires y venires también lo fueron para el cumplimiento de infinidad de comisiones de trabajo en las ocho regiones naturales del estado, acciones que quedaron insertas en mi libro “Orgullosamente Salubrista”; aquí solo quiero agregar que para mis desplazamientos tuve que hacer uso de todos los medios a mi alcance: vehículos de las dependencias oficiales, autobuses de pasajeros, lanchas de remo y de motor, a lomo de bestia e incluso en helicóptero; y una buena cantidad de ocasiones caminando horas por valles y montañas.
También fueron tiempos en que tuve la oportunidad de satisfacer el “gusanito” de la docencia, porque la enseñanza es, entre otras cosas, un buen pretexto para seguir aprendiendo, para seguir actualizándose; y en ese sentido viví extraordinarias experiencias con quienes fueron mis alumnos en el plantel CONALEPT de la Experimental, en la Escuela de Enfermería y Obstetricia de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca y en las Facultades de Medicina y Cirugía de esta última y de la Universidad Regional del Sureste. Al mismo tiempo, desarrollé mis conocimientos y aptitudes en el vasto campo de la investigación; ahora mismo, he concluido una publicación con el nombre de “Evidencias”, en donde plasmo 40 trabajos desarrollados en las distintas áreas donde laboré. Y a propósito de libros, son varios los que he podido concluir y difundir dentro de mis posibilidades. Por ello, puedo dar cuenta a estas alturas de mi vida de que he sido docente, investigador, columnista/articulista en tres diarios de la capital del estado, he escrito y publicado libros y sembré varios árboles, como el que se encuentra en la explanada de la Facultad de Medicina y Cirugía de la URSE.
Y como colofón, puedo decir que la vida me dio el privilegio del disfrute de excelentes hoteles, de la gran variedad de la gastronomía nacional y estatal, de gozar de cientos de viajes en aviones comerciales y de conocer y recorrer las principales ciudades del país, algunas del extranjero y naturalmente todas las de nuestro estado; en este último infinidad de municipios y sus agencias. Además, creo haber contribuido al mejoramiento de la salud de la población oaxaqueña. Es obvio que todo lo vivido no volverá, pero aún dispongo de suficiente “cuerda” para mantenerme activo y productivo a un ritmo menor, pero con la satisfacción de servir y hacer lo que a mí me agrada.
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