Crisis de la basura: crónica de un destino anunciado
El pasado 19 de marzo, en Noticias, mi casa editorial, publicó mi artículo: “La omnipresencia de la basura”, en él señalé que en los últimos 12 años había abordado, como articulista de los periódicos locales Diario Despertar y Noticias, Voz e Imagen de Oaxaca, cinco veces el tema de la recolección, transporte, procesamiento y destino final de lo que el común de la población llama simplemente basura. Ahora, cuando ocurre la enésima ocasión en que ese grave problema hace crisis en nuestra ciudad, me preocupé por revisar la frecuencia con la que efectivamente me he ocupado por destacar esa lacra social y ahora resulta que han sido ¡10!, tres en el primer diario señalado, en el bienio 2009-2010 y siete en el segundo en el periodo del 2011 al 2022. A propósito, concentré ahora la decena de artículos en un documento que titulé: “El grave problema de la basura en la ciudad de Oaxaca de Juárez” y he entregado una copia del mismo en la oficialía de partes del municipio del cual es presidente el CP Francisco Martínez Neri, sin ningún otro interés que el de demostrar que, como un ciudadano más y como médico salubrista me he ocupado y preocupado por influir en la conciencia de las autoridades de los tres órdenes de gobierno para que resuelvan de manera definitiva y permanente el multicitado problema.
Tal vez fui de los ciudadanos que creyeron a pie juntillas que el anterior presidente municipal, Oswaldo García Jarquín, postulado por el partido Morena, recibiría toda suerte de apoyos del gobierno federal que es también morenista y que uno de ellos sería dirigido a la atención inmediata del tema que comento, con lo que se fortalecerían los cimientos para un largo periodo de dicho partido en la conducción de los destinos de nuestro municipio; sin embargo eso no fue así y el problema continuó vigente y en franco y acelerado crecimiento hacia su destino final, convirtiéndose en algo así como “la crónica de un destino anunciado”, en una verdadera catástrofe social. De tal suerte que el CP Martínez Neri heredó una bola, no de nieve, sino de fuego, cuyo núcleo central tuvo su génesis desde hace décadas, mucho antes del actual milenio, desde que se permitió y se toleró que hubieran asentamientos humanos alrededor del llamado tiradero municipal o más elegantemente “relleno sanitario” en terrenos del municipio de Zaachila, pero además, a partir de que ninguna autoridad gubernamental tuvo la visión de largo plazo para cancelar esa primitiva manera de tratar los centenares de toneladas de toda clase de detritus provenientes del municipio de Oaxaca de Juárez y de alrededor de 20 municipios conurbados al mismo.La realidad es que, parangonando la frase célebre del ex presidente de México, Miguel de la Madrid Hurtado, cuando expresó: “No voy a permitir que el país se deshaga en nuestras manos”, al CP Martínez Neri la bola de fuego lo alcanzó y le está quemando las manos para poder actuar en consecuencia, ¡Qué terrible situación para un personaje que en sus mejores momentos acaparó los reflectores a nivel local y nacional!
Fui testigo casual en fecha reciente del acto que presidió en el Parque Juárez, más conocido como “El Llano”. Ahí alcancé a notar que rodeado de sus colaboradores y de trabajadores del ayuntamiento puso en marcha una especie de estrategia para educar a la población en relación a la clasificación de la basura y dio el banderazo para que varios vehículos adquiridos exprofeso, creo yo, iniciaran cuanto antes las acciones, de manera sectorizada en todo el municipio para cumplir con dicho objetivo. Hasta mi domicilio llegó un folleto ilustrado casi de inmediato. Hace unos días el propio CP Martínez Neri, acompañado del gobernador del estado, dieron a conocer que ya se tiene el espacio físico que servirá como nuevo centro de acopio. El problema es que se mantiene suspendida la recolección de la basura y esta luce aparatosamente acumulada en toda la ciudad con todas las consecuencias que ello implica. Se requiere un formidable golpe de timón, que haga notar que hay autoridad con poder de decisión para que no sigamos teniendo esa ingrata imagen de grave deterioro social y lo más relevante: el riesgo para nuestra salud.
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