Los efectos dañinos del calor provocado por los rayos del Sol.
Estamos a cuatro días del
inicio de la Primavera y aún continuamos recibiendo los embates del ciclo anual
de los más de 50 frentes fríos, los que
por fortuna son cada vez más leves y a cambio, ya comenzamos a sentir una
oleada de calor generado desde el distante astro rey, fenómeno físico que es
tan intenso, a tal grado que cualquier objeto metálico que dejamos en el
automóvil, prácticamente se vuelve intocable si permanece estacionado este
último al aire libre por un tiempo razonable.
En el año 2003 la intensa ola
de calor que afectó al continente Europeo se cobró 35,000 vidas humanas,
asociándose a situaciones meteorológicas extremas sin precedentes en otras
partes del mundo durante el mismo periodo; este hecho fue considerado por la
Organización Mundial de la Salud como uno de los peores desastres ambientales
de todos los tiempos. (Informe anual de la OMS 2007).
Con las elevadas temperaturas
que nos esperan antes de que se genere la temporada de lluvias, con toda
seguridad vastas regiones del territorio mexicano sufrirá los efectos de la
sequía; ésta repercutirá en las ya de por sí deterioradas e insuficientes
actividades agrícolas y ganaderas, lo cual significa que la producción de
alimentos en nuestro país continuará a la baja y tendremos que seguir importándolos;
además, la creciente población de las áreas urbanas sufrirá la carencia del
llamado vital líquido, lo que orillará a las familias a desembolsar un recurso
que podría destinar para subsanar otras necesidades, en lugar de adquirir
garrafones de agua embotellada para beber y la denominada “agua para consumo
humano”, a la que se le dan múltiples usos y que habitualmente es transportada
por los vehículos que la vox pópuli conoce como “pipas”. Esto es en el mejor de
los casos, cuando por lo menos se dispone del agua que ofertan un sinnúmero de
empresas en las ciudades de todo el territorio nacional, pero lo más lacerante
se vivirá una vez más en las localidades rurales marginadas, donde conseguir
agua representa un esfuerzo cotidiano porque hay que ir por ella a kilómetros
de distancia.
La temporada de calor que se
avecina también es causa del incremento de las enfermedades diarreicas agudas,
debido a la facilidad con que se descomponen los alimentos expuestos a la
intemperie. Cuando estos se elaboran en casa y se aplican las buenas prácticas
de higiene y se guardan oportunamente en un refrigerador, los integrantes de la
familia difícilmente sufrirán un episodio de diarrea; el problema se presenta
cuando optamos por consumir alimentos fuera de casa, porque así se trate del
restaurante de mayor prestigio, un error en la manipulación de los alimentos
puede ser causa, incluso, de un brote epidémico por alguna bacteria
enteropatógena cuya cepa sea sumamente virulenta.
Es todavía peor si se
consumen alimentos en la vía pública, donde la aplicación de las normas básicas
de higiene es la excepción. Otro tanto sucede cuando las personas acuden a las
comidas que se ofrecen con motivo de algún acto social, donde intervienen
muchas manos en la elaboración de los alimentos desde un día antes y no reciben
los beneficios de la refrigeración. Cuando se sirven, los comensales los
ingieren, rodeados a veces, de una nube de moscas, las que de manera incesante
se vuelcan una y otra vez sobre lo que les agrada, convirtiéndose en un doble
mecanismo de contaminación.
Sobre esto último, vale la
pena recordar que ciertos alimentos se convierten en esta época de calor, en
verdaderos territorios de bacterias, sobre todo los postres; que no todos los
servicios de buffet están montados con la temperatura apropiada y que las
salsas generalmente circulan todo el día, de mesa en mesa, sin ser objeto de
refrigeración.
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