De Homo sapiens a Homo longevus.


Llegó a mis manos un ejemplar de la revista de mi querida Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México, correspondiente al periodo marzo-abril del año en curso; como siempre, desde el año 2000, no me pierdo la lectura de los excelentes editoriales del insigne Maestro, el Dr. Manuel Quijano Narezo, quien  en abril del 2005 fue objeto de un cálido y justo homenaje, organizado por el entonces Director de la Facultad, el hoy Rector de la máxima casa de estudios de nuestro país, el Dr. José Narro Robles.

En esa ocasión, el Dr. Quijano, quien fuera Director General del Hospital de Especialidades del Centro Médico Nacional del Instituto Mexicano del Seguro Social, hizo referencia de sus 85 años de edad; lo extraordinario es que desde que inició el siglo XXI y hasta la fecha, ha sido un prolífico editor de la mencionada revista y cada tema que aborda lo hace con inusitada lucidez y con un amplísimo conocimiento. Es, en síntesis, un paradigma que ha rebasado, con mucho, la esperanza de vida al nacer de quienes formaron parte de su generación.

Una generación de mentes brillantes, refiriéndome en este caso, a quienes han ejercido la profesión médica, como los Doctores Clemente Robles, Ignacio Chávez, Rafael Muñoz Kapellman, Manuel Barquín Calderón, Salvador Zubirán Anchondo, entre otros. De este último, recuerdo el homenaje de que fue objeto en 1988, ceremonia a la que asistió, en la ciudad y Puerto de Acapulco, el Dr. Hiroshi Nakajima, quien era entonces Director General de la Organización Mundial de la Salud, acompañado del Dr. Guillermo Soberón Acevedo, que estaba por concluir su periodo de seis años como Secretario de Salud de México.

Quienes asistimos a ese acto, pudimos observar a un sonriente Dr. Zubirán  recibir su reconocimiento de pie y expresarse perfectamente con una gran alegría, a pesar de estar por cumplir un siglo de vida. El propio Dr. Soberón, con más de 80 años de edad, es Presidente emérito de la Fundación Mexicana para la Salud, es miembro de diversas sociedades científicas y hoy mismo continúa muy activo como Presidente del Consejo de la Comisión Nacional de Bioética.

Otro ejemplo de longevidad con calidad de vida lo es el Dr. Jesús Kumate Rodríguez, ex Secretario de Salud del país y quien recibiera la Medalla Belisario Domínguez de parte del Senado de la República en el mes de octubre del 2006. Nacido en 1924, hoy se desempeña como Presidente del Patronato Nacional de los Centros de Integración Juvenil, haciendo todavía gala de vitalidad y energía.

En nuestro medio, el Dr. Guillermo Zárate Mijangos, quien fuera el primer pediatra en el estado, todavía ejercía su profesión casi a los 90 años y el Dr. Carlos Ortiz Escorcia,  profesor de muchas generaciones de médicos oaxaqueños, no dejó la docencia ni el hábito de estudiar todos los días; como me consta, por haberlo visitado varias veces en su domicilio particular en la Calzada Madero.

 Así mismo, el Dr. Vicente Aranda Villamayor, con quien cultivo una gran amistad y fue el primer gastroenterólogo de Oaxaca, con más de 85 años viste con elegancia y es un constante creador de profundos y amenos artículos de diversa índole.

Sin duda, existen miles de ejemplos en el mundo de una larga y productiva vida. En México y particularmente en Oaxaca, tuvimos al maestro Andrés Henestrosa, quien casi al cumplir 100 años de vida le respondió a Carlos Loret de Mola, cuando éste lo entrevistó en su cama de enfermo y le preguntó a qué se debía su longevidad, contestándole de manera simpática… “por  haber llevado una vida desordenada”.

Como bien lo expresan Joel Kurtzman y Phillip Gordon en su libro “Homo Longevus. La prolongación de la vida Humana”, publicado en 1978, todo lo que existe es perecedero, ningún ser es inmortal; el propio universo no escapa a tal proceso de decadencia y todos estamos conscientes de la condición mortal del ser humano. Cuando se imprimió dicha obra, los centenarios eran tan raros que casi constituían una anormalidad. Actualmente, no lo son tanto y un creciente porcentaje ha comenzado a rebasar los cien años. Lo importante es que se llegue a esta edad con calidad de vida; así es que hay que mantenerse activos y trazarse metas y objetivos y tener la ilusión de vivir por algo.

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