Gripe porcina. La Influenza porcina, una amenaza para la salud pública: OMS.
Cuenta la historia que en la
famosa Guerra del Peloponeso, iniciada en el año 431 a.C., Atenas se encontraba en la cúspide de su
poder y prestigio, pero se embarcó en una guerra fratricida que se prolongó un
cuarto de siglo y ensombreció el imperio ateniense, porque de repente, una
epidemia que seguramente se había originado en Etiopía y se diseminó hasta
Egipto, Libia y Persia, invadió Grecia con una velocidad escalofriante y se
extendió voraz en una Atenas que entonces estaba sobrepoblada. Tucídides
describió con detalles verdaderamente conmovedores el curso de la enfermedad
que él mismo padeció y cuyo relato se consideró como un modelo de informe
médico durante siglos. La devastadora epidemia de peste terminó por exterminar
entre la tercera y la cuarta parte de la población ateniense y marcó el fin del
llamado Siglo de Oro griego.
Así como sucedió en Atenas, a
lo largo de la historia una y otra vez han aparecido terribles epidemias que han diezmado a la
población y le han causado un gran sufrimiento, entre las que destaca, por
ejemplo, la Peste Negra, causada por el bacilo Yersinia pestis, la cual inició
en octubre de 1347, convirtiéndose en la peor epidemia que haya azotado a
Europa. Tan solo en Florencia, Italia, la peste se ensañó durante cuatro meses
y causó unas 65 mil defunciones. Durante los tres años siguientes, la pesadilla
se repitió una y otra vez por todo el continente.
Sin duda, una de las más
terribles epidemias en el continente americano, fue la mortífera Viruela, que
llegó a nuestro país con Hernán Cortés y sus 550 hombres; tres años después de
su desembarco en lo que hoy es el Puerto de Veracruz, habían fallecido, según
estimaciones conservadoras entre 2 y 3.5 millones de indígenas por causa de una
enfermedad que desconocían. Por otra parte los ingleses no olvidan la gran
epidemia de Peste Bubónica que inició en diciembre de 1664 y que en el verano
siguiente llevó a la población a marcar las puertas de sus casas con una cruz
roja y con la inscripción “¡Dios se apiade de nosotros!”, la que según Samuel
Pepys, funcionario naval, anotó en su diario: …”hasta donde recuerdo, nunca
había visto cosa igual”.
Las epidemias de Viruela,
Fiebre Amarilla, Cólera, Tifo e Influenza, entre otras, han sido catastróficas para la humanidad; de
esta última se han escrito miles de notas en los últimos días, recordando las
pandemias registradas desde que se tiene memoria hasta la que recorrió el mundo
y mató, por así decirlo, a un mínimo de 20 millones de personas a partir de su
aparición en el verano de 1918. De acuerdo a los registros estadísticos, en México hubo alrededor de medio millón de
muertos. Más recientemente, la infección por el VIH y su fase clínica terminal
el SIDA, es la última de las más graves pandemias que se han extendido en casi
todo el planeta.
En el Informe Mundial de la
Salud del 2008, se dice que se ha alterado el equilibrio de los
microorganismos, que están surgiendo nuevas enfermedades al ritmo sin
precedentes de ¡una por año!, de tal
suerte que la OMS ha verificado más de 1100
eventos epidémicos en el mundo, que existen 40 enfermedades desconocidas para
una generación atrás y resalta la aparición del Síndrome Agudo Respiratorio
Severo (SARS) que provocó la alerta internacional en el año 2003. Llama la
atención la declaración de que “preocupa
la aparición de una pandemia de gripe humana, que podría tener consecuencias
devastadoras, tanto sanitario asistenciales, como económicas, siendo una
amenaza real”.
En el Informe de referencia,
la Dra. Margaret Chan, Directora General de la OMS, expresa que “es probable que surjan sin previo aviso
algunas de las amenazas más graves para la existencia humana. Sería pecar de
ingenuidad y exceso de confianza que no surgirá, tarde o temprano, otra
enfermedad como el SIDA, la Fiebre hemorrágica del Ébola o el SARS”.
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