Enfermedades desatendidas.

En respuesta a la inquietud de algunos lectores por saber algo más de las llamadas enfermedades desatendidas, daré a conocer de manera sucinta alguna información acerca de ellas. La OMS estima que más de mil millones de personas, una sexta parte de la población, que vive en 127 países, sufren una o más de esos padecimientos, cuyo origen está estrechamente ligado a la convivencia humana en situación de pobreza y en ambientes de clima cálido y húmedo, propio de las regiones tropicales. Un elevado porcentaje de tales enfermedades son parasitarias y se transmiten por la picadura de mosquitos y moscas infectados, mientras otras se transmiten por medio del agua contaminada o por el suelo infestado de huevos de gusanos.

La OMS, cuya Directora General es la Dra. Margaret Chan, reconoce 14 enfermedades tropicales, habiéndolas dividido en dos categorías. La primera de ellas la integran las enfermedades que pueden ser abordadas por grupos, como la filariasis linfática, la oncocercosis (ceguera de los ríos), la esquistosomiasis (bilharziasis), la dracunculosis (enfermedad del gusano de Guinea), las helmintiasis zoonóticas, las helmintiasis transmitidas por el suelo, la rabia, las treponematosis endémicas (pian) y el dengue en sus dos variedades, la equinococosis. La malaria o paludismo tiene un mayor impacto en la sociedad y no se incluye en este listado. El otro grupo lo constituyen las enfermedades que requieren un tratamiento específico; tal es el caso de la tripanosomiasis africana humana (enfermedad del sueño), la leishmaniosis, la Enfermedad de Chagas y la úlcera de Burulli.

Son enfermedades de la pobreza, porque se encuentran diseminadas y casi todas ellas tienen un carácter endémico en vastas regiones del planeta, principalmente en los continentes americano, asiático y africano. El hábitat humano característico de tales regiones y de los países que las integran incluye insuficiencia de agua potable, carencia de sistemas de drenaje y tratamiento de las aguas negras, vivienda de construcción precaria, hacinamiento, promiscuidad con animales domésticos y convivencia, por así decirlo, con insectos portadores y transmisores de enfermedades, además de una importante cantidad de animales domésticos y silvestres que sirven de reservorio para los parásitos causantes de las enfermedades que nos ocupan. Los niños son los más vulnerables y por ende resultan ser los más afectados, pero en general la población enferma fundamentalmente es joven, en plena etapa productiva. Además, no se puede soslayar que muchos países no disponen de un eficiente sistema de salud y que la mayoría de ellos mantiene un raquítico presupuesto dedicado a la prevención y atención médica de tales padecimientos, los que por otra parte son causantes de discapacidad grave y deficiencias de manera crónica.

Lamentablemente estas enfermedades no aparecen como prioritarias en los programas nacionales de salud, a pesar de que existe un riesgo permanente para su población. No son prioridades para los políticos desinformados o desinteresados en utilizar los recursos de sus países para su atención, viéndose postergadas también porque los afectados carecen de voz e influencia política. Por otro lado, el hecho de que se carezca de estadísticas confiables es otra causa más para que los tomadores de decisiones no dispongan de sólidos argumentos que permitan poner los ojos y los recursos en todas y cada una de las enfermedades descritas. Lo peor es que alrededor del 70% de los países afectados son de bajos ingresos, es decir, de economías débiles.

Lo trascendente es que para casi todas las enfermedades desatendidas es posible su prevención, eliminación e incluso su radicación si se pone énfasis en intervenciones seguras y rentables que han comprobado su eficacia, pero siempre con la intervención organizada de la sociedad. A pesar de todo, la OMS atacará estos problemas de salud y ya tiene metas cuyo límite es el año 2020. Ello representará un avance sustancial hacia la cobertura universal. Las perspectivas de éxito nunca han sido tan fuertes como ahora, asegura la Dra. Chan.

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