Servicio de limpia de la Ciudad.
En la colonia donde vivo, cada tercer día, entre las 6:30 y las 7:00 horas, los vecinos de las calles colindantes al sitio estratégico donde se espera el arribo del camión recolector de la basura, reconocen la clásica campana que con vigor tañe el operador que tiene esa función. Tres cosas motivan a la reflexión; primero, la cantidad de bolsas de plástico y cajas de cartón que contienen desechos orgánicos e inorgánicos en una total revoltura, aunque un día sí y otro también algunos perros se encargan, antes del amanecer de desgarrar, vaciar desperdigar el contenido de algunas de ellas en búsqueda de restos alimenticios que les permita saciar en algo su hambre crónica. Pero también quiero hacer énfasis en cuanto al volumen de esa basura, pues es impresionante la que se concentra cada tercer día.
En segundo lugar, es de reconocer, además de la puntualidad de los operadores del autotransporte, la eficiencia como lo hacen, pues en unos cuantos minutos depositan en éste la totalidad de la basura y además separan, en lo posible, objetos de metal, de plástico, madera, cartón, hule y papel; todo lo cual lo distribuyen en el techo o en otros compartimientos, que en general desconocemos los usuarios de tan indispensable servicio. El resto de los desechos son compactados para permitir en cada nueva esquina la incorporación de otra carga de proporciones semejantes, hasta que el cupo llega al tope y el conductor de la unidad y sus ayudantes abandonan la colonia para dirigirse al depósito de basura que, como sabemos, se localiza en terrenos de un municipio conurbado al de la capital del Estado, no sin antes pasar a diversos depósitos de los diversos conceptos señalados anteriormente, en donde dejan todo lo que clasificaron en su recorrido. En este punto ya no entro en detalles para evitar cualquier mala interpretación.
La tercera reflexión es en relación al comportamiento de estos humildes servidores públicos. Por lo menos los que hacen su rondín en mi colonia desde hace años han mantenido una conducta irreprochable; siempre dan los buenos días y son atentos y respetuosos con los vecinos; acomedidos, sobre todo con las personas de la tercera edad, embarazadas y con aquellas que tienen alguna discapacidad física; por ello, en la misma medida, se han ganado el aprecio de todos, el que se traduce en algún obsequio de fin de año con motivo de las fiestas de Navidad; tenemos una vecina de la tercera edad que les prepara café y se los sirve en vasos de unicel. Sin tener evidencia alguna presumo que estas características son similares en los trabajadores que desempeñan la función de recolectar la basura en todo el municipio y que por lo mismo son acreedores al reconocimiento unánime de la sociedad, tal como sucede con quienes integran el cuerpo de bomberos.
Por lo mismo, las autoridades del H. Municipio de Oaxaca de Juárez están obligadas, como parece que lo están haciendo, a brindarles toda clase de apoyos en materia de uniformes, guantes, botas o zapatos especiales, ropa apropiada para la estación de invierno, gorras o alguna otra prenda que les cubra la cabeza; así mismo, a observar un programa de conservación y mantenimiento de todas las unidades recolectoras y ni qué decir del salario y prestaciones justas señaladas por la ley.
Pero no puedo olvidar a quienes diariamente realizan la digna función de barrer las calles de la Ciudad. Al respecto, la mayoría de los habitantes no se dan cuenta de ello porque el barrido se realiza antes del amanecer. Uno puede verlos en plena faena entre las cuatro y cinco de la mañana, y no siempre son varones los que circulan por las calles con su peculiar escoba y su carrito para depositar y acarrear la basura que recogen. Ellos son los hombres y mujeres que permiten mantener limpia la Ciudad; los que contribuyen con su esfuerzo a darle una imagen decorosa ante propios y extraños y no únicamente cuando los oaxaqueños celebramos nuestra tradicional Guelaguetza en cada Lunes del Cerro. Sirvan estas líneas para felicitarlos y decirles que estamos orgullosos de su extraordinaria labor y que son un ejemplo de solidaridad humana. Lo menos que podemos expresarles es ¡Muchas gracias!
En segundo lugar, es de reconocer, además de la puntualidad de los operadores del autotransporte, la eficiencia como lo hacen, pues en unos cuantos minutos depositan en éste la totalidad de la basura y además separan, en lo posible, objetos de metal, de plástico, madera, cartón, hule y papel; todo lo cual lo distribuyen en el techo o en otros compartimientos, que en general desconocemos los usuarios de tan indispensable servicio. El resto de los desechos son compactados para permitir en cada nueva esquina la incorporación de otra carga de proporciones semejantes, hasta que el cupo llega al tope y el conductor de la unidad y sus ayudantes abandonan la colonia para dirigirse al depósito de basura que, como sabemos, se localiza en terrenos de un municipio conurbado al de la capital del Estado, no sin antes pasar a diversos depósitos de los diversos conceptos señalados anteriormente, en donde dejan todo lo que clasificaron en su recorrido. En este punto ya no entro en detalles para evitar cualquier mala interpretación.
La tercera reflexión es en relación al comportamiento de estos humildes servidores públicos. Por lo menos los que hacen su rondín en mi colonia desde hace años han mantenido una conducta irreprochable; siempre dan los buenos días y son atentos y respetuosos con los vecinos; acomedidos, sobre todo con las personas de la tercera edad, embarazadas y con aquellas que tienen alguna discapacidad física; por ello, en la misma medida, se han ganado el aprecio de todos, el que se traduce en algún obsequio de fin de año con motivo de las fiestas de Navidad; tenemos una vecina de la tercera edad que les prepara café y se los sirve en vasos de unicel. Sin tener evidencia alguna presumo que estas características son similares en los trabajadores que desempeñan la función de recolectar la basura en todo el municipio y que por lo mismo son acreedores al reconocimiento unánime de la sociedad, tal como sucede con quienes integran el cuerpo de bomberos.
Por lo mismo, las autoridades del H. Municipio de Oaxaca de Juárez están obligadas, como parece que lo están haciendo, a brindarles toda clase de apoyos en materia de uniformes, guantes, botas o zapatos especiales, ropa apropiada para la estación de invierno, gorras o alguna otra prenda que les cubra la cabeza; así mismo, a observar un programa de conservación y mantenimiento de todas las unidades recolectoras y ni qué decir del salario y prestaciones justas señaladas por la ley.
Pero no puedo olvidar a quienes diariamente realizan la digna función de barrer las calles de la Ciudad. Al respecto, la mayoría de los habitantes no se dan cuenta de ello porque el barrido se realiza antes del amanecer. Uno puede verlos en plena faena entre las cuatro y cinco de la mañana, y no siempre son varones los que circulan por las calles con su peculiar escoba y su carrito para depositar y acarrear la basura que recogen. Ellos son los hombres y mujeres que permiten mantener limpia la Ciudad; los que contribuyen con su esfuerzo a darle una imagen decorosa ante propios y extraños y no únicamente cuando los oaxaqueños celebramos nuestra tradicional Guelaguetza en cada Lunes del Cerro. Sirvan estas líneas para felicitarlos y decirles que estamos orgullosos de su extraordinaria labor y que son un ejemplo de solidaridad humana. Lo menos que podemos expresarles es ¡Muchas gracias!
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