Día Mundial contra la Hepatitis.

El Profesor Baruch Samuel Blumberg, nacido en los Estados Unidos de Norteamérica, obtuvo el Premio Nobel de Medicina en 1978 por sus estudios acerca del origen y diseminación de las enfermedades infecciosas; tuvo el acierto de descubrir al virus de la Hepatitis B y luego la vacuna que previene la enfermedad. La Organización Mundial de la Salud estableció el Día Mundial contra la Hepatitis cada 28 de julio, fecha del nacimiento del eminente científico en la Ciudad de Nueva York.

Como resultado de la alteración del funcionamiento del hígado se activa el sistema inmunitario, produciéndose una reacción específica para atacar y combatir el virus, lo que trae consigo la inflamación del hígado. En este estadio puede ocurrir un proceso agudo, el que remite algunas semanas después, pero también es posible que se desarrolle una fase fulminante y mortal, y en menor medida hacerse crónica la enfermedad y degenerar en un cáncer que es mortal en el corto plazo. Aunque los virus son la causa más frecuente de la hepatitis, es posible que tan importante órgano se vea afectado por otros microorganismos, sustancias tóxicas como el alcohol, diversos fármacos y drogas, e incluso por enfermedades autoinmunitarias.

La hepatitis viral comprende los virus de la hepatitis A, B, C, D y E. En conjunto son causa de muerte de 1.4 millones de seres humanos cada año. 240 millones de personas tienen infecciones crónicas por hepatitis B y otras 150 por el virus de la hepatitis C. La A y la E tienen como causa principal la ingestión de agua o alimentos contaminados por heces fecales de las personas enfermas; generalmente prevalecen en países o regiones con un bajo nivel de desarrollo, caracterizado por un deficiente saneamiento y falta de agua potable. Otros factores de riesgo para tales hepatitis son el uso de drogas inyectables con agujas contaminadas, la convivencia con una persona infectada y tener relaciones sexuales con individuos que cursan con la etapa aguda de la infección. En el caso de la hepatitis B la transmisión madre-hijo en el momento del parto es muy frecuente, pero lo es también el contacto sexual; la exposición a tal virus ocurre mediante transfusiones de sangre y productos sanguíneos contaminados, aplicación de inyecciones con instrumentos también contaminados en el transcurso de una intervención quirúrgica y por el consumo de drogas inyectables. La exposición al virus de la hepatitis C es muy similar a la del B, aunque en aquella la transmisión sexual es menos común, lo mismo que la perinatal.

Los virus de la hepatitis D únicamente ocurren en personas infectadas por el virus de la hepatitis B y esta infección simultánea llega a ser grave y mortal. En el caso del virus de la hepatitis E cuando ataca a las mujeres embarazadas en el primer trimestre de gestación se muere un 20% de ellas.

Generalmente las hepatitis virales pasan por una etapa aguda; en el caso de las personas infectadas por el virus de la hepatitis C un 80% de ellas no presentan ningún síntoma; en otras hepatitis virales los síntomas van de moderados a graves; los más frecuentes son fiebre, malestar general, fatiga extrema, pérdida del apetito, diarrea, náuseas, vómitos, molestias abdominales, coloración oscura de la orina e ictericia, que es el color amarillento de la piel y de la esclerótica de los ojos. La gravedad de la enfermedad se incrementa con la edad, siendo menor en los infantes, como sucede con la hepatitis A, pero en el caso de la hepatitis B los niños infectados antes de los 6 años son los más proclives al riesgo de desarrollar infecciones crónicas. Algo que no debemos olvidar del virus de la hepatitis B es que puede sobrevivir fuera del organismo por lo menos 7 días y que es 50 a 100 veces más infeccioso que el virus causante del Sida.

No existe ninguna vacuna para el virus de la hepatitis C; sí la hay para los virus de la hepatitis A y B; en el caso de esta última es muy efectiva y la protección dura alrededor de 20 años y posiblemente toda la vida. China ha producido y aplica una vacuna contra la hepatitis E, pero aun no se dispone a nivel mundial. Lo más trascendente es la prevención según cada tipo de virus y la vacunación cuando proceda.

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