Control de velocidad vehicular, excelente medida
Comenzó el nuevo año y los conductores de vehículos de motor nos encontramos con una novedad, más que sorpresa: la instalación de un sistema de radar que permite detectar el exceso del límite de velocidad en determinadas vialidades de la ciudad, en donde previamente fueron colocados los señalamientos, uno tras otro, a una distancia tal que difícilmente puede haber la excusa por parte del infractor de que pasó y no vio ninguna señal. Es probable que para la mayoría de los que estaban acostumbrados a conducir a velocidades superiores a las que marca el reglamento de tránsito, en un principio les causó un gran conflicto; seguramente aún más para quienes disponen de vehículos de modelo reciente, cuyos promocionales de venta inducen a probar lo último de la tecnología en materia de motores.
Independientemente de lo que vaya a recaudar la empresa contratada y por ende también las autoridades municipales, por concepto de infracciones a los conductores que sean sorprendidos infraganti con ese sistema, debemos admitir y aplaudir tal medida, porque la aplicación de multas no es más que un medio para lograr el objetivo de reducir el porcentaje de accidentes viales y su lamentable carga de víctimas y costo económico a nivel familiar y para la sociedad.
Aunque las muertes por accidentes de tránsito descenderán en un 30% en los países de elevados ingresos entre los años 2000 y 2020, sin embargo se incrementarán considerablemente en los países de ingresos bajos y medianos, como se expresa en el reciente Informe Mundial sobre Prevención de los Traumatismos causados por el Tránsito; en éste se prevé que para el 2020 las lesiones por dicha causa serán el tercer responsable de la carga mundial de morbilidad. El problema social y económico que constituyen tales hechos es incuestionable, pues los traumatismos causados por los accidentes viales significan una pesada carga para los hogares, los países y la economía mundial. En ese tenor la pérdida de quienes son el sustento, y el costo añadido de la atención a los familiares discapacitados por lesiones, llevan a muchas familias al quebranto económico e incluso a su desintegración.
En contrapartida, es mucho menor la cantidad de dinero que se puede invertir en la prevención de los accidentes de tránsito, habiéndose demostrado que en general es rentable y aceptado por la población. En el caso del municipio de Oaxaca de Juárez, la estrategia adoptada se suma al programa uno por uno, al que ya se ha ido adaptando la ciudadanía, fomentándose una cultura vial pero también de respeto por los demás.
Por otra parte, el término “accidente” puede dar la impresión de que es inevitable e impredecible y que es un suceso imposible de controlar, sin embargo, los percances ocasionados por el tránsito vehicular son hechos factibles de someter a un análisis racional y acciones correctivas. Ya en la década de los años 60´s muchos países con una elevada proporción de vehículos de motor lograron importantes descensos en sus cifras de víctimas al aplicar estrategias científicas orientadas a la obtención de óptimos resultados. Tales países cambiaron de paradigma en materia de seguridad vial, pero para lograrlo fue fundamental la colaboración de otros sectores de la población, como es el caso de la salud pública cuyas medidas de prevención se basan en pruebas científicas y recurre a conocimientos de medicina, biomecánica, epidemiología, sociología, ciencias del comportamiento, criminología, educación, economía, ingeniería y otras disciplinas.
Ofrecer el mismo grado de protección a todos los usuarios de la vía pública, debe ser un principio rector para evitar una carga injusta de lesiones y mortalidad entre las personas más pobres y los usuarios más vulnerables. Regular la velocidad vehicular es una forma razonable de tomar en cuenta la vulnerabilidad del cuerpo humano. Bienvenidas las medidas adoptadas. Estas, junto con el alcoholímetro, el uso obligatorio del cinturón de seguridad y la sensibilización de los conductores para que no usen el celular al manejar, reducirán significativamente los accidentes viales y sus terribles efectos.
Independientemente de lo que vaya a recaudar la empresa contratada y por ende también las autoridades municipales, por concepto de infracciones a los conductores que sean sorprendidos infraganti con ese sistema, debemos admitir y aplaudir tal medida, porque la aplicación de multas no es más que un medio para lograr el objetivo de reducir el porcentaje de accidentes viales y su lamentable carga de víctimas y costo económico a nivel familiar y para la sociedad.
Aunque las muertes por accidentes de tránsito descenderán en un 30% en los países de elevados ingresos entre los años 2000 y 2020, sin embargo se incrementarán considerablemente en los países de ingresos bajos y medianos, como se expresa en el reciente Informe Mundial sobre Prevención de los Traumatismos causados por el Tránsito; en éste se prevé que para el 2020 las lesiones por dicha causa serán el tercer responsable de la carga mundial de morbilidad. El problema social y económico que constituyen tales hechos es incuestionable, pues los traumatismos causados por los accidentes viales significan una pesada carga para los hogares, los países y la economía mundial. En ese tenor la pérdida de quienes son el sustento, y el costo añadido de la atención a los familiares discapacitados por lesiones, llevan a muchas familias al quebranto económico e incluso a su desintegración.
En contrapartida, es mucho menor la cantidad de dinero que se puede invertir en la prevención de los accidentes de tránsito, habiéndose demostrado que en general es rentable y aceptado por la población. En el caso del municipio de Oaxaca de Juárez, la estrategia adoptada se suma al programa uno por uno, al que ya se ha ido adaptando la ciudadanía, fomentándose una cultura vial pero también de respeto por los demás.
Por otra parte, el término “accidente” puede dar la impresión de que es inevitable e impredecible y que es un suceso imposible de controlar, sin embargo, los percances ocasionados por el tránsito vehicular son hechos factibles de someter a un análisis racional y acciones correctivas. Ya en la década de los años 60´s muchos países con una elevada proporción de vehículos de motor lograron importantes descensos en sus cifras de víctimas al aplicar estrategias científicas orientadas a la obtención de óptimos resultados. Tales países cambiaron de paradigma en materia de seguridad vial, pero para lograrlo fue fundamental la colaboración de otros sectores de la población, como es el caso de la salud pública cuyas medidas de prevención se basan en pruebas científicas y recurre a conocimientos de medicina, biomecánica, epidemiología, sociología, ciencias del comportamiento, criminología, educación, economía, ingeniería y otras disciplinas.
Ofrecer el mismo grado de protección a todos los usuarios de la vía pública, debe ser un principio rector para evitar una carga injusta de lesiones y mortalidad entre las personas más pobres y los usuarios más vulnerables. Regular la velocidad vehicular es una forma razonable de tomar en cuenta la vulnerabilidad del cuerpo humano. Bienvenidas las medidas adoptadas. Estas, junto con el alcoholímetro, el uso obligatorio del cinturón de seguridad y la sensibilización de los conductores para que no usen el celular al manejar, reducirán significativamente los accidentes viales y sus terribles efectos.
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