Damas, cuiden su bolso de mano
Con motivo de las fiestas de julio oaxaqueñas, conocidas como “Lunes del Cerro”, en las que la máxima expresión cultural de las muy variadas etnias del Estado es la representación de la Guelaguetza en la Rotonda de la Azucena en el Cerro del Fortín, llegan miles de visitantes a nuestra capital y también no pocos delincuentes de toda laya; estos se suman a los que de por sí hay aquí y van en aumento, los que ya saben que la temporada se presta para que cometan toda clase de delitos, principalmente los cristalazos a los automóviles correctamente estacionados y el robo directo, con o sin violencia física, hurtando toda clase de bienes: carteras, cámaras de video y fotográficas, celulares, tablet´s, laptops, relojes de mano, joyería diversa y las bolsas que acostumbran las damas de casi todas las edades. Me voy a referir en este artículo en particular a estas últimas.
Sabido es, y de ahí la preferencia de los amantes de lo ajeno, que las mujeres acostumbran, desde su adolescencia, a llevar consigo una bolsa para guardar toda clase de pertenencias y objetos. Al respecto, es impresionante la cantidad y variedad de cosas que llevan consigo, las que no voy a recordar aquí, porque lo que me interesa está directamente relacionado con el título de este artículo y es lo que representa el mayor valor económico: dinero en efectivo, celular, posiblemente una Tablet, y la cartera con diversas tarjetas de crédito y de débito. Sin duda, tienen otro valor, no precisamente el económico, los documentos oficiales como el pasaporte, las credenciales de elector, de conducir, del INAPAM, de servicios de salud como el IMSS e ISSSTE y también otro tipo de tarjetas <que finalmente son de crédito> como las que proporcionan las tiendas departamentales como Liverpool, Fábricas de Francia, Sears, SAMS, Suburbia, Wolmart, Copel, etc. El caso es que, un porcentaje significativo de mujeres concentra en una sola cartera todos esos documentos y tarjetas; por eso cuando el delincuente hurta una bolsa de mano el golpe para la víctima es brutal, devastador anímicamente. No solo es el susto inmediato con la consiguiente descarga de adrenalina, es, además, la ira, la terrible sensación de impotencia, la frustración, el pesimismo y, hasta cierto punto la humillación de que ha sido objeto la persona afectada.
La víctima del robo casi entra en estado de shock cuando se da cuenta del ilícito, peor si éste ha sido con lujo de violencia. En ocasiones opta por gritar la pérdida de los bienes en la búsqueda de encontrar apoyo en las personas cercanas, pero a veces el trauma psicológico es tan abrumador que la víctima siente que no tiene voz para expresarse, cae en un estado de desánimo y los efectos somáticos son tan diversos e intensos en la medida del valor de las pérdidas. Una de las reacciones inmediatas es el pensar que más allá del robo es el uso que el delincuente dará a la brevedad a las tarjetas bancarias y de sus documentos; posiblemente estos no le sirvan al malhechor y los deseche ipso facto, pero la duda existe. Como resultado de este maremágnum en el que se ve involucrada la víctima, lo primero que opta, cuando se tranquiliza un poco, o con la orientación de algún familiar o de una persona de su confianza, es solicitar por teléfono el bloqueo de las tarjetas de referencia, pero eso solo es el primer paso, porque el siguiente es el trámite de su reposición, lo que implica pérdida de tiempo y soportar un determinado compás de espera. ¿Ejemplos? Los hay todos los días. Recuerdo que en un hotel de cinco estrellas de Tuxtla Gutiérrez le birlaron en un santiamén su bolso de mano a la Dra. María de las Nieves García Fernández cuando era Secretaria de Salud del Estado. Ella pasó por todo ese momento crítico y el hecho le amargó el resto de ese día y algo de tiempo más. Eso fue hace 20 años. Hoy, a mi hermana María del Rosario, que vino a pasar estos días de fiesta oaxaqueña con mi familia le sucedió algo semejante. En cuestión de segundos le extrajeron la cartera de su bolsa, perdiendo dinero en efectivo y todas sus tarjetas y documentos. Por eso, estimadas damas oaxaqueñas les recomiendo que utilicen lo menos posible ese bello artículo y eviten traer en él documentos y tarjetas.
Sabido es, y de ahí la preferencia de los amantes de lo ajeno, que las mujeres acostumbran, desde su adolescencia, a llevar consigo una bolsa para guardar toda clase de pertenencias y objetos. Al respecto, es impresionante la cantidad y variedad de cosas que llevan consigo, las que no voy a recordar aquí, porque lo que me interesa está directamente relacionado con el título de este artículo y es lo que representa el mayor valor económico: dinero en efectivo, celular, posiblemente una Tablet, y la cartera con diversas tarjetas de crédito y de débito. Sin duda, tienen otro valor, no precisamente el económico, los documentos oficiales como el pasaporte, las credenciales de elector, de conducir, del INAPAM, de servicios de salud como el IMSS e ISSSTE y también otro tipo de tarjetas <que finalmente son de crédito> como las que proporcionan las tiendas departamentales como Liverpool, Fábricas de Francia, Sears, SAMS, Suburbia, Wolmart, Copel, etc. El caso es que, un porcentaje significativo de mujeres concentra en una sola cartera todos esos documentos y tarjetas; por eso cuando el delincuente hurta una bolsa de mano el golpe para la víctima es brutal, devastador anímicamente. No solo es el susto inmediato con la consiguiente descarga de adrenalina, es, además, la ira, la terrible sensación de impotencia, la frustración, el pesimismo y, hasta cierto punto la humillación de que ha sido objeto la persona afectada.
La víctima del robo casi entra en estado de shock cuando se da cuenta del ilícito, peor si éste ha sido con lujo de violencia. En ocasiones opta por gritar la pérdida de los bienes en la búsqueda de encontrar apoyo en las personas cercanas, pero a veces el trauma psicológico es tan abrumador que la víctima siente que no tiene voz para expresarse, cae en un estado de desánimo y los efectos somáticos son tan diversos e intensos en la medida del valor de las pérdidas. Una de las reacciones inmediatas es el pensar que más allá del robo es el uso que el delincuente dará a la brevedad a las tarjetas bancarias y de sus documentos; posiblemente estos no le sirvan al malhechor y los deseche ipso facto, pero la duda existe. Como resultado de este maremágnum en el que se ve involucrada la víctima, lo primero que opta, cuando se tranquiliza un poco, o con la orientación de algún familiar o de una persona de su confianza, es solicitar por teléfono el bloqueo de las tarjetas de referencia, pero eso solo es el primer paso, porque el siguiente es el trámite de su reposición, lo que implica pérdida de tiempo y soportar un determinado compás de espera. ¿Ejemplos? Los hay todos los días. Recuerdo que en un hotel de cinco estrellas de Tuxtla Gutiérrez le birlaron en un santiamén su bolso de mano a la Dra. María de las Nieves García Fernández cuando era Secretaria de Salud del Estado. Ella pasó por todo ese momento crítico y el hecho le amargó el resto de ese día y algo de tiempo más. Eso fue hace 20 años. Hoy, a mi hermana María del Rosario, que vino a pasar estos días de fiesta oaxaqueña con mi familia le sucedió algo semejante. En cuestión de segundos le extrajeron la cartera de su bolsa, perdiendo dinero en efectivo y todas sus tarjetas y documentos. Por eso, estimadas damas oaxaqueñas les recomiendo que utilicen lo menos posible ese bello artículo y eviten traer en él documentos y tarjetas.
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