Voy a vivir 101 años
No hace más de tres años que a regañadientes aceptó por primera vez apoyar su deambulación con un bastón; hasta ese momento, que representó para él y para nosotros un parteaguas, caminaba erguido y todos los días hacía una larga caminata por las calles de la colonia donde vive; se había convertido en una rutina el diario periplo después del almuerzo en una fondita cercana a su casa, pero todos sabíamos que su recorrido incluía invariablemente la visita a una conocida tienda departamental, donde se detenía para conversar con las personas con las que tenía amistad y que fuera del establecimiento se ganan la vida como vendedores ambulantes o son propietarias de algún pequeño comercio. Hace tres años esa rutina comenzó a declinar cuando sus extremidades inferiores sintieron el peso de los años y la columna vertebral se fue encorvando y hoy, ya es prácticamente imposible que vuelva a realizar eso que para él no representaba esfuerzo alguno.
Hace 35 años que uno de sus nietos, entonces de unos ocho años, comentó, delante de toda la familia, que su abuelo viviría 101 años. Esa expresión penetró profundamente en la mente de Don Félix, que así se llama, a tal grado que ha sido la bandera que le ha servido para asirse fuertemente a la vida. Cuando alguien le preguntó que porqué pensaba vivir 101 años y no 100, le contestó, como algún día lo hiciera el viejo líder de la CTM, Don Fidel Velásquez, ¿Y por qué me limita?
Cuando conocí a Don Félix estaba en la plenitud de su vida; frisaba los 50 años de edad. De no más de un metro con 60 centímetros de estatura, esbelto y con una desarrollada musculatura, forjada por el trabajo físico que realizó por muchos años. Ahora, 42 años después esas características son cosa del pasado, pero se conserva impresionantemente lúcido. Nunca lo he visto que se fume un cigarrillo y si alguna vez ingirió bebidas embriagantes lo hizo durante su juventud. Metódico en su diario vivir lo ha sido también para sobrevivir a la diabetes, hipertensión arterial y a una cardiopatía caracterizada por cuadros de arritmia, pues ha sido un magnífico paciente. Dos veces ha sufrido de depresión por varios meses, pero ha salido avante con el apoyo de su familia. Hace 15 años que permanece viudo y casi cinco que falleció su hijo mayor, pero él no se amilanó ante tan infaustos acontecimientos, sin que ello quiera decir que no recuerde con frecuencia a sus seres queridos.
A pesar de su larga vida, cuando otros individuos de su generación ya fallecieron, sufren de demencia senil, la enfermedad de Parkinson o de Alzhéimer, o permanecen en cama con algún grado de invalidez física, Don Félix todavía se anima a ver en la televisión los partidos de futbol, un deporte que nunca practicó en su vida y por el que hasta hace poco se interesó sin saber absolutamente nada del mismo; también se apasiona por las funciones sabatinas de box; debo agregar que se acompaña siempre de una armónica de marca alemana, con la que se entretiene interpretando melodías que sólo el entiende. Magnífico conversador, cuenta las mismas historias una y otra vez, pero situándose siempre a mediados del siglo pasado; se sabe de memoria versos y coplas que aprendió o inventó en su juventud en Jamiltepec, lugar donde nació en 1923. A pesar de su avanzada edad difícilmente permite que alguien lo ayude para pasar una calle.
Cuando alguien le pregunta cuántos años tiene y le adelantan que parece de 80 u 85 años, le levantan la moral, y aunque les presume que ni arrugas tiene en la cara, la verdad es todo lo contrario; además, la caída de sus párpados hace que sus ojos se vean más pequeños; ya no ve bien y padece de sordera, sus extremidades inferiores se edematizan conforme avanza el día, pero él no se “achicopala” y su visión está puesta en que va a alcanzar los 101 años que le pronosticó su nieto Fernando. Por ello, en cuanto sabe que le aumentó ligeramente la glucosa o la presión arterial, de inmediato pide que se le lleve a su médico. Así es Don Félix, ejemplo de perseverancia en el deseo de amanecer cada día con vida y disfrutar de sus hijos, nietos y bisnietos. Que Dios le cumpla su deseo. Por lo pronto, el pasado cinco de julio llegó a los 92 años.
Hace 35 años que uno de sus nietos, entonces de unos ocho años, comentó, delante de toda la familia, que su abuelo viviría 101 años. Esa expresión penetró profundamente en la mente de Don Félix, que así se llama, a tal grado que ha sido la bandera que le ha servido para asirse fuertemente a la vida. Cuando alguien le preguntó que porqué pensaba vivir 101 años y no 100, le contestó, como algún día lo hiciera el viejo líder de la CTM, Don Fidel Velásquez, ¿Y por qué me limita?
Cuando conocí a Don Félix estaba en la plenitud de su vida; frisaba los 50 años de edad. De no más de un metro con 60 centímetros de estatura, esbelto y con una desarrollada musculatura, forjada por el trabajo físico que realizó por muchos años. Ahora, 42 años después esas características son cosa del pasado, pero se conserva impresionantemente lúcido. Nunca lo he visto que se fume un cigarrillo y si alguna vez ingirió bebidas embriagantes lo hizo durante su juventud. Metódico en su diario vivir lo ha sido también para sobrevivir a la diabetes, hipertensión arterial y a una cardiopatía caracterizada por cuadros de arritmia, pues ha sido un magnífico paciente. Dos veces ha sufrido de depresión por varios meses, pero ha salido avante con el apoyo de su familia. Hace 15 años que permanece viudo y casi cinco que falleció su hijo mayor, pero él no se amilanó ante tan infaustos acontecimientos, sin que ello quiera decir que no recuerde con frecuencia a sus seres queridos.
A pesar de su larga vida, cuando otros individuos de su generación ya fallecieron, sufren de demencia senil, la enfermedad de Parkinson o de Alzhéimer, o permanecen en cama con algún grado de invalidez física, Don Félix todavía se anima a ver en la televisión los partidos de futbol, un deporte que nunca practicó en su vida y por el que hasta hace poco se interesó sin saber absolutamente nada del mismo; también se apasiona por las funciones sabatinas de box; debo agregar que se acompaña siempre de una armónica de marca alemana, con la que se entretiene interpretando melodías que sólo el entiende. Magnífico conversador, cuenta las mismas historias una y otra vez, pero situándose siempre a mediados del siglo pasado; se sabe de memoria versos y coplas que aprendió o inventó en su juventud en Jamiltepec, lugar donde nació en 1923. A pesar de su avanzada edad difícilmente permite que alguien lo ayude para pasar una calle.
Cuando alguien le pregunta cuántos años tiene y le adelantan que parece de 80 u 85 años, le levantan la moral, y aunque les presume que ni arrugas tiene en la cara, la verdad es todo lo contrario; además, la caída de sus párpados hace que sus ojos se vean más pequeños; ya no ve bien y padece de sordera, sus extremidades inferiores se edematizan conforme avanza el día, pero él no se “achicopala” y su visión está puesta en que va a alcanzar los 101 años que le pronosticó su nieto Fernando. Por ello, en cuanto sabe que le aumentó ligeramente la glucosa o la presión arterial, de inmediato pide que se le lleve a su médico. Así es Don Félix, ejemplo de perseverancia en el deseo de amanecer cada día con vida y disfrutar de sus hijos, nietos y bisnietos. Que Dios le cumpla su deseo. Por lo pronto, el pasado cinco de julio llegó a los 92 años.
No hay comentarios.: