“Creced y multiplicaos…”
La Biblia ha sido considerada como el libro más editado del planeta. Del antiguo Testamento, el Génesis forma parte del Pentateuco, que es un libro en cinco volúmenes, el cual sigue la historia del pueblo elegido desde los orígenes mismos de nuestra especie, hasta la muerte de Moisés, a las puertas de la llamada Tierra Prometida. Después de un gran cuadro que describe los orígenes del cosmos y de la humanidad, el Génesis narra la vida de los Patriarcas, desde la venida de Abraham a Canaán, hasta la muerte de José en Egipto. Es en el Génesis (I.28), cuando se habla de una Alianza de Dios con Noé, hijo que fue de Lamec y que según el relato bíblico vivió 182 años; a su vez Lamec fue engendrado por el viejo Patriarca antediluviano Matusalén, al que se le atribuye haber vivido 969 años. A Noe, cuando había cumplido 600 años, correspondió la construcción de la famosa Barca que soportó el impresionante Diluvio Universal, que duró cuarenta días con cuarenta noches, de manera ininterrumpida. Noe tuvo tres hijos: Sem, Cam y Jafet.
Tiempo después del Diluvio, Dios hizo un pacto, una Alianza con Noe después de bendecirlo a él y a sus hijos; es entonces cuando les expresó: … “Creced y multiplicaos, llenad la Tierra y sometedla. Imponed miedo y terror a todos los animales de la tierra, a todas las aves del cielo, a todo lo que bulle por la tierra, y a todos los peces del mar; en vuestras manos están todos. Cuanto se mueve y tiene vida en la tierra os servirá de alimento. Yo os lo doy como antes os di las verduras”.
Y vaya que los seres humanos llevamos al pie de la letra aquella instrucción que recibieran Noe y sus hijos. Tal vez hace tiempo se hubiera exterminado toda forma de vida en la Tierra si el comportamiento de los hombres no hubiera sido tan violento, como lo ha sido a raíz de su aparición en el planeta, pues desde siempre su espíritu guerrero lo ha llevado a confrontarse una y otra vez con los de su misma especie. El término de la II Guerra Mundial en 1945, sólo fue un breve respiro para la humanidad, pues poco tiempo después y hasta la fecha, un día sí y otro también, nos vamos a la cama y nos levantamos al día siguiente, informados por los hechos de sangre que acontecen en distintos países y regiones del globo terráqueo.
A pesar de ello, la población en el mundo sigue creciendo a un ritmo desenfrenado, pues los nacimientos ocurren en una proporción de 2:1 respecto de las defunciones. Al momento de redactar este artículo, las 14:55 horas del 16 de agosto, habían ocurrido más de 243 mil nacimientos y 102 mil defunciones, tan solo en ese día. Respecto de los registros en el año, a esa hora ya se contabilizaban 89 millones 240 mil nacimientos, por 37 millones, 372 mil defunciones. ¿A poco no es asombroso e impresionante saber que nacen 250 humanos cada minuto y que fallecen 110 personas en 60 segundos? Por ello, ese día que comento ya éramos 7 mil 360 millones, 415 mil seres humanos. Y vamos por más, pues ya existen estimaciones de que la cifra alcanzará los 11 mil millones para el año 2100. ¿Resistirá nuestro deteriorado planeta semejante presión demográfica, de un ser humano obsesionado por someterlo y ejercer sobre él un dominio total, como fue la expresión que aparece en las Sagradas Escrituras?
Vivimos actualmente encampanados con la idea de seguir reproduciéndonos. Difícilmente hay parejas heterosexuales que se unen con tan solo la idea de vivir juntos y sin hijos; las presiones de la familia de ambos terminan por conducir a los nuevos matrimonios por el camino de la reproducción; y si nace una niña el siguiente deberá ser varón, “la parejita”, dicen los abuelos; y en un “descuido” ya son tres, cuatro o más. Excelente cuando los hijos son planeados y como consecuencia, bienvenidos y no más de dos. Pero lo que nos ocupa y preocupa es la elevada natalidad. Salga usted de su casa y se encontrará con un mundo de embarazadas que cursan en los diversos periodos de gestación y de pequeñines de todas las edades. Parques, jardines, tiendas departamentales, restaurantes, cines, etc., en todas partes hay niños por doquier. Hoy ya existen señales alarmantes derivadas de la sobrepoblación, pero parece que nos vale. ¿Cuándo nos alcanzará el destino?
Tiempo después del Diluvio, Dios hizo un pacto, una Alianza con Noe después de bendecirlo a él y a sus hijos; es entonces cuando les expresó: … “Creced y multiplicaos, llenad la Tierra y sometedla. Imponed miedo y terror a todos los animales de la tierra, a todas las aves del cielo, a todo lo que bulle por la tierra, y a todos los peces del mar; en vuestras manos están todos. Cuanto se mueve y tiene vida en la tierra os servirá de alimento. Yo os lo doy como antes os di las verduras”.
Y vaya que los seres humanos llevamos al pie de la letra aquella instrucción que recibieran Noe y sus hijos. Tal vez hace tiempo se hubiera exterminado toda forma de vida en la Tierra si el comportamiento de los hombres no hubiera sido tan violento, como lo ha sido a raíz de su aparición en el planeta, pues desde siempre su espíritu guerrero lo ha llevado a confrontarse una y otra vez con los de su misma especie. El término de la II Guerra Mundial en 1945, sólo fue un breve respiro para la humanidad, pues poco tiempo después y hasta la fecha, un día sí y otro también, nos vamos a la cama y nos levantamos al día siguiente, informados por los hechos de sangre que acontecen en distintos países y regiones del globo terráqueo.
A pesar de ello, la población en el mundo sigue creciendo a un ritmo desenfrenado, pues los nacimientos ocurren en una proporción de 2:1 respecto de las defunciones. Al momento de redactar este artículo, las 14:55 horas del 16 de agosto, habían ocurrido más de 243 mil nacimientos y 102 mil defunciones, tan solo en ese día. Respecto de los registros en el año, a esa hora ya se contabilizaban 89 millones 240 mil nacimientos, por 37 millones, 372 mil defunciones. ¿A poco no es asombroso e impresionante saber que nacen 250 humanos cada minuto y que fallecen 110 personas en 60 segundos? Por ello, ese día que comento ya éramos 7 mil 360 millones, 415 mil seres humanos. Y vamos por más, pues ya existen estimaciones de que la cifra alcanzará los 11 mil millones para el año 2100. ¿Resistirá nuestro deteriorado planeta semejante presión demográfica, de un ser humano obsesionado por someterlo y ejercer sobre él un dominio total, como fue la expresión que aparece en las Sagradas Escrituras?
Vivimos actualmente encampanados con la idea de seguir reproduciéndonos. Difícilmente hay parejas heterosexuales que se unen con tan solo la idea de vivir juntos y sin hijos; las presiones de la familia de ambos terminan por conducir a los nuevos matrimonios por el camino de la reproducción; y si nace una niña el siguiente deberá ser varón, “la parejita”, dicen los abuelos; y en un “descuido” ya son tres, cuatro o más. Excelente cuando los hijos son planeados y como consecuencia, bienvenidos y no más de dos. Pero lo que nos ocupa y preocupa es la elevada natalidad. Salga usted de su casa y se encontrará con un mundo de embarazadas que cursan en los diversos periodos de gestación y de pequeñines de todas las edades. Parques, jardines, tiendas departamentales, restaurantes, cines, etc., en todas partes hay niños por doquier. Hoy ya existen señales alarmantes derivadas de la sobrepoblación, pero parece que nos vale. ¿Cuándo nos alcanzará el destino?
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