El cigarrillo electrónico: ¿malo o bueno?
No cabe duda que el ingenio de los seres humanos es inagotable y se hace más agudo cuando hay dinero de por medio. Eso ha pasado con el invento del cigarrillo electrónico <CE> el cual luego de surgir en China entró en el mercado en el 2003. De manera impresionante para el año 2014 ya había 466 marcas y más de 7 mil saborizantes en el mundo. Su creación vino a responder a la necesidad de sustituir a los cigarrillos convencionales causantes de daños a la salud y por lo mismo cada vez más perseguidos y aislados en su uso, por la normatividad sanitaria de la mayoría de los países integrantes de la Organización Mundial de la Salud.
El CE reproduce la experiencia de fumar, la que incluye la forma de sostenerlos entre los dedos, su inhalación y la exhalación de un vapor que se genera en un atomizador a partir de un cartucho líquido, aunque también de una cámara de vaporización que opera por medio de calentamiento electrónico, para lo cual se utiliza una batería que se activa por la inhalación o al presionar un botón.
Es de llamar la atención que su uso se ha triplicado en los Estados Unidos de Norteamérica, pero ojo, entre alumnos de secundaria y de preparatoria; es de destacar que dichos adolescentes inicialmente fumaban cigarrillos convencionales; puede decirse que los que nunca habían fumado registran un uso no significativo de tal cigarrillo. Obvio es que los adultos también lo usan, habiendo aumentado de 9.8 a 36.5% su uso en menos de un quinquenio. El problema del CE es que tiene un especial atractivo entre la juventud, pero lo peor es que existe un potencial adictivo porque se dicen libres de nicotina, pero la realidad es que se ha demostrado que eso es una vil mentira, por lo que su uso puede convertirse en un periodo de transición hacia los cigarrillos comunes y corrientes, y luego a las drogas ilegales. Aunque el contenido de nicotina declarado por los fabricantes varía de 0 (libre de nicotina) hasta 100 mg/ml, sin embargo, en los análisis químicos independientes se han registrados cifras muy por arriba de lo señalado. Todavía más grave es que otros componentes que se han hallado en el dispositivo o cartucho incluyen conservadores como el propilenglicol, etilenglicol, glicerol, estaño, plomo, nitrosaminas, níquel, cromo, metales diversos, compuestos orgánicos volátiles, compuestos carbamilo y compuestos fenólicos. En cuanto al costo, el gasto regular para un fumador de CE puede superar al de los cigarrillos convencionales.
Por otra parte, entre los componentes del CE se han detectado sustancias irritantes y/o carcinógenas como el formaldehido, acetaldehído y óxido de propileno, la acroleína del glicerol, nitrosaminas, metales, carbonilo, compuestos orgánicos volátiles y los fenólicos. Debido a la existencia de nicotina, ésta resulta ser altamente adictiva y muy peligrosa en los niños que podrían inhalar, ingerir o poner en contacto con su piel de manera accidental; en ese sentido en los Estados Unidos se ha incrementado el número de reportes por intoxicación relacionadas al CE. En relación a su uso cada vez más extendido, las organizaciones y sociedades médicas de prestigio internacional, como la Asociación Americana del Corazón y la Asociación Española de Neumología y Cirugía Torácica, han recomendado el impulso de la investigación de los efectos a la salud de tales dispositivos electrónicos, así como el monitoreo de los patrones y consecuencias de uso entre la población. Más importante aún es la posición de la OMS al respecto, pues ha recomendado que se impida la promoción del CE entre los no fumadores y entre la población joven, así como prohibir la difusión de resultados no comprobados de posibles efectos saludables derivados de su uso y proteger las políticas públicas de control de tabaco vigentes de los intereses comerciales impulsados por la industria tabacalera para promover y regularizar el uso del CE. Cabe señalar que la Food and Drug Administration no ha aprobado a los CE como herramienta para dejar de fumar. En nuestro país está prohibido. El problema es que la industria tabacalera a incorporado al CE entre sus productos y esto representa otra seria amenaza a la salud.
El CE reproduce la experiencia de fumar, la que incluye la forma de sostenerlos entre los dedos, su inhalación y la exhalación de un vapor que se genera en un atomizador a partir de un cartucho líquido, aunque también de una cámara de vaporización que opera por medio de calentamiento electrónico, para lo cual se utiliza una batería que se activa por la inhalación o al presionar un botón.
Es de llamar la atención que su uso se ha triplicado en los Estados Unidos de Norteamérica, pero ojo, entre alumnos de secundaria y de preparatoria; es de destacar que dichos adolescentes inicialmente fumaban cigarrillos convencionales; puede decirse que los que nunca habían fumado registran un uso no significativo de tal cigarrillo. Obvio es que los adultos también lo usan, habiendo aumentado de 9.8 a 36.5% su uso en menos de un quinquenio. El problema del CE es que tiene un especial atractivo entre la juventud, pero lo peor es que existe un potencial adictivo porque se dicen libres de nicotina, pero la realidad es que se ha demostrado que eso es una vil mentira, por lo que su uso puede convertirse en un periodo de transición hacia los cigarrillos comunes y corrientes, y luego a las drogas ilegales. Aunque el contenido de nicotina declarado por los fabricantes varía de 0 (libre de nicotina) hasta 100 mg/ml, sin embargo, en los análisis químicos independientes se han registrados cifras muy por arriba de lo señalado. Todavía más grave es que otros componentes que se han hallado en el dispositivo o cartucho incluyen conservadores como el propilenglicol, etilenglicol, glicerol, estaño, plomo, nitrosaminas, níquel, cromo, metales diversos, compuestos orgánicos volátiles, compuestos carbamilo y compuestos fenólicos. En cuanto al costo, el gasto regular para un fumador de CE puede superar al de los cigarrillos convencionales.
Por otra parte, entre los componentes del CE se han detectado sustancias irritantes y/o carcinógenas como el formaldehido, acetaldehído y óxido de propileno, la acroleína del glicerol, nitrosaminas, metales, carbonilo, compuestos orgánicos volátiles y los fenólicos. Debido a la existencia de nicotina, ésta resulta ser altamente adictiva y muy peligrosa en los niños que podrían inhalar, ingerir o poner en contacto con su piel de manera accidental; en ese sentido en los Estados Unidos se ha incrementado el número de reportes por intoxicación relacionadas al CE. En relación a su uso cada vez más extendido, las organizaciones y sociedades médicas de prestigio internacional, como la Asociación Americana del Corazón y la Asociación Española de Neumología y Cirugía Torácica, han recomendado el impulso de la investigación de los efectos a la salud de tales dispositivos electrónicos, así como el monitoreo de los patrones y consecuencias de uso entre la población. Más importante aún es la posición de la OMS al respecto, pues ha recomendado que se impida la promoción del CE entre los no fumadores y entre la población joven, así como prohibir la difusión de resultados no comprobados de posibles efectos saludables derivados de su uso y proteger las políticas públicas de control de tabaco vigentes de los intereses comerciales impulsados por la industria tabacalera para promover y regularizar el uso del CE. Cabe señalar que la Food and Drug Administration no ha aprobado a los CE como herramienta para dejar de fumar. En nuestro país está prohibido. El problema es que la industria tabacalera a incorporado al CE entre sus productos y esto representa otra seria amenaza a la salud.
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