Tatuarse la piel ya es una epidemia

Tatuarse alguna parte de la piel se ha convertido en una moda a nivel mundial. No hace mucho tiempo que nos fuimos acostumbrando a ver imágenes de individuos con tatuajes en la piel de las extremidades y del tronco; inmediatamente venían a nuestra mente las fotografías y videos de los llamados “marasalvatruchas”, grupos sociales de jóvenes rebeldes y no pocos de ellos adictos al tabaco, al alcohol e incluso a drogas ilegales, que se gestaron en los arrabales de la República de El Salvador y que luego se extendieron a los países vecinos de este último, incluida la República Mexicana; mozalbetes a los que popularmente se conoce en nuestro país como “cholos”. En sus inicios, esta ola de individuos tatuados fue muy mal vista, tratándoseles de manera despectiva y discriminatoria, a tal grado que se les detenía en la frontera de nuestro país con los Estados Unidos de Norteamérica por el hecho de observar un tatuaje en su piel.

Actualmente la moda del tatuaje ha cobrado un impresionante impulso, principalmente porque el marcado interés de las personas, jóvenes y maduras, contribuyó a que naciera un floreciente negocio, integrado por cientos de giros de todo tamaño y nivel de equipamiento e instalaciones. Ahora ya no son las clases populares las únicas atraídas por este fenómeno social del arte pictórico trasladado a la piel; son todas las clases sociales, de tal manera que no hay día y lugar donde no nos encontremos a bellas damas y atléticos caballeros, luciendo una gran variedad de dibujos plasmados con agujas u otros utensilios que inyectan tinta o algún otro pigmento bajo la epidermis de una persona en cualquier parte de su cuerpo. Eso sí, cada tatuaje es una marca indeleble y costosa, y si se intenta borrarla resulta ser demasiado doloroso el procedimiento. Cierto que la humanidad se ha dejado influenciar por la imagen de personajes del mundo del deporte, del arte y de la industria cinematográfica, principalmente, quienes hacen ostentación de su cuerpo marcado hasta por decenas de tales dibujos.

Pero lo que ahora es una moda que cursa de manera epidémica en el mundo, resulta que no es una novedad, pues su origen data desde los inicios de la civilización humana. Al respecto, es clásico el relato del cuerpo momificado de un guerrero, que, por hallazgo, fue encontrado en un bloque glaciar en los Alpes austro-italianos en 1991. Se confirmó que ese cadáver perteneció a un individuo que vivió en el periodo neolítico, entre siete y cuatro mil años antes de Cristo, observándose en él una serie de marcas en la espalda y en las rodillas, las que en un principio se consideraron que le fueron realizadas con un fin terapéutico parecido a la acupuntura. Muy adelante en el tiempo se sabe que el pueblo más propenso a tatuarse fue el polinesio y que originalmente esta acción se realizaba con huesos pulidos, de ahí que la palabra tatuaje provenga del idioma samoano, cuyo significado es “golpear el hueso”. Dicha práctica se iniciaba desde los ocho años y el objetivo era llegar a la vejez tatuado de los pies a la cabeza.

Tatuarse, representó en el pasado una señal de respeto, aunque también sirvió para amedrentar a los enemigos. Dicha práctica fue común entre los egipcios, con un sentido ritual a modo de ofrenda y adoración de sus dioses. Los romanos y griegos emplearon el tatuaje para marcar o señalar a los criminales. El arte del dibujo en la piel se extendió en el Continente Asiático, desde la India hasta Japón, adoptándose por las clases altas como ornamenta corporal. Sin embargo, se utilizó también para marcar a los delincuentes, de tal manera que la mafia japonesa llamada Yakuza la emplea para definir la escala jerárquica dentro de su organización. Se dice que los marinos que arribaron a la Polinesia se encargaron de extender dicha práctica a todo el planeta y que la tripulación del popular Capitán Cook la redescubrió en 1769, llevándola rápidamente por doquier. Finalmente, en nuestro continente los tatuajes también se utilizaron como una manera de adoración a los dioses, empleando para tal efecto pigmentos elaborados con flores y grasas vegetales y animales, pero solo para adornar sus cuerpos de manera temporal. Continuará…

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