Las grandes Bandas

Una organización que se llamó el Club de Amigos de la Buena Música, que no sé si tenga relación con el de Rafael Partida Castañeda (que se anuncia en una página web), seleccionó hace varias décadas, como un excelente material musical el denominado “Homenaje a las Grandes Bandas”, decisión por la cual estuve de acuerdo, porque durante mi niñez, juventud e inicios de mi edad adulta mi contacto con lo que puede llamarse la buena música llenó gran parte de mi vida; por supuesto que en ello tuvieron que ver mis padres, ya fallecidos. Por un lado, a mi madre le encantaban los tangos y los cantaba con una voz extraordinaria, y a mi padre, que también le gustaba el canto, se embelesaba con las canciones de Agustín Lara y sus intérpretes, Avelina Landín, Amparo Montes, Toña “La Negra”, Pedro Vargas, entre otros. Fueron los años 50´s y 60´s, aunque ambos ya tarareaban las melodías de estos y otros cantantes desde una década anterior.

Me tocó escuchar y saborear buena música, la que programaban las estaciones de radio de la hoy Ciudad de México: la XEW, XEQ, Radio Centro, Radio 620, Radio Universidad, Radio Variedades, la llamada “Pantera de la Juventud”, etc.; me acuerdo que había en una de ellas un slogan que decía “Música ligada a su recuerdo”, y de manera particular no me perdía el programa de una de ellas dedicado precisamente a las grandes Bandas, por lo que llegué a conocer y a apreciar a directores de orquesta extraordinarios, como Ray Anthony, Lex Baxter, Les Brown, Glen Gray, Billy May, Paul Weston, Stan Kenton, Harry James, Nelson Riddle, Jackie Gleason, Chuy Reyes, Benny Goodman, Dave Barbour y Cliffie Stons. Debo decir que muy poco escuché del famoso Glen Miller, fallecido en el ínterin de la 2ª. Guerra Mundial.

Por supuesto que me estremecí con la música de los melenudos de Liverpool, los famosos Beatles, y luego con el nacimiento de los múltiples grupos de música anglosajona. Fue una época de ensueño juvenil al escuchar a The Doors, The Rolling Stones, Credeence Clearwater Revival, The Outsiders, Elvis Presley y muchos más; y escuchar también a los conjuntos musicales de México y luego a sus solistas como los Teen Tops, los Rebeldes del Rock, los Hooligans, los Locos del Ritmo, los Apson, los Camisas Negras, Enrique Guzmán, César Costa, Alberto Vásquez, Angélica María, principalmente. También gusté y lo sigo haciendo, de la gran producción vernácula de nuestro país, con extraordinarios intérpretes; así mismo, de los grandes tríos que llenaron una época de oro. Realmente no tenía inclinación por ningún tipo de música. La enorme variedad era totalmente de mi agrado. Gocé con el impactante ritmo del Chachachá, del Danzón <con extraordinarias orquestas>, y el Mambo, con Dámaso Pérez Prado. Pero también disfruté enormemente con la música instrumental de Frank Pourcel, Mantovani, Billy Vaughn, Ray Coniff, últimamente con Richard Claiderman y localmente con el órgano melódico de Juan Torres.

Mención aparte merece mi predilección desde siempre por la música clásica; al respecto, no tengo alguna preferencia. De niño me causó un gran impacto haber escuchado a Nicolo Paganini, virtuoso del violín; pero también a afamados guitarristas españoles y mexicanos, y qué decir de Beethoven, Mozart, R. Strauss, Tchaikovsky, Rossini, Vivaldi, J. Strauss Junior, Haydn, Bizet, Mendelssohn, Schubert, Brahms, Wagner, Haendel, Puccini, Verdi, Dvorak, Ravel, Ketelbay, Bach, en fin, una pléyade de genios musicales que siguen brillando con luz propia. Escuchar música es saludable; es como reír y carcajearse todos los días. Una mente sana generalmente se correlaciona con un cuerpo sano. Pero ahora yo pregunto: ¿Las nuevas generaciones de niños y jóvenes realmente tienen un repertorio musical tan amplio y variado como el comentado? O, ¿Simplemente sus castos oídos están dedicados a escuchar música corriente, cuyo contenido es insulso y banal? Porque es cosa de todos los días que algunas de las radiodifusoras locales programan materiales sin sentido, de mal gusto, que se recordarán cuando más una semana, sobre todo de una corriente musical que ha invadido casi todo el país. ¿Estamos en franca decadencia social? ¿Es eso saludable?

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