Necesitamos vivir en paz
En la página web de concepto.de/paz/, se hace referencia al uso que cotidianamente hacemos de esa palabra universal, pues la mayoría de los humanos creemos que es un estado de tranquilidad y seguridad, que implica un estado de armonía que se encuentra liberado de acciones de guerra, conflictos y contratiempos. Su origen es la palabra latina pax y se la puede definir como un estado de bienestar, tranquilidad, estabilidad y seguridad, que se opone a situaciones de guerra o confrontación. Comúnmente anhelamos la paz en nuestro interior, en el hogar, en el país y entre las naciones, pero para que ese estado ocurra son imprescindibles dos condiciones: la tolerancia y la apertura al diálogo, lo cual es independiente de nuestros valores culturales. Por otra parte, la paz es una condición que todas las sociedades valoran.
Hay, por supuesto, decenas de definiciones acerca de la paz. Las Naciones Unidas definen la Cultura de Paz, “como un conjunto de valores, actitudes, comportamientos y estilos de vida que rechazan la violencia y previenen los conflictos, atacando a sus raíces a través del diálogo y la negociación entre los individuos, los grupos y los estados”. Al revisar la página web fund-culturadepaz.org/, destacan 40 definiciones de otras tantas celebridades en distintas materias <22 de marzo del 2009>, todas ellas por demás interesantes, producto del extraordinario y versátil raciocinio humano.
Se atribuye a Jesucristo el uso diario de esa palabra al saludar o dirigirse a sus discípulos o a las masas que lo seguían, haciéndose famosa la frase “la paz sea con vosotros”. Es también mundialmente célebre la frase del Benemérito de las Américas, Don Benito Pablo Juárez García, cuando a su regreso a la hoy Ciudad de México expidió un manifiesto fechado el 15 de julio de 1867, en el que expresó: “Mexicanos: Encaminemos ahora todos nuestros esfuerzos a obtener y a consolidar los beneficios de la paz. Bajos sus auspicios será eficaz la protección de las leyes y de las autoridades, para los derechos de todos los habitantes de la República”, y agregó: “Que el pueblo y gobierno respeten los derechos de todos. Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”.
La paz resulta ser uno de los bienes más preciados de la humanidad; vivir en paz permite el desarrollo y crecimiento social y económico; si hay paz hay trabajo y si existe éste se solventan o desahogan de algún modo las necesidades básicas como el alimento, educación, vivienda y vestido, y el disponer de servicios integrales de salud.
En México, a Juárez le tocó conducir las riendas del país en condiciones sumamente críticas, era el caos y no había un acendrado concepto de nación. De alguna manera, dejó preparado el camino para los años venideros. Otro oaxaqueño, el General Porfirio Díaz Mori, con su liderazgo y su visión de estadista, logró que durante su larga dictadura de más de tres décadas hubiera ese remanso de paz que tanto anhelaban todos los grupos sociales. Lamentablemente no cumplió con lo que atinadamente señala Francisco Bulnes en su obra “El verdadero Díaz y la Revolución”, editado por el Conaculta: “ Las funciones de un buen dictador son: dar paz sólida al país, capaz de tranquilizar las conciencias gravemente estropeadas por la anarquía; dar seguridad a todo el pueblo contra las empresas de los malhechores del orden común; hacer justicia de califa; dotar a la nación de una buena administración pública y procurar un progreso económico que determine gran bienestar material en la sociedad, particularmente en las clases populares”.
Hoy han surgido por doquier infinidad de seudo líderes, como aquellas facciones del siglo XIX, que convocan sin pudor alguno a la anarquía, a derrocar al gobierno, a una franca revolución; si se diera un estallido social como el que proponen, la magnitud de las consecuencias de semejantes actos de desatino, se acabaría la paz que de manera general ha prevalecido en nuestro país por casi un siglo. Esa no es la solución. Recordemos lo que viven los países actualmente en guerras intestinas. ¿Eso queremos los mexicanos? ¡No, menos ahora con Donald Trump enfrente!
Hay, por supuesto, decenas de definiciones acerca de la paz. Las Naciones Unidas definen la Cultura de Paz, “como un conjunto de valores, actitudes, comportamientos y estilos de vida que rechazan la violencia y previenen los conflictos, atacando a sus raíces a través del diálogo y la negociación entre los individuos, los grupos y los estados”. Al revisar la página web fund-culturadepaz.org/, destacan 40 definiciones de otras tantas celebridades en distintas materias <22 de marzo del 2009>, todas ellas por demás interesantes, producto del extraordinario y versátil raciocinio humano.
Se atribuye a Jesucristo el uso diario de esa palabra al saludar o dirigirse a sus discípulos o a las masas que lo seguían, haciéndose famosa la frase “la paz sea con vosotros”. Es también mundialmente célebre la frase del Benemérito de las Américas, Don Benito Pablo Juárez García, cuando a su regreso a la hoy Ciudad de México expidió un manifiesto fechado el 15 de julio de 1867, en el que expresó: “Mexicanos: Encaminemos ahora todos nuestros esfuerzos a obtener y a consolidar los beneficios de la paz. Bajos sus auspicios será eficaz la protección de las leyes y de las autoridades, para los derechos de todos los habitantes de la República”, y agregó: “Que el pueblo y gobierno respeten los derechos de todos. Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”.
La paz resulta ser uno de los bienes más preciados de la humanidad; vivir en paz permite el desarrollo y crecimiento social y económico; si hay paz hay trabajo y si existe éste se solventan o desahogan de algún modo las necesidades básicas como el alimento, educación, vivienda y vestido, y el disponer de servicios integrales de salud.
En México, a Juárez le tocó conducir las riendas del país en condiciones sumamente críticas, era el caos y no había un acendrado concepto de nación. De alguna manera, dejó preparado el camino para los años venideros. Otro oaxaqueño, el General Porfirio Díaz Mori, con su liderazgo y su visión de estadista, logró que durante su larga dictadura de más de tres décadas hubiera ese remanso de paz que tanto anhelaban todos los grupos sociales. Lamentablemente no cumplió con lo que atinadamente señala Francisco Bulnes en su obra “El verdadero Díaz y la Revolución”, editado por el Conaculta: “ Las funciones de un buen dictador son: dar paz sólida al país, capaz de tranquilizar las conciencias gravemente estropeadas por la anarquía; dar seguridad a todo el pueblo contra las empresas de los malhechores del orden común; hacer justicia de califa; dotar a la nación de una buena administración pública y procurar un progreso económico que determine gran bienestar material en la sociedad, particularmente en las clases populares”.
Hoy han surgido por doquier infinidad de seudo líderes, como aquellas facciones del siglo XIX, que convocan sin pudor alguno a la anarquía, a derrocar al gobierno, a una franca revolución; si se diera un estallido social como el que proponen, la magnitud de las consecuencias de semejantes actos de desatino, se acabaría la paz que de manera general ha prevalecido en nuestro país por casi un siglo. Esa no es la solución. Recordemos lo que viven los países actualmente en guerras intestinas. ¿Eso queremos los mexicanos? ¡No, menos ahora con Donald Trump enfrente!
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