Hambruna
Al momento de escribir este artículo la población humana en el mundo ya era de casi 7 mil 491 millones de habitantes y de seguir a ese ritmo se estima que al concluir el 2017 habrán más de 27 millones de personas más, casi 260 mil cada día. A cambio de ello, se esperan cerca de 12 millones de defunciones en el mismo periodo. Tan solo a las 14:00 horas del jueves 16 de marzo ya se habían contabilizado 91,650 muertes en el planeta. Así, el crecimiento natural de la población será de casi 17 millones de seres humanos. Lo trascendente es que en ese maremágnum de cifras existe un situación contrastante, pues mientras existen con sobrepeso y obesidad más de 2 mil 300 millones, que representan el 31% de la población mundial, se calcula en casi 800 millones de individuos, 11% del total, los que se encuentran con algún grado de desnutrición y por lo tanto padecen hambre, es decir, son marginados y vulnerables, social y económicamente. Lo peor es la existencia real de personas, sobre todo niños, que actualmente se están muriendo de inanición en una de las hambrunas más terribles que se recuerden en la historia de la humanidad.
Las fotografías e imágenes en video que circulan en todos los medios de comunicación son terriblemente patéticas, mostrándonos rostros y cuerpos famélicos, ojos hundidos, sin lágrimas, rodeados de moscas, casi resignados a su infortunada y triste suerte, en brazos o al lado de sus madres en los cientos de aldeas rurales de los países africanos que hoy enfrentan ese grave problema. Cinco son las naciones que se hayan al borde de una catástrofe alimenticia: Somalia, Kenia, Yemen, Sudan del Sur y el este de Nigeria. Al respecto, Stephen O’Brien, secretario general adjunto de la Organización de las Naciones Unidas, ONU, y responsable de la oficina para la coordinación de Asuntos Humanitarios y Ayuda de Emergencia, expresó textualmente ante el Consejo de Seguridad de dicha organización, que «estamos ante un momento crucial en la historia. Cuando acaba de comenzar el año nos encontramos frente a la mayor crisis humanitaria desde que se creó en 1945 Naciones Unidas»; advirtió, además, que si no se interviene a la brevedad en los países afectados 20 millones de personas perecerán en breve tiempo. «La gente se está muriendo de hambre», alertó O’Brien a los representantes de los quince miembros del Consejo de Seguridad. «La situación de la gente es urgente, y extrema. Las cosas sólo empeorarán si la comunidad internacional no responde. Esos países tienen una cosa en común: el conflicto. Esto significa que nosotros –vosotros– tenemos la posibilidad de prevenir y terminar con esta miseria y sufrimiento. Naciones Unidas y sus socios pueden actuar, pero necesitamos más fondos. Todo se puede prevenir», expresó lacónicamente O’Brien.
Se atribuye a esta impresionante hambruna a la bárbara, devastadora y crónica sequía que padecen esas naciones, pero también a los severos efectos de los violentos conflictos bélicos que sufren de antaño; así mismo, Meritxell Relaño, de la UNICEF comentó que «Los niños no se mueren tan solo por falta de comida, sino por las enfermedades asociadas a la misma», y que la falta de agua y saneamiento está «generando enfermedades» que pueden ser mortales, como el cólera, del que ya hay 18,000 posibles casos. Todavía más, los países donde hoy se enseñorea la muerte, son víctimas de múltiples enfermedades infecciosas y parasitarias, entre las que destacan el paludismo, la tuberculosis, el sida, las diarreas y la neumonía. Es un círculo vicioso y perverso de hambre-desnutrición severa-enfermedades asociadas y muerte.
El propio O´Brien explicó ante el Consejo de Seguridad de la ONU, que en la Conferencia de Oslo, catorce países donantes prometieron un total de 672 millones de dólares, de los que 458 serían para ayuda humanitaria en este año, sin embargo se consideran insuficientes ante la magnitud del problema, pues la misma ONU estimó que se necesitarían unos 4 mil millones de dólares para finales de marzo con el fin de evitar lo que ya se considera como irremisible. En nuestro país también hay desnutrición y hambre, pero parece que hacemos oídos sordos ante el clamor de los africanos.
Las fotografías e imágenes en video que circulan en todos los medios de comunicación son terriblemente patéticas, mostrándonos rostros y cuerpos famélicos, ojos hundidos, sin lágrimas, rodeados de moscas, casi resignados a su infortunada y triste suerte, en brazos o al lado de sus madres en los cientos de aldeas rurales de los países africanos que hoy enfrentan ese grave problema. Cinco son las naciones que se hayan al borde de una catástrofe alimenticia: Somalia, Kenia, Yemen, Sudan del Sur y el este de Nigeria. Al respecto, Stephen O’Brien, secretario general adjunto de la Organización de las Naciones Unidas, ONU, y responsable de la oficina para la coordinación de Asuntos Humanitarios y Ayuda de Emergencia, expresó textualmente ante el Consejo de Seguridad de dicha organización, que «estamos ante un momento crucial en la historia. Cuando acaba de comenzar el año nos encontramos frente a la mayor crisis humanitaria desde que se creó en 1945 Naciones Unidas»; advirtió, además, que si no se interviene a la brevedad en los países afectados 20 millones de personas perecerán en breve tiempo. «La gente se está muriendo de hambre», alertó O’Brien a los representantes de los quince miembros del Consejo de Seguridad. «La situación de la gente es urgente, y extrema. Las cosas sólo empeorarán si la comunidad internacional no responde. Esos países tienen una cosa en común: el conflicto. Esto significa que nosotros –vosotros– tenemos la posibilidad de prevenir y terminar con esta miseria y sufrimiento. Naciones Unidas y sus socios pueden actuar, pero necesitamos más fondos. Todo se puede prevenir», expresó lacónicamente O’Brien.
Se atribuye a esta impresionante hambruna a la bárbara, devastadora y crónica sequía que padecen esas naciones, pero también a los severos efectos de los violentos conflictos bélicos que sufren de antaño; así mismo, Meritxell Relaño, de la UNICEF comentó que «Los niños no se mueren tan solo por falta de comida, sino por las enfermedades asociadas a la misma», y que la falta de agua y saneamiento está «generando enfermedades» que pueden ser mortales, como el cólera, del que ya hay 18,000 posibles casos. Todavía más, los países donde hoy se enseñorea la muerte, son víctimas de múltiples enfermedades infecciosas y parasitarias, entre las que destacan el paludismo, la tuberculosis, el sida, las diarreas y la neumonía. Es un círculo vicioso y perverso de hambre-desnutrición severa-enfermedades asociadas y muerte.
El propio O´Brien explicó ante el Consejo de Seguridad de la ONU, que en la Conferencia de Oslo, catorce países donantes prometieron un total de 672 millones de dólares, de los que 458 serían para ayuda humanitaria en este año, sin embargo se consideran insuficientes ante la magnitud del problema, pues la misma ONU estimó que se necesitarían unos 4 mil millones de dólares para finales de marzo con el fin de evitar lo que ya se considera como irremisible. En nuestro país también hay desnutrición y hambre, pero parece que hacemos oídos sordos ante el clamor de los africanos.
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