La fama

Dícese de la palabra latina: fama, que tal expresión lleva implícitas connotaciones tales como notoriedad, popularidad, honra, aceptación, celebridad, gloria, renombre y aureola. Fama es también el nombre de conocida diosa de la mitología griega y adoptada después por la mitología romana. Feme, que así se llamaba, era la encargada de esparcir los rumores y los hechos de las personas, pero sin distinguir si eran ciertos o falsos. Se relaciona a la fama con los términos éxito, auge y triunfo; además, generalmente la entendemos desde el punto de vista positivo o bueno, pero también hay que verla desde la otra cara de la moneda, es decir el lado malo o negativo. La fama viene a ser producto de la opinión que se tiene de una persona o de un objeto o de una cosa. En relación a estos últimos existen infinidad de ejemplos, tal es el caso del famoso naufragio del Titanic o la publicación de un determinado libro que se convierte en best seller, cuyo autor o autores pasan a un segundo término; hasta animales han sido objeto de fama como sucedió con Moby Dick, la ballena asesina y los perros Rintintin y Lassie; existen también renombradas bebidas alcohólicas que tienen fama internacional.

En el caso de las personas, hombres o mujeres, las que ostentan cierta fama son generalmente personajes públicos o célebres, sumamente conocidos y reciben una mediática atención con la intervención de los medios de comunicación masiva; de ahí que el estatus de fama sea frecuente entre actores, deportistas, artistas de todo género, empresarios y políticos. Es tal el grado de la fama que incluso existen salas especiales donde se rinde culto a determinadas figuras; esto lo observamos sobre todo en los deportes. En ciertas ciudades hasta se dan el lujo de tener un “paseo de la fama”, como son los casos de las ciudades de Hollywood y Miami. Pero hay personas que adquirieron una mala fama por sus problemas de conducta, como es el caso de Paris Hilton, rica heredera del vecino país del norte. Y se volvieron famosos quienes se convirtieron en asesinos o intervinieron solos o acompañados en sendos atentados perpetrados contra personajes famosos, tales como José de León Toral, León Trotsky, John Lennon, Juan Pablo II, Ronald Reagan, Robert Kennedy, etc.

Se han dado casos en los que las personas no han logrado ninguna hazaña o hecho relevante, como sucede muy a menudo entre determinadas “estrellas” del reality show, pero gozan de una gran fama y popularidad; ejemplo de ello lo es Kim Kardashian y sus consanguíneas, las que además, mantienen sendos records de seguidores por medio de las redes sociales. La fama, sin embargo, es resultado de la opinión que formamos en las demás personas de nuestro entorno, como consecuencia de nuestros actos, expresiones o decisiones. De esa manera podemos crearnos una buena fama, entiéndase también como una buena reputación, o una fama negativa, debido a una mala opinión sobre nuestra persona. En un momento dado es aceptable y muy cierto el refrán que dice “crea fama y échate a dormir”, y dependerá si aquella es positiva o negativa, para poder conservarla.

La vida de los famosos pasa de la privacidad a ser pública, pues es del conocimiento de todos y aunque es un fenómeno que se considera muy actual, puede decirse que es a partir del siglo XX que hoy no solo gozan de fama quienes han destacado en la ciencia, en las artes, en la academia, en la música y en otros campos del quehacer humano, pues también curiosamente se nace con fama, como es el caso de los herederos de la realeza. De cualquier manera, la fama es pasajera y se goza mientras perdura el periodo que se vive de ella. La fama va tomada de la mano con el poder, por lo que mientras se dispone de aquella, este último se hace omnipresente de muchas maneras, volviéndose una especie de “abre puertas” para casi todo. El famoso tiene “amigos”, “seguidores”, “aduladores”; cuando la fama se va o se acaba, solo queda la soledad. Ejemplo de ello es el servicio público y la política. De ahí que les recomiende a los que hoy gozan de sus 5 minutos de fama, la frase de Horace Greeley: “La fama es un efluvio; la popularidad un accidente; las riquezas, efímeras. Solo una cosa perdura: el carácter”.

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