David Kershenobich, destacado médico mexicano
En el último suplemento dominical de Noticias, voz e imagen de Oaxaca, apareció el reportaje de Natalia Vitela de la Agencia Reforma, titulado “Líderes Septuagenarios”, dedicado al Dr. David Kershenobich Stalnikowitz, que a sus 74 años es el Director General del prestigiado Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición “Salvador Zubirán”, INCMyNSZ. Se observa en el artículo una fotografía en la que el famoso médico se halla acompañado de su familia el día que le fue entregado el Premio Nacional de Ciencias, en el mes de diciembre del 2016, de manos del presidente de la República. No entraré en detalles respecto del contenido del magnífico reportaje, más bien pretendo sumar, para que los amables lectores calibren la dimensión de dicho personaje, uno de los médicos mexicanos más brillantes de los últimos 50 años.
Me remonto para ello al mes de agosto del año pasado, cuando el Dr. Kershenobich dictó una conferencia magistral al término de la ceremonia del Premio a la Excelencia Académica, organizada por la Asociación Mexicana de Facultades y Escuelas de Medicina, AMFEM, y el Instituto Científico Pfizer, acto que fue presidido por el Dr. José Narro Robles, Secretario de Salud federal y que tuvo lugar en el auditorio de la Academia Nacional de Medicina, de la cual fue presidente el propio Dr. Kershenobich en el periodo 2010-2012. En ese recinto, los invitados de honor fueron los mejores estudiantes de medicina de todo el país, los que prácticamente habían concluido sus estudios y en este acto representaban a sus Facultades y Escuelas, públicas y privadas. Cuando llegó el turno del Dr. Kershenobich, la lectura de su amplio curriculum ocupó por lo menos diez minutos por parte del maestro de ceremonias. Quiero destacar lo más relevante.
Realizó su residencia en Medicina Interna y Gastroenterología en el mismo INCMyNSZ; luego se especializó en Hepatología en el Royal Free Hospital de Londres; en esa misma ciudad cursó el Doctorado en Medicina; creó la primera clínica del hígado en la Ciudad de México; sus investigaciones han estado dirigidas a la fisiopatología de la Cirrosis hepática, demostrando, por primera vez que ésta puede ser reversible; es pionero de la investigación clínica de la Hepatitis “C” en México; sus investigaciones se hayan plasmadas en 201 artículos, 4 libros y 85 capítulos de libro; el número de citas a sus trabajos es mayor a 3 mil; es investigador emérito nivel III en el Sistema Nacional de Investigadores ; fue Secretario del Consejo de Salubridad General; miembro honorario del Royal Collage of Physicians de Inglaterra; en 2015 recibió el Doctorado Honoris Causa en la UNAM; en ese mismo año recibió la medalla al Mérito en Ciencias por parte de la Asamblea Legislativa del entonces Distrito Federal. Al inicio de su intervención comentó la invitación que en el año 2000 se le hiciera para participar en la edición del libro “Cartas a un joven mexicano estudiante de medicina”. Recordó que él expresó en su carta que los estudiantes de medicina deben acudir a la lectura de las revistas médicas que gozan de prestigio a nivel internacional y mantenerse actualizados toda la vida durante su ejercicio profesional. Comentó que la medicina del siglo XXI se perfila hacia la biología molecular y sus consecuencias, lo que va a transformar la medicina, enfocándose a los 3 mil millones de bases que conforman cada hélice de DNA; ello ya está cambiando los conceptos de fisiopatología y la manera de cómo se fabricarán y ministrarán los medicamentos; además, dijo, que vendrán nuevas enfermedades, que se convertirán en grandes desafíos para las nuevas generaciones de médicos. Expresó que ya tenemos la posibilidad de hacer terapia génica, de manipular los genes, de prevenir las enfermedades que ahora se consideran como incurables, las llamadas crónicas no infecciosas, y con eso, poder alargar la sobrevida de la población, aunque la atención de estas enfermedades ya no nada más es un asunto de biología molecular. Pero sí se pueden curar, exclamó. Felicitó a los nuevos médicos, exhortándolos para que sean ellos los que logren los nuevos triunfos de la medicina.
Me remonto para ello al mes de agosto del año pasado, cuando el Dr. Kershenobich dictó una conferencia magistral al término de la ceremonia del Premio a la Excelencia Académica, organizada por la Asociación Mexicana de Facultades y Escuelas de Medicina, AMFEM, y el Instituto Científico Pfizer, acto que fue presidido por el Dr. José Narro Robles, Secretario de Salud federal y que tuvo lugar en el auditorio de la Academia Nacional de Medicina, de la cual fue presidente el propio Dr. Kershenobich en el periodo 2010-2012. En ese recinto, los invitados de honor fueron los mejores estudiantes de medicina de todo el país, los que prácticamente habían concluido sus estudios y en este acto representaban a sus Facultades y Escuelas, públicas y privadas. Cuando llegó el turno del Dr. Kershenobich, la lectura de su amplio curriculum ocupó por lo menos diez minutos por parte del maestro de ceremonias. Quiero destacar lo más relevante.
Realizó su residencia en Medicina Interna y Gastroenterología en el mismo INCMyNSZ; luego se especializó en Hepatología en el Royal Free Hospital de Londres; en esa misma ciudad cursó el Doctorado en Medicina; creó la primera clínica del hígado en la Ciudad de México; sus investigaciones han estado dirigidas a la fisiopatología de la Cirrosis hepática, demostrando, por primera vez que ésta puede ser reversible; es pionero de la investigación clínica de la Hepatitis “C” en México; sus investigaciones se hayan plasmadas en 201 artículos, 4 libros y 85 capítulos de libro; el número de citas a sus trabajos es mayor a 3 mil; es investigador emérito nivel III en el Sistema Nacional de Investigadores ; fue Secretario del Consejo de Salubridad General; miembro honorario del Royal Collage of Physicians de Inglaterra; en 2015 recibió el Doctorado Honoris Causa en la UNAM; en ese mismo año recibió la medalla al Mérito en Ciencias por parte de la Asamblea Legislativa del entonces Distrito Federal. Al inicio de su intervención comentó la invitación que en el año 2000 se le hiciera para participar en la edición del libro “Cartas a un joven mexicano estudiante de medicina”. Recordó que él expresó en su carta que los estudiantes de medicina deben acudir a la lectura de las revistas médicas que gozan de prestigio a nivel internacional y mantenerse actualizados toda la vida durante su ejercicio profesional. Comentó que la medicina del siglo XXI se perfila hacia la biología molecular y sus consecuencias, lo que va a transformar la medicina, enfocándose a los 3 mil millones de bases que conforman cada hélice de DNA; ello ya está cambiando los conceptos de fisiopatología y la manera de cómo se fabricarán y ministrarán los medicamentos; además, dijo, que vendrán nuevas enfermedades, que se convertirán en grandes desafíos para las nuevas generaciones de médicos. Expresó que ya tenemos la posibilidad de hacer terapia génica, de manipular los genes, de prevenir las enfermedades que ahora se consideran como incurables, las llamadas crónicas no infecciosas, y con eso, poder alargar la sobrevida de la población, aunque la atención de estas enfermedades ya no nada más es un asunto de biología molecular. Pero sí se pueden curar, exclamó. Felicitó a los nuevos médicos, exhortándolos para que sean ellos los que logren los nuevos triunfos de la medicina.
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