¡Cuidado con los antibióticos!
El descubrimiento de la penicilina por parte del bacteriólogo británico Alexander Fleming en 1928, abrió el camino para el desarrollo del primer antibiótico efectivo en la historia de la medicina. Pero no fue el primero en introducirse en ese campo experimental, pues antes, en 1877, el famoso sabio francés Louis Pasteur, microbiólogo, ya había dado a conocer sus observaciones, que fueron las primeras, acerca de las reacciones antibióticas con diferentes bacterias, al estudiarlas en medios de cultivo; se le reconoce por haber sido el primero en formular la ley fundamental de la acción antibiótica. Pocos años después, en 1896 un estudiante de medicina, también francés, Ernest Augustin Duchese de la Universidad de Lyon, observó el crecimiento de ciertas bacterias y mohos como el Penicillium glaucum y encontró un determinado antagonismo entre los microorganismos, lo que lo llevó a deducir que eso era resultado de la producción de sustancias tóxicas. Una década después de Fleming, los investigadores Howard Florey y Ernst Boris Chain, bioquímicos ingleses, lograron aislar la penicilina, lo que permitió la aplicación terapéutica de dicho antibiótico, estableciéndose con ello las condiciones necesarias para su producción a gran escala. Como es sabido, el estallido de la 2ª Guerra Mundial impulsó, irónicamente, de manera impresionante y en muy corto tiempo, el desarrollo de la ciencia y de la tecnología, y en el tema que nos ocupa la producción masiva de ese antibiótico, lo que facilitó que en poco tiempo la población civil se beneficiara de tan noble descubrimiento científico.
Lo que sucedió después fue verdaderamente extraordinario, pues se inició la era de la antibioticoterapia, generándose una gran variedad de fármacos dirigidos al tratamiento de las enfermedades infecciosas, las llamadas transmisibles, lo que trajo como consecuencia un vertiginoso descenso de la morbilidad y mortalidad en todos los grupos de edad, modificándose de manera estrepitosa los cuadros estadísticos de las primeras 20 causas de enfermedad y muerte, a tal grado que ahora ocupan lugares muy secundarios y en su lugar han sido sustituidas, principalmente, por las llamadas enfermedades crónico degenerativas. Elevándose la esperanza de vida. La realidad es que antes de la aparición de la penicilina y luego del rosario de antibióticos que le sucedieron, el arsenal terapéutico de los médicos no les permitía sanar a sus pacientes cuando sufrían del ataque, por así decirlo, de microorganismos patógenos. Es cierto que la medicina había logrado un notable avance con los estudios de Ignaz Philipp Semmmelweis sobre la propagación de la fiebre puerperal en 1847, lo que influyó para que a partir de 1865 se aplicara la llamada antisepsia, tratamiento atribuido al cirujano británico Joseph Lister, el que ya tenía conocimiento de las observaciones del propio Pasteur en relación a la existencia de los microorganismos. De ahí que Lister opinara que estos flotan en el aire, llegan a la herida de una intervención quirúrgica y pueden provocar infecciones; por ello recomendó el uso del fenol sobre la herida abierta. No fue sino hasta 1880 que los bacteriólogos lograron identificar la causa de la infección de las heridas y que los gérmenes son transportados sobre todo por el uso de instrumental quirúrgico, las manos y las gasas infectados; a partir de entonces se adoptó el procedimiento denominado asepsia. A pesar de ello pasaron todavía casi 75 años para el uso generalizado de los antibióticos.
Sin embargo, a pesar de su inobjetable apoyo terapéutico, el Dr. Jaime Sepúlveda Amor, Director del Instituto de Salud Global de la Universidad de California, USA, y su colega, la Dra. Mary Wilson, hacen un llamado de alerta ante el abuso de los antibióticos, pues señalan que el 50% de las prescripciones con esos fármacos son innecesarias, lo que se ha traducido en una creciente resistencia antimicrobiana a nivel mundial (Reforma. 28/11/2019) y como consecuencia, en un incremento de la mortalidad por infecciones resistentes a los antibióticos. Es imprescindible e impostergable que Médicos y pacientes hagan causa común para evitar que dicha situación se agrave.
Lo que sucedió después fue verdaderamente extraordinario, pues se inició la era de la antibioticoterapia, generándose una gran variedad de fármacos dirigidos al tratamiento de las enfermedades infecciosas, las llamadas transmisibles, lo que trajo como consecuencia un vertiginoso descenso de la morbilidad y mortalidad en todos los grupos de edad, modificándose de manera estrepitosa los cuadros estadísticos de las primeras 20 causas de enfermedad y muerte, a tal grado que ahora ocupan lugares muy secundarios y en su lugar han sido sustituidas, principalmente, por las llamadas enfermedades crónico degenerativas. Elevándose la esperanza de vida. La realidad es que antes de la aparición de la penicilina y luego del rosario de antibióticos que le sucedieron, el arsenal terapéutico de los médicos no les permitía sanar a sus pacientes cuando sufrían del ataque, por así decirlo, de microorganismos patógenos. Es cierto que la medicina había logrado un notable avance con los estudios de Ignaz Philipp Semmmelweis sobre la propagación de la fiebre puerperal en 1847, lo que influyó para que a partir de 1865 se aplicara la llamada antisepsia, tratamiento atribuido al cirujano británico Joseph Lister, el que ya tenía conocimiento de las observaciones del propio Pasteur en relación a la existencia de los microorganismos. De ahí que Lister opinara que estos flotan en el aire, llegan a la herida de una intervención quirúrgica y pueden provocar infecciones; por ello recomendó el uso del fenol sobre la herida abierta. No fue sino hasta 1880 que los bacteriólogos lograron identificar la causa de la infección de las heridas y que los gérmenes son transportados sobre todo por el uso de instrumental quirúrgico, las manos y las gasas infectados; a partir de entonces se adoptó el procedimiento denominado asepsia. A pesar de ello pasaron todavía casi 75 años para el uso generalizado de los antibióticos.
Sin embargo, a pesar de su inobjetable apoyo terapéutico, el Dr. Jaime Sepúlveda Amor, Director del Instituto de Salud Global de la Universidad de California, USA, y su colega, la Dra. Mary Wilson, hacen un llamado de alerta ante el abuso de los antibióticos, pues señalan que el 50% de las prescripciones con esos fármacos son innecesarias, lo que se ha traducido en una creciente resistencia antimicrobiana a nivel mundial (Reforma. 28/11/2019) y como consecuencia, en un incremento de la mortalidad por infecciones resistentes a los antibióticos. Es imprescindible e impostergable que Médicos y pacientes hagan causa común para evitar que dicha situación se agrave.
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