¿Necesitamos una supervacuna?

Durante mi formación como estudiante de la Facultad de Medicina de la UNAM, adquirí “Los cazadores de microbios”, de la Editorial Época, S.A. Se trataba de un pequeño libro, de pastas rojas, cuyo autor es el Dr. Paul de Kruif. En su presentación se dice que “Desde que Antonio van Leeuwenhoek, con su microscopio de una sola lente pulida de un modo especial, describió las bacterias que encontró en su propia boca, el mundo de los microorganismos ha apasionado al hombre, y no sólo porque a éste lo atraen tanto lo infinitamente grande como lo inmensamente pequeño, sino porque en el conocimiento de estos seres microscópicos ha encontrado la clave para curar muchas de las enfermedades que desde tiempo inmemorial lo han aquejado, provocando lesiones irremediables en su cuerpo, enfermedades que transmite a quienes lo rodean y la misma muerte. De la cacería de los microbios se han derivado muchos de los preceptos de la higiene y la medicina modernas, y sin ella no habría sido posible contener las grandes plagas que como la tuberculosis, la poliomielitis, la sífilis, la lepra, la peste bubónica y la fiebre amarilla asolaron a la humanidad torturándola y aniquilándola.”

Traducida a todos los idiomas cultos, constituye una obra clásica en esta nueva literatura de divulgación que es la mitad tratado científico y mitad novela policial. Vale la pena destacar que el Dr. Paul de Kruif nació en Michigan, Estados Unidos de América, aunque de origen holandés; muy joven, a los 26 años, fue nombrado catedrático supernumerario de Bacteriología de la Universidad de su ciudad; investigador nato publicó los resultados de sus estudios en el Instituto Pasteur, de París; en el Instituto Central de Dijón, Francia; en el Instituto Rockefeller de Nueva York y en algunas otras instituciones científicas. Por las páginas del libro que comento aparecen en orden cronológico cada uno de los extraordinarios personajes, “cazadores de microbios”, desde Antonio van Leeuwenhoek, nacido en 1632, creador del microscopio y por lo mismo, el primer ser humano que con sus extraordinarias lentes logró que sus ojos penetraran al increíble mundo de lo pequeño; posteriormente circulan entre las 365 páginas Lazzaro Spallanzani, Louis Pasteur, Roberto Koch, Emilio Roux, Emilio Augusto Behring, Federico Loeffler, Elías Metchnikoff, Teobaldo Smith, David Bruce, Battista Grassi, Walter Red, Carlos Finlay y Pablo Ehrlich. Un recorrido por casi cuatro siglos de ciencia, que abarca hasta el año de 1910. Faltarían por integrar a una obra como esta, a todos los científicos que en más de un siglo han contribuido para que actualmente los seres humanos podamos tener una esperanza de vida cercana, en promedio, a los 80 años. Casi al final de su libro Paul de Kruif vierte estas hermosas palabras: … “Tan seguro como que el sol ha de seguir a la aurora de mañana, es que han de venir otros cazadores de microbios que moldearán balas mágicas más seguras y más inocuas, que barrerán para siempre los microbios más malignos de los que hemos hablado en este libro”.

Y esto último es lo que hasta el momento se antoja como una mera utopía, pues a pesar de los impresionantes avances tecnológicos de la ciencia médica, incluso de la posibilidad de construir el genoma de los microorganismos como el coronavirus, sin embargo, sus características intrínsecas tan difíciles de descifrar, en cuanto a su comportamiento una vez que han penetrado y se han multiplicado en los seres humanos, imposibilitan por el momento llegar a pensar que se les va a vencer, eliminar y erradicar para siempre. La realidad, como lo expresé en un artículo pasado, cada año la OMS da cuenta de una nueva calamidad; ya no son las bacterias las que nos preocupan tanto, salvo el hecho de que crean multiresistencia por el uso inapropiado de los antibióticos, lo que es también muy delicado; el mundo que no vemos con nuestros ojos, el microscópico, es ya de los virus: VIH, Ébola, Dengue, Chikungunya, Zika, Influenza por AH1N1 y variantes y ahora el Covid-19. Si no llegamos al uso de una supervacuna para todos ellos y los que falten, o blindemos con no sé qué nuestro sistema inmunológico, un maldito virus mortal acabará con la especie humana.

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