¿Por qué no tenemos atención médica de primer mundo?
A los mexicanos nos ha costado mucho haber construido un sistema
nacional de salud, con todo y sus imperfecciones. Los cimientos datan
desde la década de los años 40´s con la creación de las instituciones
base del sector público de la salud: la entonces Secretaría de Salubridad
y Asistencia y el IMSS en 1943, y en 1959 el ISSSTE. En 1984 la primera
cambiaría de nombre por el de Secretaría de Salud, SSA. Fue, durante
la segunda mitad del siglo XX que se constituyeron y fortalecieron las
cerca de 50 especialidades médicas con sus respectivos consejos y los
médicos generales también se integraron en su propia organización
profesional. Podría afirmar que en ese lapso se fueron creando las
llamadas subespecialidades, ramas, por así decirlo, de casi todas las
especialidades. Otro avance de trascendencia se observó en el campo
de la formación de recursos humanos para la salud, tanto profesionales
y técnicos, destacando fundamentalmente el personal médico y de
enfermería.
No fue nada fácil para la SSA, en su función rectora del sector, establecer
y mantener la debida coordinación con sus contrapartes, el IMSS y el
ISSSTE, instituciones de seguridad social, además de haber sumado a
los servicios médicos y asistenciales de otras dependencias como en el
caso de las fuerzas armadas, PEMEX, CFE y el DIF. Gracias a ello, en el
periodo de 1975 al año 2000, se lograron importantes avances en
indicadores tales como la esperanza de vida, la mortalidad general y por
grupos de edad, con énfasis en los impresionantes descensos de la
mortalidad materna y en los menores de 15 años. Se observó entonces
la llamada transición epidemiológica por efecto de las acciones del sector
público de la salud, pues las enfermedades transmisibles se redujeron
ostensiblemente, dando paso a las enfermedades crónicas y
degenerativas, para que ocuparan estas los primeros lugares de la
mortalidad. Destaca la disminución de casos y muertes por diarreas y
por infecciones respiratorias agudas, y el impresionante abatimiento de
las llamadas enfermedades prevenibles por vacunación se constituyó en
un modelo a seguir a nivel mundial. Por su relevancia, no se puede
soslayar la eliminación de la poliomielitis y casi la desaparición de
enfermedades que eran un flagelo, principalmente para la niñez.
En cuanto a la infraestructura en inmuebles y equipamiento,
contratación e incorporación de recursos humanos para la salud de las
ramas médica, paramédica y administrativa en las instituciones del
sector público, no hay punto de comparación en cuanto a su crecimiento
y desarrollo observado en los últimos 75 años. Los resultados de todas
las intervenciones sanitario asistenciales están registrados año con año.
Sin embargo, es innegable que podríamos haber avanzado hasta una
medicina de primer mundo si no se hubieran presentado las siguientes
situaciones: Un miserable porcentaje del PIB para gasto en salud, en el
que gran parte de culpa ha sido del poder legislativo, porque, estoy
convencido, que ningún secretario de salud federal ha dejado de solicitar
y exigir en su gestión el ansiado incremento; ese magro porcentaje ha
impedido una mayor infraestructura, renovación del mobiliario y equipo
obsoleto, la aplicación de un programa de conservación y
mantenimiento, suficientes recursos humanos y el abastecimiento
completo de toda clase de insumos y medicamentos. En segundo lugar,
hay que considerar la deficiente vigilancia en el manejo de las
aportaciones federales en el ramo de la salud a los gobiernos de los
estados, lo que permitió una perversa corrupción e impunidad,
construyéndose unidades de salud sin ton ni son, las que al final
quedaron inconclusas y que las áreas de finanzas convirtieran los
recursos federales en la caja chica de los gobiernos en turno. Es obvio
que ha habido sus excepciones en el país.
Mientras México no disponga de un significativo porcentaje del PIB para
gasto en salud, no exista una estricta auditoría en el manejo del
presupuesto federal en la materia y los servidores públicos no cumplan
con el perfil para puestos de dirección en los distintos niveles de la
organización del sector salud, no podemos aspirar a una atención
sanitario asistencial de primer mundo.
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