¿Suspensión de la Guelaguetza por salud pública?

Hasta esta fecha, 21 de mayo, no existe información oficial de que la magna fiesta de nuestro estado se suspenda o se cancele, cuando en otras latitudes del mundo se han pospuesto o de plano cancelado espectáculos de toda índole, a pesar de estar en juego elevados intereses económicos de los organizadores, patrocinadores y medios masivos de comunicación. Vamos, nadie se hubiera atrevido a imaginar al inicio de la pandemia, hasta dónde iba a impactar su explosiva y exponencial transmisión, a tal grado que los Juegos Olímpicos a celebrarse en Japón en el mes de julio tuvieron que posponerse para el verano del 2021. Cierto es que otros eventos deportivos como las carreras de automóviles de la fórmula 1, de motociclismo, las del ciclismo del tour de Francia y de los giros de España y de Italia, los grandes torneos de tenis llamados Grand Slam, como el Roland Garros, Wimbledon y USA, en París, Londres y Nueva York, respectivamente, el futbol de las principales ligas de Europa, el beisbol en el continente asiático, ese mismo deporte, el basquetbol y el futbol americano en los Estados Unidos de América y en otros países, se han reiniciado, aún con estadios vacíos o están pendientes de reprogramación de fechas, pero con cierta incertidumbre. De las actividades culturales y recreativas como los conciertos de ópera y de otro tipo de música, las obras de teatro, las corridas de toros y cualquier otro tipo de manifestaciones artísticas, en las que se concentran multitudes de espectadores, están francamente en stand by, por el riesgo que conlleva el acercamiento de tantas personas.

En el caso de la Guelaguetza hay que partir de lo que es imprescindible: la promoción del espectáculo; la hubo al iniciar el año, pero ahora la promoción permanece suspendida. La realidad es que nuestra fiesta oaxaqueña recibe cada año miles de turistas que proceden del extranjero y de la República Mexicana. ¿Qué tanto se habrán recuperado para esas fechas los vuelos de las diferentes aerolíneas que arriban al aeropuerto internacional de Xoxocotlán? ¿Y el miedo?, ¿El temor al contagio por asistir a un evento de esa magnitud, no es de tomarse en cuenta?, porque está bien claro que tan luego volvamos a la sana normalidad lo haremos, la mayoría, con una gran zozobra, con la idea de que podamos encontrarnos de repente ante la posibilidad real de infectarnos en cualquier sitio; de ahí que lo menos que querríamos hacer es la de asistir a donde haya un tumulto de individuos, aun cuando acudan protegidos con su cubrebocas o con mascarilla, guantes y gel desinfectante. Tan solo es de pensar en volver a abordar un avión, pues hay que enfrentar todo el proceso de movernos en los pasillos de los aeropuertos, formarnos para documentar, luego para el abordaje, la permanencia en la nave, el lento descenso de la misma y la espera para retirar el equipaje, puntos, todos ellos, donde puede observarse la transmisión del coronavirus. Por la vía terrestre sería algo semejante para quienes viajaran en autobús. Menos difícil para los que se trasladan en automóvil. En esas condiciones, ¿El número de visitantes serían suficientes como para esperar un resultado exitoso? Es obvio que los hoteles, hostales y equivalentes ya estarán en operación nuevamente para esas fechas, cumpliendo tal vez con las medidas de sanitización, ¿Pero tendrán huéspedes que vengan a la Guelaguetza?

¿Y el movimiento de quienes participan de todas las dependencias que integran la organización en el lugar de los hechos? ¿Cómo sería para evitar que se enfermen? ¿Qué medidas tendrían que tomarse con los grupos de baile de todas las regiones participantes? Aquí, no es posible olvidar detalles tales como el movimiento multitudinario en el centro histórico de nuestra ciudad y en el andador que conduce por las ya famosas escaleras al auditorio del Fortín, así como las largas filas de quienes asisten de manera gratuita. Y en este caso, aun con los que puedan cubrir el costo de su asistencia. Por todo ello, la Guelaguetza del 2020 se encuentra en riesgo de pasar a la historia como un evento fallido al cancelarla por salud pública. ¿O se arriesgarán nuestras autoridades con la ilusa idea de evitar una catástrofe económica?

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