Benito Juárez y AMLO, similitudes
Don Benito Pablo Juárez García tenía 66 años, tres meses y 17 días cuando falleció a las 23:25 horas de aquel fatídico 18 de julio de 1872, hace 148 años. Los médicos que lo atendieron en sus últimas horas de vida Ignacio Alvarado, Rafael Lucio y Gabino Barreda, confirmaron el diagnóstico del primero: ángor péctoris (angina de pecho), que es su nombre científico y se caracteriza por la aparición paroxística de dolor en el área cardiaca, de tipo opresivo y constrictivo por detrás del esternón. Médicamente es una de las expresiones clínicas del sufrimiento del corazón por deficiencia de riego sanguíneo, y las situaciones de estrés contribuyen a su aparición y a exacerbar las molestias.
No era una novedad que Don Benito padeciera del corazón pues año y medio antes los Doctores Francisco Mariscal y Rafael Lucio ya habían acudido a atenderlo en Palacio Nacional; después, el 20 de marzo de 1872, un día antes de su cumpleaños, charlaba con el Licenciado Emilio Velasco en la habitación que ocupaba en ese recinto, cuando sufrió un síncope, del que se repuso casi de inmediato, pero esta vez lo vio el Doctor Alvarado, su médico de cabecera. Juárez llevaba 14 años al frente de la presidencia de la República; habían sido casi tres lustros de intensa tensión para él, entre el periodo de la Guerra de Reforma, la Intervención francesa que llevó a Maximiliano de Habsburgo a coronarse como el segundo emperador de México y los cinco años desde su retorno a la ciudad de México; estos últimos no significaron que el país viviera en paz, pues sendos movimientos armados trataron de evitar la reelección del Patricio; uno de ellos lo encabezó el General Porfirio Díaz Mori. Por esa razón, a esas alturas ya estaba muy minada la salud del presidente por el enorme esfuerzo físico y mental desplegado, al que se sumó el reciente fallecimiento de su esposa Doña Margarita Eustaquia Maza Parada y la muerte de varios de sus hijos en los últimos años.
Curiosamente, Don Porfirio Díaz, siendo presidente de México, en 1887, mandó colocar una placa en la recámara donde falleció el Benemérito, en la que se indicaba la causa de su muerte y la hora de la misma. Ahora, casi siglo y medio después de ese acto luctuoso otro presidente decidió vivir en Palacio Nacional en lugar del suntuoso y confortable inmueble conocido como Los Pinos, a donde permanecieron con sus familias todos los presidentes del país a partir del General Lázaro Cárdenas del Río, quien se negó ir a vivir al castillo de Chapultepec. Andrés Manuel López Obrador, AMLO, es el nuevo inquilino de Palacio Nacional; le acompaña su esposa en esa experiencia. Esa es la primera similitud con Don Benito Juárez, el más universal de los mexicanos, quien es, a su vez, figura de veneración de AMLO. Otra similitud se relaciona con la situación de salud de este último, pues el 18 de mayo del 2018, Pablo Hiriart, en su columna “Uso de Razón” en El Financiero, señaló que AMLO era atendido por el neurocirujano cubano Félix Dolorit, uno de los más cotizados del mundo, y es, además, estrella del Larkin Community Hospital, en la zona exclusiva en el South Beach de Miami. Hiriart cita que Raymundo Riva Palacio en su columna “Estrictamente personal”, comentó que el Dr. Dolorit había viajado alrededor de 150 veces a la capital del país, para tratar a AMLO de un padecimiento en la columna vertebral que requería de cirugía mayor, la que quedó pendiente.
Lo preocupante es que AMLO ya sufrió un infarto el 04 de noviembre del 2013, siendo atendido en el hospital Médica Sur, pero no está exento de otro evento semejante. Dos factores pueden incidir en ello: su relativo sobrepeso y el indiscutible estrés al que ha estado sometido en el corto periodo de su presidencia, situación que es la tercera similitud entre ambos personajes. Los avances en la ciencia y tecnología médica son extraordinarios en comparación de lo que se le ofreció a Don Benito Juárez. Seguramente en Palacio Nacional se dispone de un excelente team médico y el llamado “carro rojo” para atender cualquier emergencia que se reporte desde la habitación de AMLO, y de requerirse, un helicóptero podría aterrizar en la explanada de la Plaza de la Constitución para su traslado al Hospital Central Militar.
No era una novedad que Don Benito padeciera del corazón pues año y medio antes los Doctores Francisco Mariscal y Rafael Lucio ya habían acudido a atenderlo en Palacio Nacional; después, el 20 de marzo de 1872, un día antes de su cumpleaños, charlaba con el Licenciado Emilio Velasco en la habitación que ocupaba en ese recinto, cuando sufrió un síncope, del que se repuso casi de inmediato, pero esta vez lo vio el Doctor Alvarado, su médico de cabecera. Juárez llevaba 14 años al frente de la presidencia de la República; habían sido casi tres lustros de intensa tensión para él, entre el periodo de la Guerra de Reforma, la Intervención francesa que llevó a Maximiliano de Habsburgo a coronarse como el segundo emperador de México y los cinco años desde su retorno a la ciudad de México; estos últimos no significaron que el país viviera en paz, pues sendos movimientos armados trataron de evitar la reelección del Patricio; uno de ellos lo encabezó el General Porfirio Díaz Mori. Por esa razón, a esas alturas ya estaba muy minada la salud del presidente por el enorme esfuerzo físico y mental desplegado, al que se sumó el reciente fallecimiento de su esposa Doña Margarita Eustaquia Maza Parada y la muerte de varios de sus hijos en los últimos años.
Curiosamente, Don Porfirio Díaz, siendo presidente de México, en 1887, mandó colocar una placa en la recámara donde falleció el Benemérito, en la que se indicaba la causa de su muerte y la hora de la misma. Ahora, casi siglo y medio después de ese acto luctuoso otro presidente decidió vivir en Palacio Nacional en lugar del suntuoso y confortable inmueble conocido como Los Pinos, a donde permanecieron con sus familias todos los presidentes del país a partir del General Lázaro Cárdenas del Río, quien se negó ir a vivir al castillo de Chapultepec. Andrés Manuel López Obrador, AMLO, es el nuevo inquilino de Palacio Nacional; le acompaña su esposa en esa experiencia. Esa es la primera similitud con Don Benito Juárez, el más universal de los mexicanos, quien es, a su vez, figura de veneración de AMLO. Otra similitud se relaciona con la situación de salud de este último, pues el 18 de mayo del 2018, Pablo Hiriart, en su columna “Uso de Razón” en El Financiero, señaló que AMLO era atendido por el neurocirujano cubano Félix Dolorit, uno de los más cotizados del mundo, y es, además, estrella del Larkin Community Hospital, en la zona exclusiva en el South Beach de Miami. Hiriart cita que Raymundo Riva Palacio en su columna “Estrictamente personal”, comentó que el Dr. Dolorit había viajado alrededor de 150 veces a la capital del país, para tratar a AMLO de un padecimiento en la columna vertebral que requería de cirugía mayor, la que quedó pendiente.
Lo preocupante es que AMLO ya sufrió un infarto el 04 de noviembre del 2013, siendo atendido en el hospital Médica Sur, pero no está exento de otro evento semejante. Dos factores pueden incidir en ello: su relativo sobrepeso y el indiscutible estrés al que ha estado sometido en el corto periodo de su presidencia, situación que es la tercera similitud entre ambos personajes. Los avances en la ciencia y tecnología médica son extraordinarios en comparación de lo que se le ofreció a Don Benito Juárez. Seguramente en Palacio Nacional se dispone de un excelente team médico y el llamado “carro rojo” para atender cualquier emergencia que se reporte desde la habitación de AMLO, y de requerirse, un helicóptero podría aterrizar en la explanada de la Plaza de la Constitución para su traslado al Hospital Central Militar.
No hay comentarios.: