¡Irresponsable!
A toro pasado, como expresa la vox pópuli, ¡Qué manera de festejar el fin del 2021 y el inicio del 2022! Desde el mes de mayo abordamos el tema de reunirnos para ese fin de año en esta capital, cuando visité a mi familia en el Estado de México. Hacía algunos años que no los recibía en mi hogar en diciembre. Ese fue el antecedente. A mediados de octubre reapareció el tema y comenzamos a organizar todo los hermanos que vivimos en Oaxaca. A principios de diciembre, dos de las tres familias atravesaron por situaciones críticas que pusieron en jaque la fiesta. A pesar de ello, localmente dimos el toque final unos 20 días antes, pero el convivio sería con los que estuviéramos, pero en casa de mi hermano Fernando.
Todos llegaron a Oaxaca unos cinco días antes; tres de los asistentes se dirigieron al pueblo de mi padre, Teococuilco de Marcos Pérez, para asistir a la celebración, el 29 de diciembre, a los 15 años de una sobrina, fiestón inapropiado para una pandemia que sigue vigente. Asistieron alrededor de 700 invitados, colocados en tres magnas carpas, donde convivieron sin sana distancia ni cubrebocas, durante por lo menos ocho horas; además, bailaron al son de cuatro bandas de música. Al día siguiente continuó la fiesta con sendos comelitones. Hubo tres festejos más en esa localidad. Debo advertir que en octubre una persona de ese municipio, procedente de los Estados Unidos, llegó a visitar a sus familiares. Al parecer, sin saber llegó con Covid-19 y ahí quedó la semilla. Se registran tres defunciones, hasta ahora.Mis familiares que estuvieron ahí tres días, retornaron a la Ciudad de Oaxaca y llegaron directamente a nuestro convivio. Para las 20:00 horas del 31 ya estábamos todos de gran jolgorio; sin cubrebocas ni el cuidado de la sana distancia. Fuimos 17 personas: 15 adultos y dos menores de edad; de los primeros, 7 mayores de 60 años; 10 vacunados con Pfizer, dos dosis, más la de refuerzo de diciembre.
A invitación mía, todos desayunamos dos días después en conocido restaurante de la ciudad, donde no guardamos la sana distancia ni utilizamos el cubrebocas hasta la salida del local. Compartimos durante tres horas. Un día después recibí en casa a la familia más amplia, charla de sobremesa de otras tres horas. La noche de ese día, tres de enero ya sufría de disfonía, dolor de garganta y estornudos, los que se acentuaron y me impidieron dormir toda la noche; me auto receté. Aclaro que el día del desayuno practiqué caminata y trote 40 minutos; hacía mucho frío y con bastante aire, por eso usé dos cubrebocas y sudadera con gorro.
A las 2:30 horas del cuatro de enero ya no soporté los síntomas y noté estertores basales en ambos pulmones, tos, sumamente productiva. Mi hijo me trasladó de inmediato a algún hospital privado. Visitamos cuatro, pero en todos me negaron el servicio. ¡La desesperación! Por fin, dos horas después ingresé en la clínica hospital San José. Los exámenes de laboratorio, la prueba rápida y una tomografía aclararon el diagnóstico: Tenía el SARS-CoV.2. De no creerse con los antecedentes vacunales anti Covid e Influenza.
Entonces decidí internarme en el Hospital Regional “Presidente Juárez” del ISSSTE, a donde debí ir primero, pero me supuse que tendría muchos pacientes en área Covid. Ahí estuve cinco días.
Ahora expreso que me ha quedado muy claro que con mi perfil profesional debí influir para cancelar el convivio y dejarlo para mejores tiempos. Pequé de exceso de confianza, es verdad. Nunca creí tener Covid y menos aún por no padecer la clásica sintomatología. Solo uno de mis hermanos y mi hijo salieron positivos. Ahora me reprocho mi actitud y por esta ocasión me declaro abiertamente irresponsable. Quede como fiel testimonio y para crear conciencia en los demás. Solo me resta agradecer en todo lo que vale las atenciones que recibí en el ISSSTE por parte del Dr. Walter García Tercero, director del nosocomio y de las doctoras Abigail Juárez Cruz y Teresa Luna, del personal de enfermería: Santos, Juan, Miriam, Anayani, Edith, Alexis, Elizabeth, Loyda y de la intendente Florentina, además de los magníficos camilleros de cada guardia. Dios permita la recuperación de mis compañeros de piso intubados: Martha, Marcelino y Juanita.
No hay comentarios.: