Indigentes en "El Llano" el 21 de marzo
Llegué al parque más grande de la capital del estado conocido como El Llano antes de las ocho de la mañana del lunes 21 de marzo, con el sano propósito de realizar en él mi rutina de ejercicio físico; a diferencia de otros días noté de inmediato que la afluencia era la mayor de las últimas semanas; tal vez, pensé, que se debía a dos cosas, el mejoramiento de la temperatura ambiental y la presencia de turistas nacionales y del extranjero, pues es común que el parque sea visitado de manera temporal por personas que se encuentran de paso en nuestra ciudad y que seguramente se hospedan en los hoteles aledaños; como yo asisto con regularidad a ese sitio identifico todos los días a quienes sí utilizan ese sitio para caminar, trotar o correr, solos o en pareja, e incluso acompañados de uno o más perros; así también a los que realizan otro tipo de actividad física como el dominio de las bicicletas fanland en actos de circo, la práctica de yoga, taichí, artes marciales, baile rítmico grupal (zumba), etc.
Pero además, conozco a unos cinco indigentes que deambulan y ocupan un espacio físico en condiciones críticas en relación a su apariencia, vestimenta, estado de salud y aseo personal pues todos son malolientes. Ya se publicó en Noticias, Voz e Imagen de Oaxaca, mi artículo “Los indigentes en la ciudad de Oaxaca” el sábado 29 de junio del 2019, y en él mencioné los sitios en los que se pueden observar en la ciudad todos los días a hombres y mujeres en situación deplorable, habiendo considerado en la relación a los del parque “El Llano”; al final del artículo expresé: … “En realidad se necesita un programa de atención integral que brinde a los indigentes alojamiento, alimentación, higiene corporal, ropa y calzado, entretenimiento, atención médica, psicológica y dental, inclusión en actividades manuales o artesanales y, en cuanto sea posible, su reinserción a su núcleo familiar. Sugiero que el gobierno del estado establezca con la iniciativa privada la manera de allegarse fondos, de formalizar un club de patrocinadores o en su defecto la instalación y funcionamiento de un patronato benefactor. ¿Alguien tiene otra solución a este problema de salud pública?” Fin de la cita.
Por lo que sigo observando mi propuesta fue inútil, pues ahí están dichos individuos en el total desamparo, sin nadie que se preocupe por remediar su situación, ni sus familiares ni ninguna dependencia del sector público, sólo dando lástima, asco o temor a los que pasan frente a ellos, peor cuando lo siguen a uno o se tornan majaderos, lo que afortunadamente es muy raro. Pero lo que no debe hacerse es lo que vi este 21 de marzo. Resulta que tuvo lugar en ese sitio una ceremonia cívica para conmemorar el natalicio de Don Benito Juárez, la cual fue presidida por el CP Francisco Martínez Neri, quien al final colocó la clásica corona floral ante la estatua del Patricio que se halla en la explanada principal. En el ínterin, dos parejas de motociclistas de la policía municipal se dedicaron a desalojar del parque a todos los indigentes; como por arte de magia en cuestión de minutos estos últimos desaparecieron; ¿a dónde se fueron?, quién sabe, pero lo más seguro es que acudieron a refugiarse al jardín “Conzatti”, donde he visto a otro pequeño grupo de indigentes, los del “escuadrón de la muerte” en el que casi siempre se encuentra “Don Telesforeto”, así le digo yo por el parecido a un personaje de la desaparecida historieta de “La Familia Burrón”. El caso es que así ocurrió lo que yo llamé “operación limpieza”, pero que a final de cuentas resultó ser una medida que no resuelve el problema de fondo. Ya retornaron. En el acto de referencia intervino una servidora pública, la cual expresó que “no se inició el camino de Benito en Guelatao, se inició en su corazón”; tal vez la oradora interpretó el deseo del pequeño de 12 años de ir a aprender el idioma castellano a la capital y salir del medio triste y pobre como lo estaba Guelatao, lo que lo orilló a fugarse de la casa de sus tíos y caminar 62 kilómetros, desde el amanecer hasta bien entrada la noche, para encontrarse con su hermana Josefa. (El Coloso de Guelatao. Carlos Velasco Pérez. 1998). Sabemos hasta dónde llegó el más universal de los mexicanos.
Pero además, conozco a unos cinco indigentes que deambulan y ocupan un espacio físico en condiciones críticas en relación a su apariencia, vestimenta, estado de salud y aseo personal pues todos son malolientes. Ya se publicó en Noticias, Voz e Imagen de Oaxaca, mi artículo “Los indigentes en la ciudad de Oaxaca” el sábado 29 de junio del 2019, y en él mencioné los sitios en los que se pueden observar en la ciudad todos los días a hombres y mujeres en situación deplorable, habiendo considerado en la relación a los del parque “El Llano”; al final del artículo expresé: … “En realidad se necesita un programa de atención integral que brinde a los indigentes alojamiento, alimentación, higiene corporal, ropa y calzado, entretenimiento, atención médica, psicológica y dental, inclusión en actividades manuales o artesanales y, en cuanto sea posible, su reinserción a su núcleo familiar. Sugiero que el gobierno del estado establezca con la iniciativa privada la manera de allegarse fondos, de formalizar un club de patrocinadores o en su defecto la instalación y funcionamiento de un patronato benefactor. ¿Alguien tiene otra solución a este problema de salud pública?” Fin de la cita.
Por lo que sigo observando mi propuesta fue inútil, pues ahí están dichos individuos en el total desamparo, sin nadie que se preocupe por remediar su situación, ni sus familiares ni ninguna dependencia del sector público, sólo dando lástima, asco o temor a los que pasan frente a ellos, peor cuando lo siguen a uno o se tornan majaderos, lo que afortunadamente es muy raro. Pero lo que no debe hacerse es lo que vi este 21 de marzo. Resulta que tuvo lugar en ese sitio una ceremonia cívica para conmemorar el natalicio de Don Benito Juárez, la cual fue presidida por el CP Francisco Martínez Neri, quien al final colocó la clásica corona floral ante la estatua del Patricio que se halla en la explanada principal. En el ínterin, dos parejas de motociclistas de la policía municipal se dedicaron a desalojar del parque a todos los indigentes; como por arte de magia en cuestión de minutos estos últimos desaparecieron; ¿a dónde se fueron?, quién sabe, pero lo más seguro es que acudieron a refugiarse al jardín “Conzatti”, donde he visto a otro pequeño grupo de indigentes, los del “escuadrón de la muerte” en el que casi siempre se encuentra “Don Telesforeto”, así le digo yo por el parecido a un personaje de la desaparecida historieta de “La Familia Burrón”. El caso es que así ocurrió lo que yo llamé “operación limpieza”, pero que a final de cuentas resultó ser una medida que no resuelve el problema de fondo. Ya retornaron. En el acto de referencia intervino una servidora pública, la cual expresó que “no se inició el camino de Benito en Guelatao, se inició en su corazón”; tal vez la oradora interpretó el deseo del pequeño de 12 años de ir a aprender el idioma castellano a la capital y salir del medio triste y pobre como lo estaba Guelatao, lo que lo orilló a fugarse de la casa de sus tíos y caminar 62 kilómetros, desde el amanecer hasta bien entrada la noche, para encontrarse con su hermana Josefa. (El Coloso de Guelatao. Carlos Velasco Pérez. 1998). Sabemos hasta dónde llegó el más universal de los mexicanos.
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