Anécdotas de la 1a Campaña Nacional de Vacunación Infantil

 Entre las anécdotas que puedo contar de la 1a Campaña Nacional de Vacunación en 1974 destaca la experiencia que viví con las brigadistas a mi cargo en la localidad de Xochitonalco, que se localiza en el municipio de Huautla de Jiménez, distrito de Teotitlán. Hasta ese lugar, por un camino de terracería llevé a un par de ellas para que vacunaran a los niños una mañana; era jueves. Cuando llegamos parecía un pueblo “fantasma”, pues lucía francamente abandonado y nadie salía de su casa. Nos dirigimos a la escuela primaria pero no había ningún maestro y el plantel se encontraba cerrado. Traté de entrevistarme con las autoridades municipales pero en la agencia no había ninguna persona. Situado en el centro de la localidad y con todo el volumen que alcanzaba mi voz comencé a llamar a las madres de familia para que se acercaran a vacunar a sus hijos, pero nadie salió de sus hogares. Ante la nula respuesta de la población opté por retirarnos.

Cuando retorne a la Ciudad de Oaxaca me mandó llamar el Dr. Juan Cedeño Ferreira, titular de los Servicios de Salud, para preguntarme por qué no habíamos vacunado en Xochitonalco, informándole lo sucedido. Me solicitó que regresara exclusivamente a ese lugar porque el gobernador le había señalado la queja del pueblo de la falta de vacunación. Así es que, con esa presión volví a dicha localidad con otra brigada. Ocurrió lo mismo que la primera vez, solo que en esta ocasión tomé varias fotografías del pueblo y del letrero con el nombre de Xochitonalco que estaba a la entrada, para que me sirviera de evidencia con el jefe, el cual ahora sí me creyó. Resulta que los demandantes eran los maestros, pero estos solo iban a trabajar de lunes a miércoles y el jueves abandonaban la localidad.

Por otra parte, en una de las tres fases de la Campaña, una tarde, después de comer decidí caminar por la calle principal de Huautla de Jiménez; al llegar a donde terminaba el camino y ya casi no había viviendas fijé mi vista en una colina que estaba delante de mí; por una serpenteante vereda y con los últimos rayos del sol, alcancé a ver a una mujer de la población que vestía la clásica indumentaria de la mujer mazateca; bajita de estatura subía la pesada pendiente y cuando la tuve cerca observé que se parecía mucho a la famosa “diosa de los hongos”, Doña María Sabina, cuyo nombre había traspasado las fronteras de México y que por esas fechas tendría casi 80 años de edad. (Su nombre completo fue María Sabina Magdalena García). Al momento le pregunté a una persona que por ahí pasaba si la que venía era la “curandera y sacerdotisa”, contestándome afirmativamente. Para mí fue fascinante saber que era ella a pesar de su sucia indumentaria. A la misma persona le expresé mi deseo de entrevistarla, pero me dijo que solo hablaba dialecto; entonces rápidamente le pedí a aquella que la detuviera un momento y que me sirviera de traductor para pedirle que Doña María Sabina me permitiera tomarme una fotografía con ella, a lo que accedió pero me pidió que fuera en la casita que le había donado la fábrica de papel Tuxtepec, donde ella realizaba sus actividades pagano-religiosas y curativas para quienes iban a buscarla; además de que tendría que cambiarse su ropa porque sentía que no estaba presentable para la foto y que tendría que negociar con su hija el costo de la foto. Así fue como conocí el interior de su “espacio vital”, donde aproveché para tomarle varias fotografías (por las que no pagué porque lo hice a trasmano) y luego, fuera de ese lugar me tomaron la única fotografía con Doña María Sabina. Por esa toma su hija me cobró $100.00 pesos de entonces. Todas esas evidencias las conservo hasta la fecha y son una de las satisfacciones que la vida me dio en mis inicios como salubrista.

En relación a Doña María Sabina el Dr. Manuel Martínez Soto Carreño, cuyo nombre lleva el Centro de Salud Urbano No. 1 de esta ciudad, contaba que fue con sus sobrinos a Huautla de Jiménez. Por la noche vivieron con ella una experiencia inolvidable con sus famosos hongos. Hubo un momento en que los sobrinos preguntaron al tío como se sentía y este, sentado en el suelo con las piernas abiertas les expresó: “¡Pues yo no sé ustedes, pero yo me siento a toda madre!”.

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