Atención integral a indigentes una deuda social

 El sábado 26 de marzo del año en curso se publicó en mi columna Salud Pública, en este su diario, Noticias, el artículo “Indigentes en El Llano”. Expresé entonces que “conozco a unos cinco indigentes que deambulan y ocupan un espacio físico en condiciones críticas en relación a su apariencia, vestimenta, estado de salud y aseo personal pues todos son malolientes” y señalé, además, que en el mismo periódico salió a la luz pública mi artículo “Los indigentes en la ciudad de Oaxaca” el sábado 29 de junio del 2019, en el que mencioné los sitios en los que se pueden observar en la ciudad todos los días a hombres y mujeres en situación deplorable, habiendo considerado en la relación a los del parque “El Llano”; y volví a insistir en que se requiere de un programa de atención integral que brinde a los indigentes alojamiento, alimentación, higiene corporal, ropa y calzado, entretenimiento, atención médica, psicológica y dental, inclusión en actividades manuales o artesanales y, en cuanto sea posible, su reinserción a su núcleo familiar. Qué mejor ejemplo que el de un individuo que rebasa la mediana edad y que en los últimos días persistía en mantenerse en ese popular jardín, principalmente del lado de la avenida Pino Suárez y a menos de 50 metros de conocido hotel. Ahora lo vi frente a la fachada lateral del templo católico. Es su caso uno muy patético, pues donde se ubica, con varias bolsas, permea un insoportable olor en un radio de por lo menos 20 metros. El aroma a suciedad, a orines, es de tal magnitud que uno tiene que alejarse a la brevedad para no respirar ese aire contaminado.


Hace unas dos semanas lo vi semi sentado unos 200 metros más adelante, bajo la sombra de los árboles, era la viva imagen de la desolación, del infortunio, que solo una piltrafa humana, diríase que la escoria de la sociedad, puede ofrecer a esta última; con los pantalones desabrochados y mojados, a la mitad de las piernas, dormido y debajo de la banca de hierro la huella indudable de que su orina había invadido el área recientemente; a esa hora, las 7:30 am, el mal olor era sumamente penetrante, lo que obligaba a los transeúntes y deportistas asiduos al parque a evadir de inmediato ese lugar.

Varios de los demás indigentes que de manera consuetudinaria deambulaban en El Llano ya retornaron, aunque no se les ve ahí todos los días. A uno de ellos le coloqué el mote de “el indigente culto” porque casi siempre lo veía sentado debajo de un árbol con alguna revista, la que una vez que agotaba sus páginas optaba por acomodarse para dormir cubriéndose con una vieja cobija, pero dejando al descubierto parte de su cadera desnuda. Otro más estuvo, hasta hace una semana ocupando un lugar del lado del templo de la virgen de Guadalupe, sentado, recargándose en una bardita y también encobijado y se iba de ahí hasta que seguramente le molestaban los rayos solares. Otros dos o tres, muy jóvenes, del sexo masculino, se han dedicado a caminar de un lado a otro, hurgando entre la basura de los depósitos colocados en sitios estratégicos para obtener algún alimento o beber el líquido sobrante de los envases de refresco; alguno de ellos, es muy dado a caminar profiriendo palabras incoherentes y a pintar con algún gis de color los monumentos donde se encuentran colocados los ocho leones que “simbólicamente” resguardan el parque.

Señalé que anteriormente observaba todos los días a varios integrantes del llamado “escuadrón de la muerte”; ya no los he visto ahí pero sí en el Jardín Conzatti.

Finalmente y por Salud Pública, recomiendo a las autoridades que tomen medidas para atender a la persona que describo al inicio del artículo; pero las acciones deben ser con respeto, procurando no atentar contra su dignidad humana. Lo mínimo que necesita tiene que ver con la higiene personal, además de proporcionarle el cambio de ropa. Si algo más se puede hacer por él, sería excelente. Además, el área donde se ubica requiere de limpieza y desinfección. Y así, como en este caso en particular, debería tomarse la decisión de aplicar acciones humanitarias con los demás indigentes que pululan en nuestra ciudad. No hacer nada y ver al asunto con total indiferencia es una vergüenza.

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