La omnipresencia de las armas de fuego
En mi vida he tenido contacto con un hecho de armas tres veces. La primera a los ocho años de edad, cuando posé al lado de mi madre con un máuser cada uno, en la casa de mi tío Alfonso López, ya finado, durante el primer viaje que hicimos de la Ciudad de México al pueblo natal de mi padre en la sierra de Juárez; la segunda ocasión sucedió en el momento que cursaba el 5º año de la licenciatura de Medicina en la UNAM, capítulo de mi vida que narré en mi libro “Autobiografía” (Editado en el 2021), con el siguiente texto:… “Una noche de 1971 me encontraba estudiando en la sala de la casa, de pronto alguien tocó en la puerta principal, me asomé y vi que era el vigilante del fraccionamiento, portaba su uniforme oficial; pensé que se trataba de alguna consulta médica y sin meditarlo lo pasé al interior de la casa. De pie me comentó que estaba urgido de dinero y me solicitó una cierta cantidad a manera de préstamo. Mi respuesta negativa lo llevó a suplicarme que le ayudara y que podría dejar en prenda su arma de cargo; acto seguido procedió a mostrármela y a mí me dio temor; en un momento dado hizo un movimiento y que se dispara la pistola; el ruido que produjo fue ensordecedor; lo primero que hice instintivamente fue tocar mi cuerpo y enseguida observarlo a él; ambos estábamos intactos, pálidos como la cera, pero casi al instante salió mi padre de su recámara en ropa interior pues toda la familia estaba durmiendo a esa hora de la noche. Al ver al vigilante me preguntó qué había pasado y porqué estaba él ahí; rápidamente le expliqué la razón de su presencia pero no esperó más, tomó al vigilante por las solapas sacándolo de la casa a rastras hasta la calle y cuando aquel estaba tirado en el pavimento, nos pidió que le devolviéramos su arma, la que no nos habíamos dado cuenta que se encontraba tirada debajo de la mesa del comedor; mi padre la tomó con cuidado, salió hasta el portón, arrojándosela al pavimento, al tiempo que amenazó al individuo con denunciarlo. Desde esa noche no volvimos a verlo en el fraccionamiento”.
La tercera vez tuvo lugar en el inmueble que entonces ocupaba la Dirección de Regulación y Fomento Sanitario de los SSO en el centro de la ciudad de Oaxaca; ocupaba entonces el cargo de titular de dicha dependencia. Ese hecho lo narro en mi libro “Orgullosamente Salubrista” (Edit. 2020):… “Otra situación que me puso “los pelos de punta” sucedió una noche en que solo me acompañaba un vigilante en el edificio, el que tenía fama de “locuaz”. En un momento dado se acercó a mi oficina y yo tenía la puerta abierta, comentándome que era muy bueno con su pistola de cargo. Le pregunté por qué, a lo que repuso que tenía un excelente tino y diciendo y haciendo que se va al pasillo con la pistola desenfundada, y al ver una botella de cierto refresco en el suelo la colocó en medio de la pared del fondo del inmueble, se retiró de ahí como unos 20 metros para enseguida dispararle a ese objeto. El sonido producido por su arma de fuego fue tal que se produjo una especie de eco, tardando en dejarse de escuchar un tiempo que me pareció eterno. Efectivamente hizo pedazos la botella, pero la bala rebotó entre las paredes. Si yo no hubiera estado en el área donde se encontraba el escritorio de mi secretaria posiblemente habría sido víctima de esa bala. Mi reacción, luego del tremendo susto, fue de evitar una confrontación con ese individuo, solicitándole únicamente que no volviera hacer semejante locura; acto seguido me retiré del edificio pero reporté el hecho con su superior inmediato. Lo cambiaron de sitio y meses después lo encontré trabajando como despachador en la gasolinera “FONAPAS”; para mi suerte me tocó que me atendiera y me reconoció; afortunadamente se le olvidó el terrible incidente de aquella noche”.En nuestro país, las estimaciones del número de armas existentes varían entre 6 y 16 millones, aunque el dato oficial de la Secretaría de la Defensa Nacional refería la existencia de cerca de 1.2 millones de armas en posesión de ciudadanos con registro de posesión y/o portación de por lo menos de un arma. Datos del 2014, pero ahora incontables individuos portan un arma en México. ¿Y para que se tiene ésta? ¡Pues para matar!, diría mi finado suegro, natural de la costa.
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