El nivel de calidad de una conferencia

 En mi extenso andar como servidor público he asistido a múltiples actividades de tipo académico, por así decirlo, de tal manera que al paso del tiempo aprendí a discernir y a calificar, en una escala de valores la calidad del ponente, conferencista, expositor o docente; no es infrecuente que individuos, hombres o mujeres, con un amplísimo desarrollo profesional hagan presentaciones de los temas de su dominio apoyándose con la proyección de infinidad de diapositivas o de imágenes mal diseñadas, de las cuales no obtienen el mayor provecho posible, sobre todo en beneficio de los asistentes, porque en el primer caso por la rapidez con la que aparecen en pantalla no da tiempo para la revisión de lo que el ponente ha colocado en sus materiales y en el segundo caso las imágenes están muy saturadas de texto, esquemas, gráficos, cuadros con diversas estadísticas, etc., todo lo cual conduce a que los asistentes opten por no hacer caso de las proyecciones y prefieran mejor escuchar al expositor, pero lo peor es que la presentación se extienda más de lo conveniente, volviéndose tediosa, aburrida, y todavía más cuando aquel se dedica de plano a leer el texto de cada diapositiva. Al respecto, muy atinada la frase de mi estimada colega y amiga Sandra Pérez Guerrero: “El cerebro trabaja mientras la nalga aguanta”. Naturalmente que existen conferencistas a los que podemos escuchar hasta dos horas sin parar y a veces más, pero son los menos.

Traigo a colación, a manera de ejemplo, la siguiente anécdota: la Subsecretaría de Regulación y Fomento Sanitario llevó a cabo un magno evento que llevó por nombre “Reunión Nacional para la Modernización de la Regulación Sanitaria en las Jurisdicciones Sanitarias”. El lugar sede fue el auditorio de la antigua Escuela de Medicina de la UNAM ubicada frente a la Plaza de Santo Domingo en la Ciudad de México. Esto ocurrió los días 27 y 28 de julio de 1994 y asistimos por el estado de Oaxaca los siguientes Jefes de Jurisdicción Sanitaria: Dres. Felipe Gama Casas, José Manuel Salcedo Morales, Laura Xóchitl Mateos López, Sergio Carrillo Pérez, Manuel Félix Márquez Luís y José Ramón Pintor Sill. La mañana del primer día luego del acto inaugural, se inició el programa con la intervención de una abogada de cuyo nombre no quiero ni acordarme, quien complementó su exposición con la proyección de imágenes; cada una de estas era una página completa, con letra pequeña, fotocopiada de un determinado documento jurídico legal, a la cual daba lectura la ponente, y así se fue yendo a lo largo de los minutos que le concedieron; yo escuchaba al poco rato los ronquidos de algún asistente situado una fila detrás de mí, eso influyó seguramente para que también comenzara a sentir sueño y antes de que de plano me durmiera mejor opté por emprender “la graciosa huida”, me dirigí hasta una puerta lateral que estaba cerrada y salí al patio del hermoso recinto; ya en la calle de República de Brasil me fui sin rumbo definido hacia la Plaza de Armas o Zócalo de la capital, caminé por cada uno de los corredores de los antiquísimos edificios, llegué al Palacio Nacional, me introduje en él, observé los extraordinarios murales de los más prestigiados pintores mexicanos y ya en la calle pasé por la histórica Catedral Metropolitana y caminé de regreso por República del Brasil.

Mi recorrido duró casi 40 minutos, penetré al auditorio por la puerta por donde había salido; era contrastante la temperatura del exterior con el bochornoso sopor de ese lugar; para mi buena suerte encontré desocupado el primer asiento de la primera fila, no tardé en acostumbrarme a la oscuridad y la conferencista proseguía con su insoportable lectura de cada una de las imágenes proyectadas. Terminó muy pronto el martirio para los que decidieron quedarse. De pronto se hizo un silencio sepulcral y como nadie aplaudía a la abogada, ella optó por decir simplemente: ¡Ya terminé!; despertaron los que se durmieron y poco a poco fueron sumándose los desnutridos aplausos para una expositora que francamente nunca debió incluirse en tan trascendente reunión. Al final de cuentas al anuncio del cofee breack se inició la “estampida” de los asistentes hacia el patio principal.

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