Los baches en el país, sin solución

 

Los baches en el país, sin solución.

¿Cuántos baches cree Usted que existen en el país? ¿100 mil?, ¿Un millón? ¿Más que eso? En realidad la cifra exacta se desconoce, pero resulta ser intrascendente cuando la realidad nos señala que no hay una entidad federativa en México libre de ese problema vial, del cual el propio jefe del poder ejecutivo federal dio cuenta en este mismo año en una de sus “mañaneras” desde el Palacio Nacional y un conocido canal de televisión le dedicó parte de su tiempo, durante un par de semanas, para presentar imágenes de los baches en varios de los estados de tres regiones del país. Ese problema social es relevante en cuanto afecta la salud y la economía de la población, la que se transporta en su propio automóvil o en otros vehículos de motor. Afecta la salud porque impacta física y psicológicamente a los involucrados, los que sufren día con día el tener que utilizar vialidades deterioradas, pues les produce afectaciones en la columna vertebral y cansancio físico y mental al emplear más tiempo del ordinario para dirigirse a su destino, además es causa de cefalea, estrés, ansiedad y depresión. Peor aún resulta cuando hay lesionados o víctimas mortales. Económicamente son reconocidas las repercusiones en relación al daño que conduce al franco deterioro de los vehículos, lo que conlleva a efectuar gastos imprevisibles y por lo mismo catastróficos para reparar las unidades de motor.

¿Tiene solución en el corto, mediano o largo plazo? Lo dudo. Es un verdadero reto, porque se requeriría de una multimillonaria erogación a nivel nacional para su eficiente atención. Probablemente para los países más desarrollados del mundo, los que integran los grupos de mayor poderío económico, este no sea un problema que les preocupe en absoluto, pero en nuestro caso sí es de una gran magnitud y en la mayoría de las ciudades se “resuelve” temporalmente a base de “campañas de bacheo” que se aplican en el ínterin de los períodos de lluvias y de secas, con el empleo de materiales cuya calidad no garantiza su durabilidad, pues con los primeros aguaceros desaparecen y vuelven los baches a salir a flote ante el desencanto de la ciudadanía. Termina siendo un lamentable engaño. En general, las autoridades dan prioridad a las arterias de mayor circulación, quedando en el rezago la mayoría de las calles colaterales, sobre todo las de las colonias, fraccionamientos o barrios cuyos habitantes son los de menor nivel socio económico, los que ven que año tras año el deterioro de sus calles, las que alguna vez lucieron con carpeta asfáltica nueva, van adquiriendo la imagen de cuando eran de terracería y que ya no son simplemente baches sino verdaderos hoyancos los que forman parte de su paisaje urbano.

¿Cuáles son las causas de tan lamentable situación? La lógica nos indica que son las siguientes: la sobrepoblación, el incremento porcentual de los habitantes del área urbana respecto de la rural, un paupérrimo crecimiento anual de la economía nacional desde hace décadas y ahora muestra un grave decremento, con una marcada insuficiencia de ingresos que conduce a un presupuesto de egresos que no alcanza para fortalecer la infraestructura de toda clase de servicios públicos, y la carencia de una cultura de planificación para prever las necesidades a futuro de los servicios ofertados una vez que fueron puestos en operación. Respecto a las cuatro primeras no hay duda acerca de lo que significa cada una de tales causas y su interrelación en el destino de un país y la última de ellas la observamos con suma frecuencia en los tres órdenes de gobierno cuando se trata de realizar obras y servicios públicos, cualesquiera que sean, programados o surgidos de toda clase de ocurrencias. El problema también es que en general no se dispone de un plan maestro de infraestructura en materia de construcción, ampliación, reposición, conservación y mantenimiento de inmuebles, de sus instalaciones y equipamiento, así como de otro tipo de servicios públicos, como el que nos ocupa. La realidad es que en las actuales condiciones sociales, políticas y económicas de nuestro país eso es una meta imposible de alcanzar. Mi Padre diría: “Es un cuento de nunca acabar”. ¿Tiene solución?, díganme cómo.

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