Los migrantes y su cruel destino

 En este mundo de eternos y marcados contrastes mientras buena parte de la humanidad se ha dedicado, según sus posibilidades económicas, a la celebración de la Navidad y en unas cuantas horas más lo hará con el fin de un año y el inicio del 2023, miles de migrantes sufren de manera indecible al permanecer aglomerados en las fronteras de aquellos países que sirven de paso, como el nuestro, para intentar su incorporación al vecino, que luce y es más poderoso por su elevado grado de desarrollo. En América lo son, sin discusión alguna los Estados Unidos y en Europa la mayoría de las naciones integradas en una Unión, pero sobre todo Francia y Alemania. Los migrantes han huido y lo siguen haciendo en grandes e intermitentes oleadas porque donde se encuentran sus raíces sus gobiernos no han podido evitar esa fuga pertinaz por incompetencia, corrupción y otras causas como el tener a verdaderas lacras de las sociedades humanas, un dictador en el poder o por la existencia de cárteles u otro tipo de mafias y de grupos delincuenciales que engendran toda clase de hechos violentos; o han optado por ese camino por falta de empleo y por hambre ante frecuentes periodos de sequía y porque no tienen con qué para sostener una familia; se suman, además, los que sufren de constantes conflictos bélicos.

Son los pobres entre los pobres, los que sobreviven en pobreza extrema, los que transitan por la vida como parias sin destino, y los que no forman parte de dicha escala social, los acusados y perseguidos por delitos infundados o por expresar ideas contrarias al régimen en turno y ven en el auto exilio una tablita de salvación, aunque sea temporal. Paradójicamente el interés de los migrantes está dirigido hacia los países capitalistas y donde su sistema de gobierno es democrático, huyendo de aquellos regímenes totalitarios cuya ideología es supuestamente de izquierda, con tintes socialistas y sus líderes son populistas en el poder, el cual buscan mantener de por vida.

Los países que funcionan como puente de paso de los migrantes son atravesados sin más por quienes se dirigen a un destino de total incertidumbre y los riesgos para lograr su objetivo no importan, lo relevante es poder llegar a donde aspiran, donde creen y sueñan que su vida va a cambiar por completo y tendrán de comer, vivienda digna y bienes y servicios que jamás imaginaron que podrían tener de donde vienen. Quedarse en el país que resulta ser un intermedio en sus planes no les interesa porque a final de cuentas también no reúne las condiciones que ellos anhelan, es más, también ahí existe pobreza, como en México, en donde 55.7 millones de personas (43.9%) estaban en situación de pobreza y 10.9 millones (8.5%) en pobreza extrema en el año 2020, según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL). Es decir, poco más del 50% de los entonces 127 millones de habitantes.

Según la edición especial No. 54 de la revista Proceso, al momento de su publicación, en los últimos tres años cerca de dos millones de personas había ingresado a Europa de manera ilegal y poco más de 12 mil murieron al intentarlo. La mayoría de dichos migrantes procede del continente africano y del Medio Oriente, y al igual que sucede en América existen redes de traficantes que obran sin escrúpulos y en un momento dado dejan a su triste suerte a quienes desembolsaron todo o casi todo lo que llevaban encima. El caso es que hoy, en nuestra frontera con los Estados Unidos, la situación de los migrantes que de por sí ya era sumamente dolorosa y apremiante durante los meses más calurosos del verano y otoño, ahora ha empeorado con el crudo invierno que apenas inició, precedido de “Elliot”, el fenómeno climatológico al que denominaron “bomba ciclónica”, registrándose el pasado fin de semana temperaturas bajo cero, acompañadas por la peor tormenta de nieve en cuatro décadas.

La población migrante sufre como nunca los estragos de su desesperada decisión. Es un grave problema de salud pública. Sobreviven con quienes integran su familia en un ambiente insalubre y con hambre crónica. Para ellos no hubo una feliz Navidad. ¿Tendrán un próspero año nuevo? Lo cierto es que su realidad es muy cruel. ¿Cómo solucionarlo?

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