México, otro fracaso en un mundial de futbol
Tenía 10 años cuando por primera vez tuve conocimiento de un mundial de futbol; corría el año de 1958 y se celebraba en Suecia el torneo por la copa Jules Rimet, trofeo que recibió el nombre del más longevo de los presidentes al mando de la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA), pues permaneció en el cargo desde 1921 hasta 1954; supe entonces de la aparición en ese escenario deportivo de un joven de color que formaba parte de la selección de Brasil, se trataba de un chico de casi 18 años de edad, cuyo nombre y apodo ha perdurado hasta nuestros días: Edson Arantes Do Nascimento, “Pelé”, ídolo por generaciones a nivel mundial y también llamado “El Rey”, considerado como el mejor futbolista de todos los tiempos, con el que por esa jerarquía solo compiten con él los argentinos Diego Armando Maradona Salvadore y Lionel Andrés Messi Cuccittini y el portugués Cristiano Ronaldo Dos Santos Aveiro. La hazaña de “Pelé” en ese mundial trascendió tanto en la vida de mi generación y en la de las siguientes al haber llegado a conquistar con su selección, la “verde amarela” o también el “scratch du oro”, tres de las cinco copas que se hallan en sus vitrinas. El futbol, que en realidad es el deporte que más se practica en todos los países de los cinco continentes, impactó mi vida desde que lo jugué a los 8 años de edad en la colonia donde vivía en la hoy Ciudad de México y llegué a formar parte de un equipo formal en la preparatoria No. 7 de la UNAM y finalmente a los 35 años en el de los Servicios de Salud de Oaxaca.
Por esa pasión por mi deporte favorito he seguido los torneos locales de liga de nuestro país desde mi infancia hasta la actualidad, pero también los de las principales ligas de Europa y por supuesto todos los mundiales a partir de Suecia desde aquel lejano 1958; y a pesar de que México se ha caracterizado por ser una nación donde el futbol se lleva las palmas como deporte masivo, nunca ha llegado a codearse entre las potencias del orbe que disputan las semifinales de la copa del mundo para culminar con el soñado campeonato. Sin embargo, cada cuatro años el fenómeno mediático promovido por las empresas patrocinadoras de cada torneo y las televisoras privadas, ha conducido a la población mexicana a una especie de psicosis colectiva con la idea de que “ahora sí se llegará a la final”, lo que no ha ocurrido nunca, pero sí la temporal decepción por ver a la selección nacional que retorna con las manos vacías una y otra vez, y a los jugadores y entrenador y a su cuerpo técnico llegar por la puerta de atrás después de su lamentable fracaso deportivo, como ha sucedido ahora en el mundial de Qatar. A lo largo de los 21 campeonatos mundiales celebrados a la fecha, solo ocho países han conquistado el codiciado trofeo de campeón: Brasil, Italia, Alemania, Uruguay, Argentina, Francia, Inglaterra y España. Si examinamos a los equipos que se consagran, generalmente tienen entre sus filas a los futbolistas más famosos del momento, a verdaderos cracks, astros deportivos que asumen un notable liderazgo entre sus compañeros, los que son acompañados por elementos que a su vez son rutilantes estrellas en los equipos profesionales donde militan. En México adolecemos de ese tipo de figuras; esa es la realidad. De vez en cuando surge algún jugador que de alguna manera destaca entre la mediocridad del medio pero hay que admitir que en general los nuestros transitan en la medianía y los pocos que han sobresalido, sobre todo fuera de nuestras fronteras son garbanzos de a libra. De esa manera aun con el mejor entrenador del planeta, con el más cotizado por su espléndido historial y por lo mismo mejor pagado, la misión resulta casi imposible de lograr, como sucedió ahora con Gerardo Martino, el “Tata”, de no pocos lauros y reconocido a nivel internacional como un excelente técnico. Para fortuna nuestra, el futbol nos concedió la gloria del oro olímpico en el 2012, cuando se le ganó en la final al mismísimo equipo de Brasil y en otras disciplinas deportivas se han conseguido medallas de oro, plata y bronce, en torneos regionales, campeonatos mundiales y en los mismos juegos olímpicos. Por esa razón no nos hundimos en la depresión colectiva como nación.
Por esa pasión por mi deporte favorito he seguido los torneos locales de liga de nuestro país desde mi infancia hasta la actualidad, pero también los de las principales ligas de Europa y por supuesto todos los mundiales a partir de Suecia desde aquel lejano 1958; y a pesar de que México se ha caracterizado por ser una nación donde el futbol se lleva las palmas como deporte masivo, nunca ha llegado a codearse entre las potencias del orbe que disputan las semifinales de la copa del mundo para culminar con el soñado campeonato. Sin embargo, cada cuatro años el fenómeno mediático promovido por las empresas patrocinadoras de cada torneo y las televisoras privadas, ha conducido a la población mexicana a una especie de psicosis colectiva con la idea de que “ahora sí se llegará a la final”, lo que no ha ocurrido nunca, pero sí la temporal decepción por ver a la selección nacional que retorna con las manos vacías una y otra vez, y a los jugadores y entrenador y a su cuerpo técnico llegar por la puerta de atrás después de su lamentable fracaso deportivo, como ha sucedido ahora en el mundial de Qatar. A lo largo de los 21 campeonatos mundiales celebrados a la fecha, solo ocho países han conquistado el codiciado trofeo de campeón: Brasil, Italia, Alemania, Uruguay, Argentina, Francia, Inglaterra y España. Si examinamos a los equipos que se consagran, generalmente tienen entre sus filas a los futbolistas más famosos del momento, a verdaderos cracks, astros deportivos que asumen un notable liderazgo entre sus compañeros, los que son acompañados por elementos que a su vez son rutilantes estrellas en los equipos profesionales donde militan. En México adolecemos de ese tipo de figuras; esa es la realidad. De vez en cuando surge algún jugador que de alguna manera destaca entre la mediocridad del medio pero hay que admitir que en general los nuestros transitan en la medianía y los pocos que han sobresalido, sobre todo fuera de nuestras fronteras son garbanzos de a libra. De esa manera aun con el mejor entrenador del planeta, con el más cotizado por su espléndido historial y por lo mismo mejor pagado, la misión resulta casi imposible de lograr, como sucedió ahora con Gerardo Martino, el “Tata”, de no pocos lauros y reconocido a nivel internacional como un excelente técnico. Para fortuna nuestra, el futbol nos concedió la gloria del oro olímpico en el 2012, cuando se le ganó en la final al mismísimo equipo de Brasil y en otras disciplinas deportivas se han conseguido medallas de oro, plata y bronce, en torneos regionales, campeonatos mundiales y en los mismos juegos olímpicos. Por esa razón no nos hundimos en la depresión colectiva como nación.
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