¿Un caos el mundo que dejamos?

Cuando era un adolescente con frecuencia escuchaba en las charlas de sobremesa de los adultos que se reunían en casa de la familia lo que se esperaba para la humanidad en el entonces lejano siglo XXI; era verdaderamente sobrecogedor para mí el patético futuro de la especie humana, ya que se afirmaba que diversos especialistas emitían pronósticos muy desalentadores. Esto que comento sucedía alrededor de los años 60´s. Se hablaba de la probabilidad de otra gran conflagración mundial como consecuencia de la llamada guerra fría entre los Estados Unidos de América y la ex Unión Soviética, además de una serie de conflictos bélicos, particularmente en el continente europeo y sus vecinos, el africano y el asiático.

Se mencionaba el sufrimiento que vivirían millones de seres humanos por constantes ciclos de hambruna, se vislumbraban los efectos del actual cambio climático debido a la creciente contaminación ambiental, de la acelerada industrialización en las áreas urbanas, del inusitado incremento de toda clase de vehículos de motor, la misma sobrepoblación con un crecimiento exponencial tendiente a la duplicación de aquella cada vez en menor tiempo, situación que traería como resultado la insuficiencia de empleo y de toda clase de servicios públicos: abasto de agua, vivienda, atención médica, educación y la recolección y tratamiento de los desechos orgánicos e inorgánicos; asimismo, la diseminación de posibles epidemias de enfermedades infecciosas entonces desconocidas, las que podrían afectar a toda la humanidad en tiempo récord dados los impresionantes avances de las vías de comunicación terrestre, aérea y marítima. Se decía entonces de un planeta en el que coexistíamos alrededor de cuatro mil millones de seres humanos. Hoy somos el doble y se espera que nuestra especie se siga reproduciendo a un ritmo preocupante antes de que concluya el presente siglo. En fin, aquellos comentarios me parecían en aquel tiempo estremecedores y sumamente preocupantes.

Ahora, que todavía no cumplimos el primer cuarto del siglo XXI, las situaciones que actualmente vivimos han rebasado aquellos pronósticos y las expectativas son francamente alarmantes, aunque ya desde las mismas últimas décadas de la anterior centuria se han venido cumpliendo paulatinamente, solo que ahora se han exacerbado y hemos sido testigos directa o indirectamente de la aparición de otros graves problemas de orden social y por ende de salud pública: olas cada vez más frecuentes y dramáticas de migrantes, inseguridad, violencia, drogadicción, alcoholismo, tabaquismo, accidentes viales, mortalidad y víctimas de hechos violentos, suicidios, pandemias de enfermedades infecciosas con elevada letalidad, creciente incremento de los padecimientos crónicos y degenerativos, enfermedades mentales con la depresión casi en el primer lugar, disolución prematura de los matrimonios con la consiguiente desintegración familiar, alarmante desaparición paulatina de los llamados valores universales, modificaciones en el tradicional paradigma de la relación conyugal, confrontación social en relación a temas éticos como el aborto y la despenalización de la marihuana, los efectos negativos del modelo de comunicación actual por el uso de la tecnología digital <celulares, internet>y la expresión real de una juventud hedonista y sin Dios. A todo lo anterior hay que agregar la realidad del cambio climático y sus devastadores efectos, los conflictos bélicos que han sucedido entre las últimas décadas del siglo pasado y lo que llevamos del actual, entre países vecinos y al interior de no pocas naciones por situaciones que han tenido como eje impulsor la lucha por el poder, que ha llevado a mantener por décadas a los más crueles tiranos, así como el peligro de otra gran conflagración mundial cuya génesis podría ser la actual invasión de Rusia a Ucrania. Es verdad que la humanidad avanzó a pasos agigantados a partir de la Revolución Industrial hasta la fecha, pero hoy nuestra sociedad a nivel mundial parece que vive en un caos. ¿Esa va a ser nuestra lamentable herencia? ¿Esa problemática es irreversible? ¿Podremos contribuir a evitarlo? ¿Cómo?

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