¿En la tercera edad y está sano?

 El pasado septiembre cumplí 74 años, con lo que he superado con mucho la esperanza de vida calculada en el momento en que nací; ignoro cuántos de los contemporáneos de mi generación se quedaron en el camino, considerándome un privilegiado de haber llegado hasta aquí; actualmente el promedio de vida al nacimiento para los hombres en la región de las Américas es de 76.7 años y en México de 70.9 al mes de septiembre del 2022 <Indicadores básicos de OPS>; pero en nuestro país en el 2018 fue de 72.2 y en Oaxaca 73.9 (INEGI).

No soy un hombre que presuma de haber sido sano toda la vida; de niño fui muy enfermizo; a los diez años me fue practicada amigdalectomía por ciclos frecuentes de faringoamigdalitis; siendo un adulto permanecí hospitalizado diez días por un cuadro infeccioso mal tratado; más adelante mi historial médico incluye la prostatectomía, pero antes estuve a punto de morir a los 60 años por una severísima septicemia lo que me llevó a permanecer internado otra decena de días; en el ínterin salí ileso, de milagro, de varios accidentes de vehículos de motor, uno de ellos en un autobús foráneo de pasajeros al retornar de la Ciudad de México y los demás en el transcurso de comisiones de trabajo, y por último padecí Covid-19 en la primera semana del 2022 a pesar de recibir el esquema de vacunación de dos dosis del biológico Pfizer y dos dosis de refuerzo de AstraZéneca; la gravedad de dicho cuadro me llevó a un nuevo internamiento por una semana en el Hospital Regional Presidente Juárez del ISSSTE y otra semana en casa. Debo decir que de súbito dejé de fumar a los 28 años y pasé a ser un bebedor ocasional casi en calidad de abstemio, alrededor de los 30 años de edad. Desde entonces, con frecuencia comencé a llevar un estricto control médico, hasta hace poco. Fui paciente durante varios años del servicio de Medicina Interna del Instituto Nacional de Nutrición y Ciencias Médicas Salvador Zubirán debido a un trastorno hereditario del metabolismo de los lípidos y cada dos años asistí a un chequeo médico en el Hospital Médica Sur en el entonces Distrito Federal.

De cualquier manera hasta el 2014 me sentía muy bien, <tenía 66 años>, mantuve mi plan de entrenamiento físico los siete días de la semana, corría un promedio de cinco a diez kilómetros y lo completaba con el uso de una decena de aparatos físicos; sin embargo, no me preocupe por cuidar mi alimentación, lo que me llevó a permanecer los últimos años por arriba del peso ideal para mi sexo y estatura, llegando a oscilar entre los 75 y 80 kilogramos, debiendo pesar idealmente alrededor de 70. Creyendo erróneamente que era suficiente con el ejercicio físico resulta que me sorprendí cuando por primera vez se me detectó hipertensión arterial a fines del año señalado, pero no me atendí de inmediato. En enero del 2015 tuve una amenaza de infarto y entonces sí sonaron las alarmas; el cardiólogo que desde entonces me controla me confirmó el diagnóstico de hipertensión arterial y un bloqueo anterior aurículo-ventricular, pero ello no ha sido impedimento para continuar con mi programa de ejercicio físico.

Actualmente ya no corro, solo camino vigorosamente 45 minutos y troto despacio otros 15; calculo que en total son cinco kilómetros todos los días. No me preocupo que me pasen la mayoría de los que asisten a mi “pista de entrenamiento”, algún día era todo lo contrario; en realidad mi velocidad ha mermado considerablemente, y aunque no padezco diabetes, además de tener, ahora sí, una alimentación saludable, he procurado últimamente mantener un peso cercano a los 70 kilogramos; de todos modos ya son obvios los efectos de la vejez en mi piel, no escucho bien y sufro de tinnitus. Aunque uso lentes por miopía creo ver bien sin ellos, duermo perfecto y no me duele ninguna articulación. Lo que me sostiene es que no sufro de cefalea, de trastornos digestivos, mantengo una dentadura en buenas condiciones y no padezco de depresión; tal vez sí, de vez en cuando, algún periodo de ansiedad por situaciones de estrés, pero dentro de lo normal.

Así es que cuando me dicen que por mí no han pasado los años, que estoy “igualito”, se los agradezco y me digo “si supieran”. Pero sigo vivo y me siento bien en general. ¿Cuántas personas de mi edad están realmente sanas? Sin duda, el actor Ignacio López Tarso es una excepción a la regla, una rara avis con 98 años encima, y va por más.

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