Con la muerte cerebral se apaga la chispa divina

 Cuando se ha certificado el fallecimiento de un ser humano, es porque prácticamente han cesado las funciones cerebrales. Al morir, en el interior del mesencéfalo se apagan progresivamente, como si fueran pequeñas lucecitas, las 100 mil millones de células nerviosas o neuronas interconectadas en un impresionante entramado que comprende, además, otros millones de tales células fuera del sistema nervioso central. Tengo la impresión de que es el momento en que se escapa el alma del individuo, que se apaga la chispa divina que actúa como un mecanismo eléctrico que lo mantenía con vida, dejando de funcionar en todas las áreas de ambos hemisferios, de tal manera que el asombroso sistema nervioso central sucumbe en la evolución del cadáver en su conjunto hacia el proceso irremediable e irreversible de la putrefacción.

Me he imaginado desde hace muchos años que en el momento que ocurre esa etapa a nivel del encéfalo desaparecen de manera vertiginosa todos los recuerdos acumulados desde la infancia y hasta el último minuto de nuestra vida. Todo se difumina como por arte de magia. A manera de ejemplos se pierden, por así decirlo, los recuerdos de la memoria pasada y reciente como las imágenes de los seres queridos, de las amistades desde la niñez y hasta la edad adulta, los que fallecieron antes que el difunto y los que están vivos al momento de su muerte, las sensaciones táctiles, la gran variedad de olores y sabores, las voces, las imágenes visuales fijas o en movimiento, la trama y actores de cientos de películas y de obras de teatro, el contenido seleccionado de libros, periódicos y revistas, las obras de arte de todo tipo, y los espectáculos musicales, deportivos y de otra naturaleza, así como las tonadas y contenido de tal vez de cientos de melodías, las poesías y pensamientos aprendidos, los paisajes urbanos y rurales, los momentos amargos y felices en soledad, con la pareja, con la familia o con los amigos, el interior de la vivienda y su menaje, todo el conocimiento adquirido en múltiples materias, el historial de enfermedades, los internamientos hospitalarios, las consecuencias de los accidentes sufridos; en síntesis desaparece todo en esa masa encefálica que será objeto del proceso de descomposición hasta desaparecer del cráneo. De acuerdo con Torres Torija (Medicina Legal. Editorial Méndez Oteo), las funciones que se eliminan primero con la muerte son aquellas que se refieren a la vida de relación del organismo en cuestión, y las del sistema nervioso son las primeras en abolirse.

El encéfalo humano de un adulto, en el que se encuentra propiamente el cerebro, tiene un peso aproximado entre 1.4 y 1.5 kilogramos y un volumen en torno a 1,130 cms3 en mujeres y 1,260 cms3 en hombres. La memoria constituye el almacén de información del encéfalo y no solo comprende hechos y actos formalmente aprendidos, pues también se acumula en él información informal, como lo que nos agrada o desagrada, además de lo que se experimenta en hechos emocionalmente relevantes. Es importante hacer énfasis en que no existe en el encéfalo ninguna región exclusiva donde se acumulen y se almacenen todos los recuerdos; para que se estructuren estos como una memoria a corto y largo plazo deben de intervenir diversas estructuras cerebrales que interactúan entre sí con el concurso de los órganos de los sentidos; así los recuerdos se nutren, por así decirlo, de la vista, el olfato, el tacto, el gusto y el oído. Las neuronas están muy especializadas en su estructura, función y forma de unión para su continua comunicación.

El encéfalo es un órgano enormemente complejo e integrado y muchas de las facultades mentales no están controladas por un área, de tal manera que no existe un centro de memoria único, de tal modo que los pensamientos, sentimientos y emociones, la conciencia y la memoria ponen en juego muchas partes del encéfalo. De ahí que de manera categórica el corazón nada tiene que ver con funciones que no le corresponden; dicho órgano cumple con nutrir al encéfalo de la sangre que requiere para que se mantenga permanentemente activo, como sucede con todos nuestros órganos, aparatos y sistemas. La vida y la muerte son un misterio. ¿O no?

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