Dr.Hugo Sarmiento Díaz y el Colegio Médico de Oaxaca

 La noche en que se dieron cita los socios del Colegio Médico de Oaxaca “Dr. Aurelio Valdivieso”, con el fin de participar en el proceso electoral para definir en asamblea formal la nueva mesa directiva de dicha asociación civil, asistí, atendiendo a la convocatoria; en ese entonces tenía 30 años de edad y ocupaba el cargo de jefe del departamento de Atención Materno Infantil y Planificación Familiar en los extintos Servicios Coordinados de Salud Pública en el estado. El acto tuvo lugar en el aula/auditorio del Hospital General que lleva el nombre del insigne médico oaxaqueño. Ocupé un lugar al lado del Dr. Hugo Sarmiento Díaz, a quien había conocido ocho años antes durante mi internado de pregrado en el Hospital General de Zona No. 1 del IMSS “Dr. Demetrio Mayoral Pardo”; resultó que el Dr. Sarmiento fue elegido para ocupar el cargo de presidente del Colegio, y por llevar “mano” en la elección de los demás integrantes de su mesa directiva, cuando se puso en juego la cartera de secretario del interior de súbito se volteó a verme y sin pedir mi opinión, con su clásica sonrisa me propuso para colaborar con él; acepté y fue una gran deferencia para mí de parte suya.

Los otros integrantes de la mesa directiva para el bienio 1979-1980 fueron los Dres. Francisco de Jesús Ramírez Santaella, vicepresidente; Odón Quiroz Arango, secretario del exterior; María Elena Molina Sosa, tesorera; Vicente Aranda Villamayor, vocal primero; Rafael Vasconcelos Peña, vocal segundo y Julieta Gutiérrez Caballero, vocal tercero. Puse todo mi empeño para cumplir con decoro la cartera que me ofreció el Dr. Sarmiento Díaz, por lo que a la correspondencia que emanó en ese tiempo de parte de nuestra asociación civil, traté de imprimirle un sello de distinción y elegancia. Aún conservo todavía algunos ejemplares de los documentos que enviamos a los socios. Haber formado parte de la mesa directiva presidida por el Dr. Sarmiento Díaz fue una muy gratificante experiencia, pues aparte de su extraordinaria capacidad de liderazgo tenía siempre una palabra amable para solicitar las cosas de manera expedita; pero además, disponía de una permanente iniciativa para lograr el éxito en lo que planeaba con nosotros. Logró constituir un magnífico equipo que lo secundó en todo lo que consideró conveniente en beneficio del gremio médico de Oaxaca. Cada mes nos reunimos a cenar en la casa de alguno de los integrantes de la mesa directiva. Cuando me correspondió recibirlos con mi esposa, lo que preparamos agradó a todos los asistentes quienes acudieron con su respectivo cónyuge, constituyéndose en una velada inolvidable, con algún vino de por medio, que se extendió hasta pasada la media noche.

Seguramente que el gremio médico de Oaxaca aún recuerda cada cena-baile que organizamos bajo la batuta del Dr. Sarmiento con motivo del Día del Médico los dos años de nuestra gestión, con el invaluable apoyo de esposas y esposos de los miembros de su mesa directiva. En la de 1979 se otorgaron diplomas a distinguidos médicos oaxaqueños por su participación en el “Programa Proyección Médica a la Comunidad” y un reconocimiento a nueve médicos que cumplieron 25 años de ejercicio profesional. En la de 1980 se desarrolló la cena-baile y la que llamamos “Sesión Literario Musical” en el Salón José Vasconcelos de la ex Ágora de FONAPÁS. Pero tal vez la actividad que dio realce a nuestra mesa directiva fue la organización de la XXIII Semana Quirúrgica Nacional que tuvo lugar en la Ciudad de Oaxaca los días 12 al 16 de agosto de 1980. Resultó ser todo un éxito con el concurso del Dr. Rafael García Carrizosa, oriundo de Santa María Asunción, Tlaxiaco y presidente de la Academia Nacional de Cirugía, de su mesa directiva y de la nuestra, con un Dr. Sarmiento Díaz que no escatimó recursos de su propio peculio y su valioso tiempo, contándose con la intervención de 46 destacados académicos y 19 médicos especialistas de Oaxaca.

La muerte del Dr. Hugo Sarmiento Díaz el pasado 20 de abril me causó un gran impacto. Guardo un recuerdo perenne de tan extraordinario personaje, quien me ofreció su amistad a partir de aquella vez que se fijó en mí para acompañarlo en tan noble misión.

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