Repercusiones de un diagnóstico médico erróneo

Estimados lectores, ¿han vivido la experiencia, por lo menos una vez, de haber visitado un médico por un determinado padecimiento y al final de cuentas resultó ser un soberano fracaso esa consulta, acudiendo a otros facultativos sin encontrar tampoco con ellos la solución a su problema de salud, hasta que hubo uno que sí los sanó? Esta introducción me recordó mi artículo que publicó esta mi casa editorial con el título “El Síndrome de Nidea” (06 de agosto del 2016), en el que expresé: … “lo llegamos a padecer casi todos los médicos durante nuestro ejercicio profesional y consiste en que en algún momento dado llegamos a tener un paciente y al final de cuentas no tenemos “ni idea” de lo que tiene”, y por lo mismo no emitimos un diagnóstico apropiado, ni siquiera nos atrevemos a ofrecer un pronóstico y menos un tratamiento que yugule la enfermedad, lo que puede ser de fatales consecuencias.

Al respecto, mientras que en las escuelas y facultades de medicina los docentes hacen énfasis una y otra vez en la importancia de agotar el protocolo de la clínica antes de solicitar estudios complementarios para sustentar y confirmar el diagnóstico y por ende apoyar el tratamiento, en la realidad no todos los médicos hace uso exhaustivo de aquella valiosísima herramienta. En ese sentido en los expedientes de los pacientes la llamada historia clínica resulta ser un instrumento vital del cual partir para desarrollar una excelente praxis médica. No entraré aquí en detalles acerca de los apartados protocolarios de una historia clínica completa, simplemente sirva su enunciado para afirmar contundentemente que ante una queja o demanda de algún paciente o de sus familiares ante la Comisión Estatal de Arbitraje Médico, ese documento es la mejor defensa para el acusado si está bien estructurado y cumple con los cánones de una adecuada elaboración.

Si un médico parte de ella ha dado el primer gran paso cuando se encuentra por vez primera con su paciente; una exploración física completa, además del conocimiento de los datos somatométricos (índice de masa corporal, talla y peso) y de los signos vitales (presión arterial, pulso, respiración y temperatura corporal), permitirá al médico sustentar un diagnóstico presuncional, temporal, sujeto a comprobación, que puede volverse definitivo con los resultados de estudios complementarios, si se requieren. El problema es que algunos médicos no se apoyan en la historia clínica, por lo que su diagnóstico no pocas veces resulta erróneo y por lo mismo el tratamiento termina siendo un rotundo fracaso, razón por la cual los pacientes afectados por la ineficiencia del médico consultado terminan por no volver con él y ello les conduce inevitablemente a escuchar otra u otras opiniones, y de esa manera desfilar con un médico u otro sin tener la satisfacción de sanar.

Para el paciente que vive una experiencia de ese tipo le resulta sumamente frustrante y muy costosa, pues además del pago de los honorarios, en el caso de la medicina privada, hay que considerar los costos de todos los estudios acumulados ordenados por uno u otro médico consultado y luego la terrible afectación al bolsillo por concepto de medicamentos, obligando esto último a la adquisición de fármacos genéricos o de los llamados similares. El caso es que se vuelve toda una tragedia y un gasto catastrófico que impacta a la economía familiar. Ese es el lado negativo, no ético de la medicina. En mi propia familia hemos tenido varias experiencias de ese tipo. Coloquialmente las personas expresan que un médico así es acertado, pero la verdad es que el acierto en el diagnóstico tiene una firme base científica y al médico que destaca lo sostiene una sólida formación profesional. La mala praxis médica no es ética y causa mucho daño a la sociedad. Esa fue la razón que motivó al Dr. Fidel Herminio López López, especialista en Pediatría, para publicar, con varios colaboradores (uno de ellos el que esto escribe), el libro “Principios de derecho médico”, cuya 2ª edición, del 2018, se dirigió principalmente a los estudiantes de medicina, obra que prácticamente se agotó. Seguro ha sido de utilidad a los colegas que lo adquirieron.

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