¿Qué es la Navidad?

 La palabra Navidad permanece hoy en día, sobre todo en las nuevas generaciones como una expresión de “tiempo de vacaciones”, “la mejor época del año”, “mes para adquirir y obsequiar toda clase de regalos”, “momento para el despilfarro y el derroche”, “ocasión única para participar en toda clase de convivios de orden laboral”, “comer y beber sin pensar en los estragos de sus efectos”, “junto con la celebración del fin de año y la recepción del siguiente para recuperarse económicamente por parte del comercio informal y el de niveles mas elevados como las industrias vitivinícola, de bebidas alcohólicas, restaurantera, de toda clase de artículos cuyas ofertas se ofrecen en las tiendas departamentales”, etc. En realidad, una sola palabra motiva todo un gran movimiento de la humanidad durante el mes de diciembre y principios de enero: Navidad.

Se ha desvirtuado por completo el verdadero significado de esa expresión el que pasa a segundo termino o de plano no tiene ningún sentido entenderla y aplicarla en cada hogar del mundo, pero si se reconoce su existencia en los términos entrecomillados. Para quienes nacimos alrededor de la mitad del siglo pasado sentimos una gran nostalgia por esa celebración. Navidad es ahora la oportunidad para adquirir toda clase de bienes, para cenar en algún restaurante, generalmente en hoteles de lujo los que de manera muy anticipada anuncian que quienes asistan a la velada del 24 de diciembre gozarán de todo lo que ofrecen como bebidas alcohólicas, cena de 5 y 6 tiempos, música en vivo, estacionamiento gratis, admisión sin descorche, toda clase de bocadillos previos a la cena, ¡y todavía más!, la cortesía de mas alimentos y bebidas a quienes lo deseen; el chiste es “gozar de la vida” en una gran comilitona nocturna.

La clasificación en clases sociales, quiérase o no, revela las grandes disparidades entre las familias humildes y las mas poderosas económicamente; entre las que no van a celebrar la Navidad con una cena y los que gastan a manos llenas. Los primeros por lo menos colocarán en su hogar un modesto nacimiento y los segundos el más “moderno” árbol de Navidad con luces y toda clase de adornos de última generación, pero sin las figuras clásicas de la Sagrada Familia, pastores, animales domésticos y reyes magos; algunos pudientes mas por presunción que por otra cosa, colocan su nacimiento con figuras hasta de tamaño natural fabricadas con los materiales mas caros, pero esto es cada vez menos observado; pero eso sí, en los hogares cuyo poder económico lo permite abundan los adornos más fastuosos en interiores y exteriores de su casa habitación.

Los que fuimos inducidos por una tradición adquirida por nuestros padres y abuelos y antepasados, tuvimos la dicha de disfrutar del maravilloso relato de la religión cristiana acerca de un gran acontecimiento sucedido una noche en el pueblo de Belem hace más de dos mil años cuando el matrimonio de la Virgen María y su esposo José se vieron en la necesidad de utilizar un pesebre, para que ocurriera ahí el nacimiento de su hijo Jesús; supimos que ello ocurrió porque tuvieron que trasladarse desde la ciudad de Nazaret para el registro de censo de población implantado por el imperio romano. Todos los hechos alrededor de ese momento llenaron nuestra imaginación hasta la fecha.

Tal vez y cada vez mas no se reproduce en el seno de los hogares todo lo que si aprendimos de niños; supongo que el prodigio de la resurrección de Jesucristo se ha concebido como un dogma por no tener forma de demostrarlo científicamente, por lo que la creencia de ese milagro no es fácilmente aceptada por generaciones cada vez con un mayor mundo de conocimientos.

El rumbo que ha tomado la humanidad acerca de la Navidad prácticamente es imposible de modificarla; sobrevivirá mientras en los hogares siga prevaleciendo de padres a hijos y de abuelos a nietos, pero un hecho que no variará es que la especie humana no cambiará esa expresión tan bella que sobrevivirá de alguna manera para señalar que un portentoso acontecimiento de hace más de dos milenios tiene tal impacto y todo gracias al nacimiento de Jesucristo. A pesar de la creación y comercialización del llamado Santa Claus.

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