Basura, problema pendiente. Los tiraderos de basura a lo largo del Río Atoyac a su paso por nuestra ciudad, un problema de salud ambiental.


A mediados  de la semana anterior, luego de una entrevista programada con un directivo del Instituto Tecnológico de Oaxaca, decidí regresar a mi destino por la carretera lateral que bordea al Río Atoyac y que pasa a un lado de la Central de Abasto de la ciudad, continué mi camino por el trayecto que conduce a la Colonia Reforma Agraria y finalmente salí a la Avenida Símbolos Patrios, a nivel de su intersección con la Avenida Universidad. Desde que abordé mi automóvil encendí la radio; en ese momento se transmitía una entrevista de Sergio Sarmiento con una importante servidora pública del gobierno del Distrito Federal, la cual daba a conocer alguna información, relacionada con la necesidad de posponer el cierre definitivo del relleno sanitario del Bordo Poniente, por más tiempo que el autorizado por la Semarnat.

Después de la entrevista, Sarmiento entró en comunicación con el Químico Alberto Guerra, ambientalista de reconocido prestigio, quien expresó no estar de acuerdo con la idea de aplazar por más tiempo un problema que de suyo es muy grave y del cual ya se tienen estudios técnicos desde hace varios años, los que han recomendado la cancelación del mencionado relleno; la realidad es que gobiernos van y gobiernos vienen y no han tomado la esperada decisión.

Al tiempo que escuchaba con atención los diversos comentarios, a mi vista iba contemplando hacia mi derecha, el insultante paisaje formado por cúmulos de basura de diversos tipos de desechos, con predominio de cientos de bolsas y envases de plástico, los que prácticamente no desaparecieron nunca de mi vista a lo largo de todo el camino que recorrí. Pero no es nada más la basura la que ofrece un espectáculo deprimente, es todo lo que constituye el ambiente en esa parte de la ciudad. De pronto pensé, ¿será una misión imposible adecentar todo el bordo del Río Atoyac, a su paso por nuestra ciudad?; se trata, no sólo de eliminar y controlar la basura, pues el objetivo debiera ir más allá de estas acciones. La visión urbanística debe prever la transformación del área no para unos cuantos años, ha de ser una obra de trascendencia y que produzca en los habitantes de los núcleos urbanos que ahí se asientan, una gran motivación, bienestar, seguridad y que dé la certeza de prosperidad.

Aquí vale la pena recordar el pensamiento de Héctor Castillo Berthier, cuando expresa que “Quizás todas las sociedades merecen ser juzgadas por su basura…” (“El Problema de la basura en la ciudad de México”. José Ángel Mora Reyes. Abril 2004). La palabra basura, sugiere suciedad, falta de higiene, mal olor, desagrado a la vista, contaminación, fecalismo, turbiedad e impureza (Deffis; 1994:17-39).
En las ciudades la basura significa un grave problema como producto de la elevada densidad poblacional. México ocupó en el año 2000 el 10º. lugar en el mundo, en la lista de los países generadores de basura, con cerca de 31 millones de toneladas al año (84 mil cada día; de éstas, 57 mil toneladas quedan abandonadas a cielo abierto). Por regiones, la zona centro del país, incluido el DF, genera 62% del total de los residuos. Actualmente en este último se producen cada día 12 mil toneladas de basura, 50% más que hace una década. Tan solo su Central de Abasto produce 850 toneladas, 250 más que lo que se produce en el municipio de Oaxaca de Juárez. El DF dispone de tres plantas de selección y aprovechamiento, una de ellas es, además, relleno sanitario, el de Bordo Poniente, inaugurado en julio de 1994, ahora motivo del citado conflicto.

El problema de la basura representa un enorme desafío; menudo paquete cuando se trata de una herencia ancestral que rebasa con facilidad expectativas y presupuestos.  A lo que menos podemos aspirar los que habitamos esta ciudad, es que se mantengan limpios los espacios aludidos; seguro estoy que en el programa de trabajo de las autoridades correspondientes, ya se tiene contemplado atacar a fondo este problema de salud pública durante su gestión; el pueblo habrá de reconocer y apreciar semejante esfuerzo.

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