Hábitos básicos. Lavarse las manos antes de ingerir alimentos no es tan solo un buen hábito, es una excelente conducta para evitar la enfermedad.

En una ocasión, el propietario de un restaurante de cierto prestigio en esta ciudad, me comentó que estaba satisfecho porque había cumplido con todos los requerimientos que unos días antes le fueron notificados por la dependencia responsable de vigilar la calidad sanitaria en la entidad. 

Efectivamente, el acta que requisitaron los verificadores sanitarios comisionados para realizar la visita a su giro, registró algunas deficiencias que finalmente repercutían en el manejo higiénico de los alimentos, dando como resultado que las muestras que se tomaron a los mismos registraron datos positivos a contaminación por microorganismos patógenos, cuyo mecanismo de transmisión es el clásico ciclo ano-mano-boca, lo cual quiere decir que, seguramente uno o más de los trabajadores de la cocina en el citado restaurante no estaban cumpliendo adecuadamente con las normas básicas de higiene personal.

Tal desacato le costó al restaurante la aplicación de una suspensión temporal y para ello le fueron colocados varios sellos en sitios estratégicos, de tal manera que desde ese momento permanecieron cerradas las puertas al público y únicamente se dejó libre un acceso para que por ahí pudieran entrar y salir el dueño y sus trabajadores, o aquellas otras personas que tuviera a fin contratar, para realizar alguna reparación a las instalaciones. Si bien las pérdidas económicas que tuvo dicho negocio fueron de consideración por los días que se mantuvo cerrado, sin embargo, el mismo propietario me confesó que salió ganando, porque se le convenció que la cocina era una “bomba de tiempo” para su restaurante, pues el grado de contaminación de los alimentos ya era una grave amenaza para sus clientes.

Mucho tiempo después de lo que he comentado, volví al restaurante en carácter de cliente y coincidí con su propietario, quien al reconocerme se acercó y luego de saludarme afectuosamente recordó aquella suspensión de que fue objeto; expresó que nunca olvidaría tal experiencia y que desde entonces ha dado tanta importancia al aseguramiento del manejo higiénico de los alimentos, que por acatar las normatividad su giro obtuvo  el famoso y prestigiado Distintivo H, que se otorga a quienes cumplen con un estricto control de calidad.

A pesar de que se promueve el lavado de manos entre los clientes, me dijo, generalmente los comensales nunca hacen el menor intento por cumplir con una norma de higiene personal que es básica. Yo tengo clientes, expresó, que son profesionistas, incluso médicos, pero también aquí vienen a desayunar, comer o cenar empresarios, políticos y ejecutivos de diversas empresas, y es raro que se levanten para ir al baño y no podemos vigilar si cumplen con su aseo personal. Si alguien dijera que se enfermó en mi restaurante ya no es nuestra culpa, terminó diciendo.

De lo anterior es fácil deducir, que si bien es cierto que un elevado porcentaje de la población con un nivel básico de educación escolar, sabe que para sentarse a comer debe lavarse las manos previamente con abundante agua y jabón, además de conservar las uñas recortadas al ras, en la realidad son contadas las personas que lo hacen invariablemente; esto último significa la culminación del aprendizaje al modificarse una conducta inapropiada.

Todavía más, es frecuente observar a las personas que apenas arriban a un giro como el que nos ocupa y se encuentran con conocidos o amistades, inmediatamente saludan de mano a una o más de las que se encuentran alrededor de la mesa, cuando lo correcto es el saludo oral, acompañado de alguna otra expresión de afecto.

Si quien saluda lo hace a sabiendas de que padece en ese momento de una infección respiratoria aguda, con estornudos y secreción nasal frecuentes, la situación es aún peor, y si además se atreve, como lo he visto todos estos días del invierno, a saludar de beso, ¿Qué cree usted que va a suceder? Cierto, habrá contagiado a otra persona más para seguir la trágica cadena epidémica.
Por salud pública hay que educarnos.

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