¡Halitosis? ¡Uf! Si las personas, cuando conversan con usted se alejan o se voltean hacia otro lado, cuidado, puede ser mal aliento.
Lo que voy a comentar en esta
ocasión tiene su trascendencia, porque el problema al que me voy a referir
afecta a más del 50% de la población en el mundo; se trata de la halitosis o
mal aliento.
Resulta que como miles de
personas que acude cada día a las tiendas de autoservicio, una mañana me dirigí
a una de estas últimas; al hacer fila para liquidar mi cuenta, de repente llegó
hasta mí un olor muy desagradable, al que se identifica popularmente como “a
perro muerto”; delante de mí solo estaba una persona y no era ella la causante
de semejante agresión al olfato, pero cuando estuve frente de la cajera y me
saludó con el “buenos días”, realmente, como por instinto, de inmediato cambié
la posición de mi cara hacia otro lado, por su repugnante y ofensivo aliento.
Lo bueno fue que el trámite de pago se agilizó por lo poco que adquirí y pronto
dejé atrás ese incidente.
El problema del mal aliento
afecta a las personas de todos los estratos sociales, sin distinción; lo mismo
a una cajera como la que me cobró en el “súper” que a un alto ejecutivo de
empresa pública o privada. Quien padece de mal aliento difícilmente lo puede
percibir, debido a que las fibras sensitivas del nervio olfatorio, localizadas
en la parte superior de la nariz, se acostumbran a los olores, por eso no es sino
hasta que alguna persona se atreve a comentarlo, cuando nos damos cuenta de la
gravedad del asunto.
Hace muchos años, una mañana me mandó llamar el jefe del
departamento donde prestaba mis servicios, para darme algunas indicaciones;
cuando ya me levantaba de la silla para cumplir con el encargo, me pidió que me
quedara otro momento, fue entonces que me recomendó que acudiera con un
odontólogo porque mi aliento dejaba mucho que desear, yo sentí bastante
vergüenza e incluso la piel de mi cara cambió súbitamente de color; agradecí su
consejo y me di la media vuelta de inmediato. Por supuesto que ese mismo día
pedí una cita con un dentista, quien corrigió el problema.
El mal aliento es causado
generalmente por un inapropiado aseo bucal; provoca rechazo social y una severa
inseguridad cuando reconocemos su presencia, impidiéndonos relacionarnos con
los demás. Puede ser fugaz, pasajero, crónico o permanente, dependiendo de la
causa que lo origina; las causas pueden ser locales o sistémicas, pero en más
del 90% ocurre en la cavidad oral,
cuando después de comer, los restos de los alimentos se incrustan entre los
dientes y entran en descomposición, produciendo diversos gases que pueden
llegar a ser muy fétidos.
El mal aliento no es
hereditario y de manera general puede tener su origen en padecimientos que
afectan a los dientes y las encías y en menor medida al árbol traqueobronquial
y vías respiratorias altas y al aparato digestivo, por procesos psicosomáticos
y también por sequedad de la boca por efecto de diversos medicamentos, por
beber poca agua, roncar, respirar a través de la boca y por edad avanzada al
disminuir la producción de saliva.
El consumo de determinados
alimentos y líquidos también produce mal aliento, por ejemplo comer cebolla,
ajo, pescado, ciertos condimentos, café, tabaco y bebidas alcohólicas; por
cierto, es un mito el que fumar puede disimular el mal aliento, por el
contrario, hará más aparente el problema.
Es frecuente encontrar
diversas recomendaciones de carácter científico o popular para evitarlo, pero
lo mejor de todo es mantener un cepillado correcto de los dientes y de la
lengua tres veces al día después de cada comida y, de ser posible, antes de
dormir por la noche; además, utilizar el hilo dental antes del cepillado;
cambiar el cepillo por lo menos cada tres meses; realizar gargarismos con
colutorios o enjuagues bucales; las prótesis dentales y puentes removibles
deben ser objeto de limpieza, de acuerdo a las instrucciones del dentista y
visitar a este último cada cuatro o seis meses, a fin de que vigile su salud
bucal.
Por último, si alguien se atreve a decirle que
usted tiene mal aliento, seguramente requiere con urgencia atender tan
desagradable problema.
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