I. Bajar de peso el mejor deseo para el 2009 para millones de mexicanos. Ojala que lo cumplan


Concluimos de alguna manera el 2008 con la cena y el brindis tradicionales. Quizás en un buen número de hogares, de familias pobres y de familias ricas, no faltaron también las 12 uvas y el rosario de buenos propósitos para el año nuevo. La lista de estos últimos no es interminable pero si muy variada, aunque algunos de ellos son harto conocidos porque generalmente ocupan uno de los diez primeros lugares. Me voy a referir en particular a uno solo: … “voy a bajar de peso”, el cual, aún sin campañas públicas como las que tuvieron gran difusión el año pasado, ha venido representando, de manera consistente, uno de los primeros sitios de la tan traída y llevada lista de los buenos deseos.

No es raro observar que para tratar de cumplir con dicho compromiso, en los primeros días de enero los parques, las pistas de atletismo y aún las calles, aparezcan personas de ambos sexos, principalmente jóvenes, y algunos no tanto, que en la mente llevan la firme idea de reducir su sobrepeso u obesidad en el menor tiempo posible. Para ello han vuelto a desempolvar alguna “sudadera”, sus pants y el par de tenis o de plano lucen el ajuar completo, recién adquirido en alguna tienda de artículos deportivos o en alguna de las llamadas tiendas departamentales. La experiencia nos dice que antes de que termine el invierno, la mayoría de los incipientes atletas habrá guardado sus prendas y zapatos para una nueva ocasión; quizás para el próximo enero.
La realidad es que en general los mexicanos no hemos desarrollado una cultura del ejercicio físico diario y permanente, como acontece en las naciones más desarrolladas del mundo, pero además, nuestro estilo de vida y aquí el tipo de alimentación es uno de los ejes más importantes, permite que la cantidad de calorías que incorporamos a nuestro cuerpo cada día, sea superior a las que necesitamos para cumplir con nuestras funciones fisiológicas normales y desarrollar nuestras actividades a plenitud.

Sabemos que alrededor de las dos terceras partes de la población adulta de México tiene algún grado de sobrepeso o de obesidad; sabemos también que aproximadamente la quinta parte de los menores de 15 años de edad, ya presenta estos signos de exceso en la alimentación. Esto quiere decir, que por su magnitud, el tema que nos ocupa es un grave problema de salud pública.
Lo delicado de esta situación es que día con día se incrementa el número de personas que en los servicios de atención médica se les detecta Hipertensión arterial y Diabetes mellitus. Como sucede con casi todas las enfermedades llamadas crónico degenerativas, los síntomas o molestias, y los signos que observa el médico, aparecen tras un largo periodo en que se van incubando, por así decirlo, las manifestaciones de daño a órganos, aparatos y sistemas; es decir, el proceso es silencioso la mayoría de las veces, por ello a la Hipertensión se le ha denominado con justa razón como “el asesino silencioso”.

¿Qué les espera en el futuro a quienes hoy dicen sentirse bien con sus kilitos de más?; la realidad es que es muy sombrío el panorama si no adoptan desde ahora un cambio radical en su conducta alimentaria y en sus estilos de vida.
¿Qué tan vulnerable es el problema? Lo es, en la medida en que sepamos reconocer que, con los kilos de más, estamos en la antesala de sufrir daños a nuestra salud que pueden ser irreversibles; pero el paso siguiente es el de modificar nuestra conducta alimentaria, eliminar el sedentarismo, realizar todos los días por lo menos 30 minutos de caminata vigorosa, incluidos los domingos y días festivos; si médicamente no existe objeción, se puede hacer el intento de trotar 15 a 30 minutos por lo menos, como complemento. Lo principal es crear una disciplina permanente y para el resto de nuestros días.

El buen deseo de bajar de peso debe constituirse en un verdadero compromiso, en un gran desafío; para lograrlo hay que tener fe y perseverancia. Sólo así “gastaremos” el uniforme deportivo hasta que se acabe para volver a adquirir otro, y otro, y otro, por nuestro bien y el de nuestras familias.

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