Primera Semana Nacional de Salud. A propósito de la Primera Semana Nacional de Salud 2009.
Según “El Reglamento
Sanitario Internacional 2005”, las acusaciones infundadas o falsos rumores,
constituyen una de la amenazas para la salud pública en el siglo XXI, tal como
lo señala la Organización Mundial de la Salud en su Informe Anual 2007. Uno de
esos falsos rumores se produjo en Nigeria en el año 2003, cuando se extendió
como reguero de pólvora, la falsa idea de que con la aplicación de la vacuna
contra la Poliomielitis, se estaba esterilizando a los niños de ese país
africano.
Dicho acto perverso ocasionó
un extenso brote de esta enfermedad, el cual trajo como consecuencia, que miles
de niños vivieran la tragedia de quedar paralíticos. De Nigeria, se propagó la
epidemia a 19 países libres de la enfermedad, pero además, la diseminación
mundial del Poliovirus a partir de un control insuficiente desde esa
región, en el periodo 2003-2005, se
convirtió en una señal de alarma, que puso de relieve el riesgo de que la
enfermedad resurja después de su erradicación.
En Oaxaca, también vivimos
una experiencia parecida, pero al inicio de la década de los años 70´s, como lo
informa la ilustre Enfermera en Salud Pública Pilar Sánchez Villavicencio, en
su excelente ponencia: “De las campañas masivas a la vacunación permanente”,
presentada durante la celebración del XL Aniversario de la entonces Secretaría
de Salubridad y Asistencia, en octubre de 1983.
La Enfermera menciona que en una de las fases de la campaña de
vacunación, surgió en la costa oaxaqueña, en los límites con el estado de
Guerrero, el rumor, por personas de mala fe, que el objetivo era matar a los
niños con las vacunas; en una segunda ocasión, el rumor se modificó cuando se
aplicaba la vacuna BCG contra la Tuberculosis; esta vez, la versión fue de que
ciertos vacunadores trataban de esterilizar a los menores de edad.
En el primer caso, los
maestros, en una actitud patriótica y de solidaridad, dieron una muestra
de amplio criterio, al llevar a sus
hijos a los puestos de vacunación, para que fueran los primeros en recibir los
nobles biológicos. Por el segundo rumor, ocurrieron brotes de violencia y de
franca agresión para el personal vacunador, que trataba de realizar su trabajo
en las localidades rurales visitando a cada familia en su propia casa. Hubo situaciones
en las que en la entrada a las localidades, las autoridades y vecinos
obstruyeron el camino para intimidar al personal. En mi carácter de supervisor
de la campaña de vacunación, viví en carne propia el desprecio de los
habitantes para este tipo de acciones, cuando, después de colocar el puesto
para aplicar las vacunas, en algún corredor de los palacios o agencias
municipales, la población entera procedía a encerrarse en sus hogares, dándonos
la impresión de que no había nadie.
De acuerdo a los registros
estadísticos disponibles, antes de las campañas masivas de vacunación infantil,
la mortalidad general era muy elevada, a costa, fundamentalmente del
extraordinario número de defunciones en menores de 15 años de edad, llegando a
representar más del 50% del total, como se observó todavía en el año de 1972.
Al volumen de estas defunciones, el
Sarampión y la Tosferina, juntos, constituían casi el 25% del total; por ello,
ocupaban una de las tres primeras causas de la mortalidad, afectando sobre todo
a los preescolares (niños de 1 a 4 años de edad). En ese entonces, era casi
“normal” que se registrara un promedio de 2,000 defunciones anuales por
Sarampión y 1000 por Tosferina. Otros padecimientos como la Tuberculosis, la
Difteria y el Tétanos, también contribuyeron a mantener elevada la mortalidad
infantil y por ende, la mortalidad general.
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