¿Faltan médicos en México?

Una de las primeras declaraciones del Dr. Salvador Carrera García, quien recién resultó electo Director de la Facultad de Medicina y Cirugía de la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca y a quien no tengo el gusto de conocer (Diario Despertar de Oaxaca, 17 de mayo del 2009, pág. 8), fue la siguiente: “Necesitamos un mayor número de doctores para abatir las demandas de la población. No creo que exista una saturación de estos profesionistas”.

Bien vale la pena que el Dr. Carrera se entere de que una de las recomendaciones del Consejo Mexicano para la Acreditación de la Educación Médica (COMAEM) es reducir la matrícula de las más de 80 Facultades y Escuelas del país, con el objetivo de mejorar la calidad de la enseñanza y con ello formar médicos generales de excelencia, comprometidos con la visión y misión que actualmente enarbolan la totalidad de los planteles en sus respectivas Universidades.

Además, su declaración contrasta con la reciente convocatoria  de la propia UABJO, publicada en los diarios locales, en la que aparece como límite para inscripción en su Facultad de Medicina y Cirugía la cantidad de 200 alumnos de nuevo ingreso. Cifra que se antoja aceptable si la comparamos con la matrícula de hace algunos años, cuando los grupos se formaban por más de 50 alumnos, cantidad totalmente inapropiada para una enseñanza de calidad.
Precisamente una de las principales decisiones de la administración del Dr. Miguel Ángel Reyes Franco, cuando dirigió los destinos de la Facultad al inicio del presente siglo, fue la de reducir paulatinamente la matrícula de nuevo ingreso, lo cual significó que posteriormente, durante la gestión que concluye el Dr. Alejandro Gómez Díaz, fuera uno de los criterios o indicadores vitales para lograr la acreditación por un periodo de cinco años ante el COMAEM.

Este resultado ha permitido que nuestro estado se haya sumado a los que ya tienen una Facultad de Medicina acreditada, cuyos beneficios son fundamentalmente para los alumnos y para la planta de profesores. En ese sentido, hay que aquilatar la dimensión de lo conseguido por el Dr. Gómez Díaz y su equipo de colaboradores, pero también es imprescindible que el Dr. Carrera García continúe y mejore lo alcanzado. Si aplica en el terreno de los hechos los buenos propósitos que ha expresado a la comunidad universitaria y a los medios masivos de comunicación, habrá dado un buen paso hacia la excelencia. Su principal reto será sostener la calificación que acredita a la Facultad, pero si mantiene la idea de aumentar el ingreso de nuevos alumnos por arriba de lo deseable, ello significará un rotundo retroceso.

Volviendo al tema de la saturación de alumnos, el pasado 12 de mayo, en el periódico Reforma se publicó un artículo muy interesante, en el que aparecen las diez carreras profesionales cuyos egresados tienen menos posibilidades de empleo y se describen los porcentajes de los que se dedican a otra cosa, muchos de los cuales manifiestan su arrepentimiento por haber estudiado alguna de esas carreras. ¡Qué lastimoso y lamentable para ellos, sus esforzados padres, la sociedad y para nuestro país!

Los padres de familia no podemos sentirnos satisfechos por el hecho de que nuestros hijos nos muestren un título profesional; esa sensación únicamente podrá darse cuando tengan un empleo digno, bien remunerado, permanente y que les permita su desarrollo en todos los sentidos. Como esto es una mera ilusión y una utopía, ante la necesidad económica, los recién egresados mejor optan por sumarse a las filas del comercio ambulante o por conducir un taxi.
Por último, al Dr. Carrera García le voy a obsequiar una copia de mi artículo “La formación de los médicos y su utilización en el área rural”, publicado en Salud Pública de México, Volumen 25, Número 5, septiembre-octubre de 1983, en el que abordo el tema de la entonces sobrepoblación de médicos y el riesgo de continuar así hacia el año 2000. Espero, con respeto, que ilustre y modifique su criterio para bien de la Facultad, deseándole que su periodo sea pleno de éxitos.

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