El médico lo es hasta que tiene en sus manos su título y cédula profesional.


La semana que acaba de transcurrir,  aparecieron en las páginas de sociales de los diarios de circulación local, algunas notas con sus respectivas fotografías, en las que se destacaba la feliz graduación de algunos jóvenes, principalmente del sexo femenino, con el agregado de que ya eran nuevos profesionistas, particularmente de la medicina. Al lado de sus padres, hermanos y amistades celebraban tan importante acontecimiento; sin embargo, es conveniente aclararle a los amables lectores que quienes fueron el centro de tales festejos, todavía no concluyen dicha carrera profesional y que apenas van a iniciar su internado de pregrado, en alguno de los hospitales de segundo nivel de la entidad o de los estados con los que las Universidades mantienen convenios de colaboración. Posiblemente dos o tres lo harán en un centro hospitalario de tercer nivel en el Distrito Federal por su elevado promedio de calificaciones, como es el caso del prestigiado Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición “Salvador Zubirán”.

El año de internado es el primer contacto que tiene el recién egresado de una Escuela o Facultad de Medicina con la realidad, porque ya no asistirá a las clases teórico prácticas que se imparten en las aulas, invariablemente durante los cinco años que dura la carrera en la mayoría de los aproximadamente 80 planteles públicos y privados de este tipo en la República Mexicana. En Facultades de Medicina como la de la UNAM, la relación alumno-aula solo dura tres años, pues los siguientes dos, los futuros médicos son rotados en nosocomios de segundo y tercer nivel, y en sus aulas reciben las materias del área clínica por especialistas adscritos a tales hospitales. Esto no quiere decir que la práctica esté garantizada, pero los alumnos disponen de más oportunidades para lograr dicho objetivo curricular y de algún modo comienzan a vivir la experiencia de moverse en los espacios hospitalarios, de conocer la organización y funcionamiento de sus múltiples servicios, de su equipamiento y a ver como algo común el continuo flujo de pacientes y de sus familiares, así como el ir y venir de los trabajadores de la salud. Además, los especialistas médicos que fungen como profesores tienen a la mano a pacientes, resultados de laboratorio, anatomía patológica, imagenología y de otro tipo de estudios de apoyo al diagnóstico y tratamiento, como complemento enriquecedor de la enseñanza, de lo cual carecen las Facultades y Escuelas cuyos alumnos no tienen acceso a la red de hospitales locales.

Durante el Internado de Pregrado existe un programa específico de enseñanza, pero los alumnos se incorporan desde el primer día, previo curso introductorio, a múltiples actividades de acuerdo al servicio al que son asignados; generalmente rotarán por medicina interna, cirugía, pediatría, traumatología, urgencias y especialidades. Durante el turno matutino tendrán múltiples actividades en hospitalización, consulta externa, quirófano, etc., y cada tercer noche realizarán guardias con carácter obligatorio en el piso donde estén asignados; la guardia termina a las 7:00 horas de la mañana siguiente, pero los internos, luego del necesario desayuno, continúan sus actividades matutinas y solo irán a descansar hasta después de la hora de la comida. Así transcurrirá un año, de tal modo que al término del Internado los alumnos habrán fortalecido conocimientos y adquirido habilidades y destrezas; habrán ganado una gran experiencia clínica y también en los valores universales de la medicina.

El siguiente paso será la realización del Servicio Social Profesional, el cual dura también un año. El destino será generalmente una localidad del área rural; casi siempre contará con el apoyo de una enfermera general de base. Antes de que concluya el año podrá haber presentado su examen profesional y con el título y su cédula profesional en sus manos ahora sí es un nuevo Médico o Médica, podrá ejercer la medicina general o aspirar a realizar una especialidad, pero para ello deberá aprobar el examen nacional de residencias médicas y luego incorporarse a un hospital certificado de dos a cinco años más. Esa es la realidad.

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